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Resistencia a los antimicrobianos: Conductas que dañan, apuros que condenan

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Datos del autor
Autor: 

Yetel Ricaño Noguera

País: 
Cuba
Tipo de medio: 
Internet
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Resistencia a los antimicrobianos
Conductas que dañan, apuros que condenan

En una sociedad de acceso gratuito y factible a los servicios de salud, la posibilidad de pedir, iniciar e interrumpir un tratamiento para volverlo a empezar, provoca a veces demasiada confianza entre sus miembros, gastos y riesgos de una mortalidad innecesaria.

Tiene pus, demasiado pus. La garganta de aquel hombre que llegó a la residencia de los médicos cubanos apenas muestra forma de garganta. Dentro alberga un “horror” –aprecia el galeno que le atiende. Fuera, el cuello inflamado, el cuerpo caliente, en exceso caliente, y un aliento de espanto, molesto, febril.

Es Haití, año 2000, y mi colega Esnilda Romero reporta sobre la ayuda médica de Cuba a ese pueblo. Un clínico -ella no recuerda nombres-, le habla de un señor que llega con una avanzada infección en la garganta y le pide de favor y de inmediato le implora, sin esperar respuesta, que lo ayude, que no tiene dinero y siente que infaustamente muere.

El Hospital Universitario de Puerto Príncipe está muy cerca y no se puede, no se debe, dar consulta fuera del hospital, pero lo hace. “Venga, abra la boca” le dice y tiene pus, demasiado pus.

¿Cómo camina, cómo habla siquiera? El propio médico no se responde. De su botiquín personal extrae un antibiótico y le explica que no puede dejar de tomarlo y que debe hacerlo en las horas y dosis que él indica. El hombre asiente. El hombre no conoce por dentro un hospital. El hombre solo sabe que los cubanos, esos que vienen de lejos, aunque falte el dinero no se niegan.

Tras dos días, los mismos pasos vuelven, fuertes, en compañía de una bicicleta. Es el agradecimiento por la cura del doctor, quien apenas puede creer que sea la misma persona ayer moribunda y solo acepta las gracias. ¿Un antibiótico le ha salvado? Literalmente sí. Mas en verdad, irónicamente, su propia pobreza le amparó la vida. Lo que en realidad hizo el portento fue el no haberlos probado –a los antibióticos- jamás.

¿Y quienes los prueban demasiado?

Resistencia a los antimicrobianos ¿de qué se trata?

La alerta ya fue dada. Ayer nos jactábamos de tener remedio para la tuberculosis, la neumonía, las enfermedades diarreicas, y hoy ya no estamos tan seguros. Los antimicrobianos (los antibióticos integran este grupo junto a los antiparasitarios, antivirales y antimicóticos) pierden su efectividad.

Son medicamentos utilizados para tratar procesos infecciosos que causan bacterias, hongos, virus y otros agentes. ….Microbios, demasiado pequeños, demasiado invisibles para preocuparnos por ellos con el ajetreo diario -hay científicos y médicos para eso ¿cierto?-, pero demasiado dañinos cuando dejamos la puerta abierta.

Y está abierta, la puerta. Las personas toman antimicrobianos cuando no los necesitan, no cumplen con el tratamiento que se les receta y abusan de su uso, conscientemente o no. Dentro, los microorganismos luchan por sobrevivir, resisten, y los que lo logran mutan, se replican, trasmiten genes resistentes. Una nueva infección y el medicamento que antes los lapidaba ahora es ineficaz.

¿Solución? Recurrir a otro fármaco, si existe, mientras la enfermedad se prolonga, se acentúa y nos lleva, a veces, hasta la muerte. No queremos infecciones incurables, pero ese es un deseo que no podremos dejar solo a las instituciones y a la legislación de los gobiernos. Como individuos, juntos, casi como consigna, tendremos que actuar.                                                                     

Acaparamiento y preferencias

Con los duros años de la década del ‘90 del pasado siglo, la etapa más severa del llamado “Periodo Especial” – Cuba se vio sin el apoyo del antiguo Campo Socialista y agobiada por la intensificación del bloqueo económico comercial de Estados Unidos-, los isleños reforzaron cuanto pudieron su botiquín médico familiar.

Ahora ya es costumbre encontrar en gavetas del cuarto o en la puerta del refrigerador de muchas casas, montones de medicamentos por si una emergencia, un dolor, una molestia, porque sobró de un tratamiento anterior y así no habrá que ir a la farmacia a comprarlo en el futuro.

“La población de nosotros sabe mucho de medicamentos, se automedica mucho, más que nada con las Penicilinas, que son muy peligrosas porque las reacciones son muy fuertes. La Amoxicilina la ven en la farmacia y eso es como la Dipirona.”- nos dice la Dra. Sorangel Ortiz Rodríguez, Vicedirectora de asistencia médica del policlínico Piti Fajardo, el más céntrico de la ciudad de Las Tunas, a unos 690 km de La Habana.

Y la Dipirona vuela. Abastecen una farmacia y a los dos días ni rastro. Solo el montón de recetas almacenadas y, en caja, el dinero recaudado. Aquí, la venta de antibacterianos es por prescripción médica con impresión diagnóstica y la receta solo es válida por siete días. Es una forma de control.

Prejuicios y no seguimiento al paciente

Eliza Ramírez tiene 50 años y el rastro de un ciclo de tres días de Amoxicilina en su organismo. Una gripe pretendió afectarla, pero ella no tiene tiempo para gripes. A su hermana, doctora, le pidió una receta para comprarla y dijo que no, que no era necesario el antibiótico. Dio media vuelta, le habló a alguien más, y alguien más se la dio. Porque para Eliza, para sus prejuicios y su hipocondría, sí era necesario.

“Es común que el paciente incluso explicándole, tomándose un tiempo para que esté bien atendido y conozca que no lleva antibióticos si no es bacteriana (su afección), no quede complacido porque tiene la costumbre de abusar.”- asegura el Dr. Ulises Rodríguez Martínez, jefe de cuerpo de guardia del policlínico Piti Fajardo.- “Al pasar el tiempo, con el abuso de antibióticos se va creando resistencia y hay que usar otros nuevos, de otras generaciones, más costosos e, incluso, más dañinos para la salud.”

Un cuerpo de guardia de urgencia no hace seguimiento del paciente. Quienes allí acuden deben ir luego al Médico de la Familia en las comunidades para que lleve de cerca, de la mano, su dolencia. En Cuba según un estudio de la Oficina Nacional de Estadística, año 2009, hay 150 habitantes por médico y unos 74 mil 880 doctores en total.

Pero no todos los pacientes van al consultorio familiar. Prefieren, a veces, acudir a urgencias porque es más cerca, más rápido o porque, por uno u otro motivo, el médico comunitario puede no estar. Allí, en urgencias, no hace falta historia clínica, no le conocen, hay más premura a la hora de atender – por la cola- y hasta se puede exagerar o evitar un regaño.

“Te encuentras al paciente que llega con un tratamiento hecho por su cuenta. Incluso, era hasta sensible en el urocultivo, y, al cabo del tiempo, te das cuenta de que es resistente a ese mismo antibiótico. Eso es muy común.”- Lo sabe el Dr. Ulises, como también conoce de los excesos en la facultad prescriptiva de algunos colegas de profesión. Es un tópico que no descarta.

Conductas de riesgo: autotratamientos

A Marina Ricardo, el Ácido Nalidíxico le funcionó una vez. De hecho, le fue muy bien luego del tratamiento que le pusiera el médico. Ahora, cuando cree tener infección en los riñones, ella misma se diagnostica y hace un ciclo en casa. En ocasiones, toma solo uno, un día, para sentir que mejora. Y mejora según ella, aunque a veces tarda.

Sucede parecido con Elina Cruz. Su esposo, toma Naproxeno -que no es antimicrobiano- para el dolor, y ella como sufre dolores en la espalda ahora lo toma también sin consultar a un galeno. Ocurre con muchísimos medicamentos en cientos de casos.

Son conductas de riesgo. “Una me vez me asentó”, “él toma frecuentemente, también lo haré”, “fulana dice que es buenísimo”, y con unas cuantas frases similares nos justificamos y automedicamos siguiendo el tratamiento de otras personas, de otras épocas y hasta de propia inspiración.

Desconocimiento

Sentada, en una oficina junto a una colega (25 años), le pregunto de su experiencia con algún antimicrobiano, por ejemplo un antibiótico. Y eso -la experiencia-, la suelen relacionar casi siempre con reacciones adversas, no con el uso.

“Háblame del uso”-. Y me cuenta que recién terminó de tomar Eritromicina, para el interior. El médico le dijo que durante siete días, pero solo tomó durante cinco. Ya se siente bien y, ¿la verdad?, no le gusta tomar pastillas.

“Es peligroso no terminar el régimen”- le digo. “Si no los matas del todo, a los microorganismos, les das tiempo de mutar, adaptarse, y los haces más resistentes.” Me mira fijo, con cara de susto, cambia la mirada como interiorizando y suelta: “Ay, Yetel, ya me siento con cargo de conciencia.”

Ella no sabía, pero no es la única. Un tratamiento incompleto es un trabajo a medias. Se trata de una entidad viva que pretendemos aniquilar mientras ella lucha por vivir. Y en una batalla incompleta los sobrevivientes pueden quedar maltrechos, pero con el tiempo se recuperan, cambian defensas, y la estructura deja de ser la misma para la se diseñó el fármaco.

Algunas personas, simplemente, saben que tomar antibióticos es peligroso, pero no tienen idea de por qué. ¿Cuáles medicamentos integran a los antimicrobianos? Varios y la gente los conoce pero no los asocia. Podría dejársele el trabajo a las instituciones médicas y de farmacia, mas no es suficiente. La prensa local no habla mucho del tema, la nacional lo toca de vez en cuando.

En Cuba aún el fenómeno no se sale de sus límites. En cambio, otras partes del mundo ya se alarman. Reemerge la tuberculosis con fuerza y es solo un ejemplo. Mas si no se educa en prevenir, no se aprende.

La preparación de los médicos ¿Falla?

1996. La Red Nacional de Fármaco Epidemiología hace su aparición en la isla. Estudian los usos de medicamentos y enseñan a seleccionarlos en base a cuatro pilares fundamentales: eficacia, seguridad, conveniencia y coste. Ya los médicos en su formación de pregrado traen un año de farmacología. Y en postgrado, durante los planes de residencia, aprenden también sobre selección de antimicrobianos.

El Dr. Ulises enfatiza que: “Uno debe dedicar un tiempo a la auto preparación porque los medicamentos, igual que los tratamientos, cambian, hay que actualizarlos.” -¿Falta bibliografía?- pregunto. “Sí, hay deficiencias de bibliografía. Un ejemplo: en la farmacia han sacado algunos medicamentos nuevos, por ejemplo Vimang, que es un medicamento del mango, y sin embargo uno pregunta por el prospecto y ¿…?”

Riesgos de una pobre autopreparación

¿Qué sucede cuando la autopreparación se espacia?
Arraigan fuertes hábitos de prescripción. Los médicos se confían de los conocimientos que tienen, se casan con un fármaco y lo usan, lo usan y usan hasta que pierde efectividad.

“Últimamente se están prescribiendo mucho los antibióticos, generalmente, Ampicillin, Amoxicilina, Azitromicina, el Ciprofloxacino, que es uno de los que más ha tenido salida” nos dice la Especialista Principal de la Farmacia Cuartelón en Las Tunas, Maria Esther Pargas.

Mas adelante, en la Farmacia Principal Municipal conocida como ‘Parque Maceo’, Danielis Silva, la Jefa de Almacén, asegura que de Ciprofloxacino venden de mil 500 a mil 600 tabletas cada mes en esa unidad. La población del municipio Las Tunas solo llega a unos 200 mil habitantes. “También sale mucho el Metronidazol en tabletas, el Mebendazol, la Amoxicilina y la Azitromicina,”- afirma.

Otro riesgo es la prescripción de medicamentos sin evidencias de infección. Adis Otaño sintió molestias en la garganta luego de muchos años sin una infección en ella. De niña eran frecuentes, y una recaída ahora podía ser peligrosa le dijo el médico.

Adis no tiene rojas las amígdalas, ni siguiera inflamadas, pero en los hoyitos que tienen muestra una “cosa amarilla de mal olor” que a veces expulsa y la molestia se le quita. El tratamiento, preventivo: Penicilina Rapilenta por siete días. No pudo terminarlo. Luego de cada inyección la debilidad en las piernas era inmensa. Ahora se saca los "taquitos" con enjuague.

¿Prescripción de dosis inadecuadas (por defecto o exceso)? Un error que, a veces, podría pagarse caro. Danay Machado, Directora de la Farmacia Principal Municipal afirma que allí: “Se recogen las cosas que hacen mal los médicos en cuanto a diagnóstico y cantidades. Por ejemplo, la prescripción excesiva de algún medicamento.”

“Hacen abuso, cada vez que sale uno, ellos se casan con ese medicamento. Por ejemplo, el Ceflox (Ciprofloxacino), deben ser 30 tabletas y ellos ponen 50 o 60 en una receta, pero en realidad nada más admitimos 30. Eso se anota en la libreta de incidencias, se toman los datos del médico, la unidad asistencial y la incidencia.”

Servicios médicos garantizados ¿causa también?

En Cuba, los fármacos epidemiólogos estudian los problemas de salud que afectan a una población, las pautas de prescripción de los facultativos y las costumbres y hábitos de consumo. Uno de ellos es el Dr. Pedro Barceló Escalona, con 16 años de experiencia, quien trabaja en el policlínico Gustavo Aldereguía de Las Tunas.

“Los patrones de comportamiento de la población cubana en el consumo, no solo de los antimicrobianos, sino de un gran número de medicamentos están dados por la factibilidad y accesibilidad a los servicios médicos.”- me dice.

Acá, la atención es gratuita, las pruebas de diagnóstico no se cobran y los medicamentos solo se pagan en las farmacias a precios subsidiados por el Estado. Si ingresas en un hospital los fármacos te salen gratis y, los de hospital, siempre son los más costosos.

El Dr. Barceló advierte además que “los médicos prescriben muchas veces lo que el paciente les solicita” y que existe “la falsa creencia de que algún antimicrobiano va a resolver un problema de salud sin tener en cuenta la evaluación del método clínico”.

Y el futuro ¿será?

¿Las armas terapéuticas contra las infecciones nos abandonan o las tiramos nosotros?
Barceló es categórico: “Después de que se hayan agotado los recursos terapéuticos nos vamos a ver en dificultades para crear nuevos fármacos que logren controlar estas enfermedades o erradicarlas porque son fármacos muy costosos y no es fácil el descubrimiento de una nueva molécula. Además el tiempo que media entre el descubrimiento de una molécula hasta que el fármaco salga al comercio es…”

Es inmenso. Tan inmenso que juega con el minuto que marca la diferencia entre la vida y la muerte.

Cuando creí que terminaba este trabajo me llega otra historia. La madre de Liset Rodríguez tenía diarrea. “Dos Sulfaprín para una primera dosis y dos para la segunda” le recomienda una amiga. No estaba segura, pero… tenía diarrea. “En el nombre de Dios”- dijo la hija, dijo también una católica presente, lo pensó la señora y los tomó. Amaneció bien.

Y salió el sol.

Solo que para algunos, como para esta periodista que escribe, el sol se esconde a veces. En septiembre del 2010, a las 12 del mediodía de un jueves, en la sala de Terapia Intermedia del Hospital General Docente Ernesto Guevara de Las Tunas, una doctora le anuncia que su abuelita de 87 años falleció de neumonía.

Las bacterias, en los hospitales, a esa edad y con enfermos tan débiles, son súper bacterias y poco hacen, incluso, los antibióticos de última generación. Allí la resistencia es agresiva. Pero eso lo sé después.

En aquel instante, mientras queda el cuerpo en pie y el alma a ras de suelo, llega la respuesta de la doctora, como susurro, como culpable, como algo obvio, a la única pregunta que logro articular "¿pero de qué?"
-“Ella tenía una bacteria”.
E inmóvil, atontada, una no entiende, sencillamente, no entiende.

*Los nombres de las personas que dieron su testimonio para el presente trabajo, fueron cambiados a solicitud de los propios protagonistas.

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