Discurso tecnológico, cambio y ciencias sociales.




Por Gabriel Paz.


Introducción.

Este trabajo pretende llevar adelante una reflexión acerca de las modificaciones producidas en los lazos y las relaciones sociales a partir del desarrollo y la introducción de tecnologías relacionadas con la informática y las comunicaciones, como así también indagar en relación a las estrategias posibles para pensar estos procesos. Se trata entonces, de prestar fundamental atención a la emergencia de formas subjetivas que se han originado a partir de la irrupción de lo que Castells denomina la era de la información. Con esto estoy pensando en los cambios en las formas de pensar, de percibir y de actuar de los sujetos, a partir de las posibilidades "brindadas" por estas tecnologías.


Se abren aquí varias cuestiones que creo conveniente dejar establecidas antes de comenzar con el análisis. Por un lado, en qué medida esas modificaciones introducidas por las tecnologías informática y en comunicaciones han dado lugar a la producción de una subjetividad radicalmente nueva de la que podríamos rastrear hasta los años ´80. Aquí me parece pertinente aludir al texto de Cafassi sobre los posneologismos, y a partir de allí plantear una pregunta que me parece fundamental para comprender y significar la contemporaneidad que nos toca: cuál es la herramienta o el parámetro apropiado para medir los cambios en términos de su radicalidad, o solo atender a ellos como mutaciones que no alteran, en si, lo esencial de la estructura principal. Este es un problema que con mucho excede la polémica sobre modernidad - posmodernidad (que será retomada en otra parte del texto) y que pone en el centro de la cuestión el marco teórico desde el cual las Ciencias Sociales evalúan los cambios. La tesis que este trabajo pretende llevar adelante, es que las Ciencias Sociales han quedado atravesadas en una lógica, en un efecto de discurso, que daremos en llamar: tecnológico o informacional. La relación que se establece entre este discurso y las Ciencias Sociales, es que éstas pasan a funcionar como citas de autoridad que lo legitiman y que lo refuerzan en la lógica específica que inscribe.Esa lógica es la del cambio permanente. Su efecto específico es instituir una realidad en cambio permanente y continuo y la producción de una subjetividad que pueda leer esa lógica. La tesis plantea entonces que las Ciencias Sociales han quedado tomadas también por este efecto y que no han podido construir un discurso autónomo que haga evidente esas operaciones, que las haga visibles en vez de ratificarlas y legitimarlas.


Este trabajo no se propone una descripción del discurso informacional, y de sus operaciones, sino de lo que considera que le es específico: La lógica del cambio permanente. Y de un plano a partir del cual realiza sus operaciones: lo cuantitativo. El cambio se relaciona siempre con la cantidad. Lo cualitativo tiene un lugar relegado. Más rápido, a más gente, más barato, etc. Se puede proponer la existencia de un valor implícito de lo cuantitativo. Lo más rápido es preferible a lo más lento. Lo mucho a lo poco. Lo barato a lo caro. Lo más a lo menos. Se conforma una circularidad tautológica autosustentada en la que los elementos cualitativos no tienen pertinencia.


La atención de este trabajo va a estar puesta entonces en los cambios cualitativos, en los cambios que no son registrados por la cuenta que establece el discurso informacional. Es decir, aquellas modificaciones que no se integran a la lógica precedente, que producen por ello, una ruptura de discurso. De modo que no se trata de pensar en los cambios de la estructura ( de esa cuenta), sino más bien en los cambios que están por fuera de ella. Radicalmente por fuera.De acuerdo a la tesis, si existen estos cambios radicales, las herramientas teóricas con las que contamos son inoperantes para detectarlos, porque esas herramientas están tomadas por la misma lógica del discurso informacional, por su misma cuenta.La estrategia elegida para valorar los cambios por fuera de su relación a los efectos cuantitativos producidos, es ponerlos en coherencia con la generación y emergencia de universos de sentido completamente nuevos, aunque, y por esto mismo, estén muy lejos de ser hegemónicos.


Aunque sea avanzar un poco, me parece importante explicitar, para la comprensión de lo que sigue, algunas de las conclusiones: efectivamente se produce un cambio radical en la subjetividad. Ese cambio puede ubicarse en la década del 80, y para el cual la introducción de esas tecnologías tiene un papel fundamental. Pero, el momento actual, no es de cambio permanente sino de consolidación de esa lógica. Desde la perspectiva que se introduce aquí, el momento actual no es de "revolución", sino de consolidación de la lógica instaurada.


De modo tal que si ha habido un cambio cualitativo en la subjetividad de los individuos, cuáles son entonces las características del universo discursivo inaugurado, y del tipo subjetivo producido. Y, a partir de la consolidación de ese nuevo universo de sentido, qué posibilidades hay de vincular a las nuevas tecnologías con la posibilidad de un cambio social que esté por fuera de la institucionalización de la lógica presente. De una "revolución" luego de una "revolución".


Hay otra dimensión de problemas que están ligados a la tensión entre lo universal y lo particular. Es decir, si la implementación de estas tecnologías es a escala mundial, como bien plantea Castells, se produce con características particulares de acuerdo a la comunidad de la que se trate. En este trabajo voy a estar muy atento a la articulación de esa dinámica global con la realidad argentina actual. También pido se tome en cuenta, junto con lo dicho anteriormente, que algunas partes del análisis tienen carácter tendencial, es decir, que los elementos puestos en juego tienen un carácter incipiente, y que aludir a ellos es importante para entender su lógica aunque no sean los preponderantes, ni se suponga que alguna vez lo sean.


Dónde ubicar el cambio.

Las nuevas tecnologías producen una cantidad incesantes de modificaciones de todo tipo : cada vez más gente conectada a internet, a una señal satelital de televisión o de telefonía, el intercambio incesante de información, y así la lista puede hacerse casi infinita.Pero todos estos ¨cambios¨ responden a una misma discursividad. Se encuentran dentro de lo que podríamos denominar discurso tecnológico o discurso informacional. Son parte de lo que Castells llama : ¨revolución informacional¨. Y que como toda revolución, tiene un momento de ruptura que luego es seguido por un proceso de consolidación, de institucionalización. La idea que sostiene este trabajo, es que los cambios a los que asistimos forman parte del proceso de consolidación del discurso tecnológico. Es decir. Por un lado implican fuertes cambios en las relaciones sociales, pero por otro, forman parte de una misma lógica, de la consolidación de un discurso y de un sujeto en particular. Desde mi punto de vista, si percibimos el proceso como una revolución, cosa que será discutida más adelante, estaríamos en el momento de su institucionalización y desde aquí deben ser evaluados los procesos.


Es decir, y esto puede ser a modo de tesis : las modificaciones de las que somos testigos responden a la expansión de un mismo universo de discurso. Son parte de su dinámica de consolidación. No se trata de cambios hacia otra cosa, sino de cambios que permitan integrar cada vez y de una manera más articulada a la mayor cantidad de sujetos en la percepción y en las prácticas de ese universo de sentido. Cuál es ese universo de sentido?: el que instaura la cuenta por uno de la cantidad. El que instaura la lógica del cambio permanente.


Todo discurso produce una subjetividad que es capaz de reconocerlo en sus marcas simbólicas, en el universo de sentido que produce. Todo discurso que es efectivo en sus operaciones, conforma una subjetividad que es capaz de habitarlo. Que es capaz de habitar sus condiciones.Todo discurso hace visible todo menos sus propias condiciones de inscripción.El efecto subjetivo específico que produce el discurso informacional, es el de inscribir la impresión de un mundo en permanente modificación. El efecto es el de vivir en un mundo inestable, donde todo es efímero, donde todo se altera. Lo invariante, y aquí está puesta la lectura específica que proponemos, es la lógica misma. Todo se modifica menos la lógica del discurso.


Desde esta perspectiva que para el año tal haya un 200% más de personas conectadas a internet, es en gran medida un dato cuantitativo, no remite a un cambio de discurso. Esto no implica desconocer la influencia que la expansión de la red origina, sino que es un intento por salir del par en el que quedan atrapados la mayoría de los autores entre militantes o escépticos de las nuevas tecnologías. Lo que trato de hacer, es desmontar el efecto del discurso informacional que nos ubica en una dinámica incesante y colocar el cambio en una dimensión cualitativa. Y, paradójicamente, percibir esos cambios como parte del ¨conservadurismo informacional¨. Porque más allá de las alteraciones reales e innegables que se han producido a nivel tecnológico y su influencia en la vida social, la percepción que tenemos de ellos no está cerrada, sino que tiene que ver con los efectos del propio discurso tecnológico.


Voy a tratar de dar un ejemplo a ver si se entiende mejor lo que quiero decir. Cuando miramos televisión por cable en la cual hay 64 canales, pero sería lo mismo con 1234, la sensación es que llega un momento en el cual por más que aumentemos la cantidad de canales no aumentamos la cantidad de posibilidades. Que los canales comienzan a ser variaciones sobre lo mismo. No hay nada nuevo : películas, escritorio, plantas, música, etc, son el repertorio de la discursividad televisiva. Uno puede contratar Direct TV, pero no por eso tendrá algo cualitativamente nuevo. Solo se consigue tener mayores variantes, 120 creo, sobre la invariante que es el discurso de los Mass Media.


Muchos autores ven en el aumento de las variantes, en la construcción permanente de "nuevos" nichos de consumo, donde cada televidente puede elegir "individualmente" que prefiere ver en cada momento, como un factor que implica modificaciones fundamentales tanto en los procesos mismos como en la subjetividad implicada. Para nosotros estos "cambios" no contradicen en nada la lógica del discurso informacional, sino que son su ratificación. La cuenta por uno del discurso ha encontrado un nuevo punto de aplicación. Se trata de una operación compleja en la cual, en el mismo movimiento en que se produce una fragmentación, en que sale un nuevo elemento al mercado, una nueva posibilidad de consumo, una nueva cuenta, lo que se ratifica para la subjetividad es la lógica del consumo mismo, de lo efímero, del valor de lo cuantitativo. Porque el funcionamiento de esta lógica requiere de su fragmentación permanente. La estabilidad es su muerte.


Los cambios introducidos por las nuevas tecnologías han estructurado un discurso cuyos ¨cambios¨ no son más que variaciones sobre una invariante.La pregunta que se presenta aquí es por las características de esta nueva subjetividad informacional, y al menos tendencial y especulativamente, indagar en sus posibilidades de cambio.


Sobre la idea de revolución.

Hay algo que llama poderosamente la atención y es el término de revolución informacional. Parece que estamos en un momento de cambios estructurales, de cambios que no remiten solo a la modificación de la coyuntura sino a la alteración radical de las formas en las cuales vivíamos. Pero esto se presenta sin un sujeto que dirija ese cambio. Lo que está negado en esta revolución es la perspectiva de un sujeto social que conflictivamente y mediante la lucha haya conseguido imponer una serie de cambios trascendentes. Detrás de esta revolución no hay nadie, o si se quiere, lo que encontramos es un impersonal como la tecnología, la informática o las comunicaciones. Paradójicamente el Siglo XXI nos retrotrae a un momento que la modernidad había resuelto, y esto es, que la dinámica social era producto de la intervención y de las decisiones humanas. Esto parece que se ha perdido. Estamos en un momento en que los cambios aparecen como hechos de la naturaleza. Tienen una dinámica que se nos escapa en su comprensión y sólo nos queda escuchar a Bill Gates, que es el encargado de anunciar que es lo que el futuro nos deparará.Tal vez es cierto en este sentido que hemos llegado al fin de la historia. Hemos perdido la capacidad de pensar el futuro como algo abierto, algo a ser construido. Nos hemos convertido en objetos mas que en sujetos históricos.


Es interesante el planteo en el texto de Cafassi sobre los neologismos. Pareciera que esta es la única revolución que no establece simbólicamente un corte con el momento histórico que la precedió. Y esto es porque no hay un sujeto revolucionario. Se advierten los cambios pero no hay a quién atribuirlos. No hay quién tome la palabra. De modo que la discusión sobre modernidad- posmodernidad no pasa de ser una discusión interna del campo de la teoría social o de la filosofía, que queda como pura polémica, sin inscripción real.


Esto obliga a repensar si el concepto de revolución es un concepto apropiado para el análisis del momento que nos toca transitar. La idea que voy a sostener es que ese término es una parte fundamental del discurso tecnológico. Es él mismo el que se presenta como revolucionario. Como un momento inédito, de ruptura abrupta con respecto a cualquier período histórico anterior. Y es aquí donde me parece importante plantear la cuestión. Es decir, tratar de ubicarme en un lugar distinto al de la polémica entre Perry Anderson y Berman, que no excede el de una discusión interior al campo teórico y preguntarse entonces por los efectos subjetivos de un discurso que se presenta a si mismo como revolucionario. Como permanentemente revolucionario. Un discurso que plantea el cambio permanente como parte de su propia lógica. Un discurso que en apariencia se vive desestabilizando a si mismo, pero como ya vimos, y no hay que confundirse en este punto, traslada los cambios a una dimensión que no desarticula sus elementos específicos. La idea de cambio permanente, de renovación incesante es uno de esos elementos.De modo que es la pregunta acerca de los efectos subjetivos que produce vivir un momento que se instala como revolucionario, la que voy a tener permanentemente presente.


En lo que hace a la cuestión teórica, me parece que ese término no es del todo apropiado para entender la dinámica del proceso, dado que no hay un sujeto real a quien atribuir estos cambios, a quién atribuir una revolución que se diluye en la globalidad. Retomar el término me parece que es reproducir, ideológicamente si se quiere, al discurso tecnológico. Es operar en su mismo sentido. Es montarse en sus representaciones en vez de desinstalarlas.


La posición paradójica del sujeto frente a esta revolución que no conduce ni entiende, es la misma que sostiene el estado frente a la economía globalizada : el fin de la política, como articuladora de los proyectos y de las posiciones en pugna. El estado solo puede aspirar a ser un buen administrador frente a las coyunturas que ya no maneja ni puede predecir. La economía se ha convertido entonces en el territorio de los fenómenos naturales, impredecibles, inevitables, y por sobre todo : inexorables. No hay posibilidad de hacer otra cosa que no sea capear el temporal.


La desarticulación del estado ha generado un tipo subjetivo subsumido por la circunstancia. Se ha puesto fin al discurso político y solo hay lugar para los militantes de lo real, de lo evidente, de lo indiscutible, de lo que sólo es dato.Estamos en una revolución, pero hemos perdido toda la experiencia subjetiva de ese momento.La tecnología, como la economía, aparece como el territorio privilegiado de los técnicos. De aquellos que son especialistas en la reproducción y el mejoramiento de las técnicas, pero que son incapaces de brindar un sentido a sus acciones mas allá del éxito o de la eficacia de sus métodos. El sentido queda acotado a los esquemas de la técnica : a más, mejor, más rápido, más barato. No hay un sentido trascendente que articule esos operadores. Esta dimensión técnica es la dimensión por excelencia desde la que el discurso informacional mide los cambios,las revoluciones tecnológicas,El estado, proveedor otrora del universo de sentido organizador de la realidad, ha quedado totalmente absorbido por esta.Lo llamativo de esta ¨revolución¨ es que es una ¨revolución¨ sin sentido. No hay ninguna institución social que halla ocupado ese lugar, que pueda dar a los acontecimientos un sentido histórico y no el carácter de hechos naturales.


Por otra parte, los ideales introducidos por el discurso tecnológico a la hora de dar algún sentido a los cambios que vivimos, están totalmente desplazados hacia el campo de la técnica. Podríamos decir que son ideales técnicos : la posibilidad de resolver satisfactoriamente problemas que atañen a situaciones específicas.Nada nos queda de la experiencia de la trascendencia, de la historia, de las utopías, ahora limitadas solo a resolver lo existente.


Lo que se desprende de lo anterior y que me resulta de una gran importancia es que hay dos fenómenos operando juntos. Por un lado, la disolución del estado. Y esto no solo en lo que hace a las operaciones que como institución concreta puede llevar a cabo en el plano de la política, de la economía, o de la cultura. Sino por su disolución como un operador de la dimensión simbólica. El estado se ha diluido como el agente que determina un orden simbólico. Toda una estructura de signos, de símbolos, de representaciones, de ideas, de discursos han caído junto con el estado.


Por otro, vemos la consolidación del discurso tecnológico. Este junto con el discurso económico se presenta como supra humano. Desplaza en sus operaciones toda idea de imposición de un poder, porque no hay quién lo ejerza. No somos sometidos en definitiva por nadie, sino más bien por una lógica. Por la lógica de la técnica que en definitiva no deja de querer para nosotros lo mejor. Lo que nos haga, más eficientes, más sanos, más productivos.Se pueden ver aquí con claridad las diferencias entre la subjetividad moderna y la que podríamos llamar subjetividad informacional.


El estado implica un ordenamiento particular de las partes del cual él se ubica como ordenador. Es el que dispone un orden simbólico específico del que emerge su figura específica: el ciudadano. La lógica propia de esta subjetividad es la que establece la conexión causal entre los hechos. La que dispone de una temporalidad lineal, en la cual la historia juega un papel fundamental, en el que el pasado es necesario para la comprensión del presente.Una subjetividad para la cual la voluntad individual es la que forja el mundo.Esta subjetividad ciudadana fue profundamente alterada y eso va a ser análisis del punto siguiente.


Una aclaración. Si bien no es el objetivo del trabajo indagar en el porqué de la disolución del estado, o de la pérdida de potencia de inscripción simbólica, quiero plantear en este sentido que no se trata de un proceso homogéneo a nivel global. Que los niveles de disolución del estado argentino no se pueden comparar con los de países en apariencia más afectados por la globalización. Como por ejemplo los estados europeos. Esto me parece obliga a revisar una serie de ideas en las que se ponen en coherencia bastante lineal ambos procesos.


Desde mi punto de vista, los cambios tecnológicos no hubiesen producido una modificación radical de la subjetividad ciudadana, si no fuese porque el estado perdió el poder de significarlos, de imponerles un sentido, un orden.


Subjetividad informacional.

Lo primero que produce un discurso es una forma subjetiva que lo reconozca como tal. Que lo reconozca como verdadero, como el parámetro a partir del cual ordenar la realidad. Un discurso para consolidarse como tal debe ser efectivo en la producción de esa subjetividad que le sea ¨fiel¨. El propósito de este apartado y del trabajo en sí, es indagar en esa forma subjetiva. Dar aunque no sea más que a modo de esbozo, las características principales de la subjetividad que surge como efecto de la operación del discurso tecnológico.


Para comenzar me gustaría establecer una diferencia con respecto al planteo de Castell. Él ve en las formas subjetivas actuales un repliegue hacia identidades más ¨arcaicas¨ relacionadas con la etnia, con la nacionalidad, con el género. Como un proceso contradictorio y contrapuesto al proceso de globalización. Me gustaría traer aquí un párrafo de Alain Baiou, de su libro San Pablo: " la lógica capitalista del equivalente general y la lógica identitaria y cultural de las comunidades o de las minorías forman un conjunto articulado. (...) !qué devenir inagotable para las inversiones mercantiles el surgimiento en forma de comunidad reivindicativa y de pretendida singularidad cultural, de las mujeres, de los homosexuales, de los minusválidos, de los árabes. Y la combinación infinita de rasgos predicativos, !qué ganga¡."


Badiou borra la paradoja, hace desaparecer la contradicción y permite remitirnos al efecto del discurso. En lo aparentemente contradictorio y conflictivo se reconoce una coherencia y una complementariedad.Yo no voy a negar estos procesos identitarios, pero desde mi punto de vista no constituyen lo específico del tipo subjetivo que surge del proceso que estamos analizando. Como ya se dijo en un principio mi intención no es analizar lo hegemónico sino lo nuevo.Desde este punto de vista, el elemento específico de esta nueva subjetividad que podemos llamar informacional, es la fragmentación de la identidad ciudadana. Esta se disgrega en partes inconexas. En partes dispersas que no encuentran un sentido que las reúna salvo la cuenta que establece el discurso tecnológico que inscribe esa subjetividad. La fragmentación es un efecto de las operaciones de este discurso. La fragmentación es una necesidad para que este discurso no se agote.


A diferencia de la subjetividad ciudadana, la subjetividad informacional debe soportar la idea y la percepción de un mundo en cambio incesante. Se inaugura un registro temporal en el cual las tradiciones, que han sido importantes para la historia humana hasta hace muy poco, carecen de importancia para la significación del presente.Me gustaría poner como ejemplo de esta nueva subjetividad, una película argentina reciente : Silvia Prieto. Que para mí resultó ser una película paradigmática.En ella la identidad de los personajes está completamente disgregada. Ser algo es pura contingencia. El hecho de vivir, de hacer determinadas cosas no pasa de ser una mera casualidad. No hay nada que articule esos pedazos dispersos. Es una identidad que es pura pulsión. Puro presente. No hay pasado, no hay historia. Y el futuro se extiende al momento en que la pulsión ha quedado satisfecha.


En palabras de Berman, las experiencias del yo superan a las identidades constituídas. Pero yo agregaría que son experiencias inconexas. No son experiencias que pueden ser reunidas en un conjunto. Que hacen a la totalidad de un vivir. Sino que son experiencias conectadas solo al presente. Solo a la satisfacción momentánea de una pulsión, pero que de por sí no hay nada que las articule.Esta es la misma lógica con la que funciona la sociedad de consumo. Es decir el cambio y las revoluciones pasan por jabones en polvo, por detergentes o por autos. Pero en el mismo momento de la introducción de una revolución ya se la destrona con la introducción de un producto mejor, que no es de extrañar que sea de la misma marca. Desde el punto de vista del consumidor las mercancias se compran, se disfrutan, se usan y son desechadas. Nada se conserva, nada perdura. Todo es reemplazado por algo mejor. Creo que el punto en el que esto puede verse de la manera más clara, es con la estructura comercial vinculada a los productos informáticos. Estos están inmersos en una dinámica en la cual es imposible estar al día. Todo es reemplazado al cabo de poco tiempo. Nada tiene el efecto de ser perdurable. Esto nos introduce en la experiencia del cambio constante. De la necesidad de ponerse al día, de informarse. Pareciera que no hay un punto de estabilización.El Discovery Channel es el lugar donde esto puede verse de manera transparente. La dinámica tecnológica que nos lleva de una meta a la otra y que ya nos adelanta lo que nos espera para los próximos años. Las cosas que vamos a poder hacer y ambicionar. Es aquí donde queda plasmado otro elemento importante del discurso tecnológico : la idea de progreso permanente. La idea de que la tecnología es en definitiva la alternativa a todos los problemas. Y esto es porque en definitiva todos los problemas son reducibles a cuestiones técnicas.


La identidad como consumidores nos disgrega. Nos hace pasar de un objeto a otro, simplemente por el hecho de que es ¨mejor¨, de que es más rápido. Como consumidores pasamos de una experiencia a otra. Experiencias que son reforzadas en su importancia a partir de los medios de comunicación. Nuestra identidad se nos va en ser consumidores de tal o cual cosa. Pero como esto rápidamente debe ser reemplazado, pasamos a desear ser otro objeto, que será gozado y desechado a su vez.


El video clip es otro elemento a partir del cual puede observarse lo que estoy refiriendo. El clip consiste en una serie de imágenes desconectadas entre sí. Cada imagen remite sólo a si misma. Para comprender cada instante no tengo que remitirme al anterior, ni tengo que esperar nada de lo que sigue. Hay como un sentido instantáneo, que dura precisamente eso.Tampoco es posible remitirse a la letra de la canción, ya que la imagen y el texto están desplazados en su desarrollo. No hay articulación entre textualidad e imagen.La pregunta que surge en este momento y que fue planteada al dar comienzo a este trabajo, es en relación a si las nuevas tecnologías ligadas a la informática, en especial internet y el correo electrónico, pueden pensarse como formas de establecer un cambio a esta dinámica, o si por el contrario implican el nacimiento de formas de establecer lazos subjetivos de carácter inédito.


Es interesante que a la experiencia de integrarse a la red se la denomine navegar. Porque lo propio de la navegación es carecer de puntos de referencia específicos. A lo que voy es que la red aparece como una inmensidad sin puntos de referencia. Lo más llamativo de la red es la posibilidad de perderse en la infinitud de puntos que la constituyen. Pero es aquí donde la red reproduce la lógica a la que nos referíamos. Por ella circulan una cantidad infinita de imágenes, de información, de datos, pero lo que falta es un orden. Quiero aclarar que no estoy promulgando la necesidad de uno, ni nada que se le parezca. Simplemente aludo a una de las características más llamativas que tiene la red, y lo hago por la importancia que tiene para el presente trabajo.La red es la forma virtual a partir de la cual la subjetividad puede dispersarse a gusto por un mar que no tiene fin. Que es imposible recorrer en su totalidad.Con esto quiero decir que el éxito de internet se debe a la forma única en la cual interpreta la subjetividad presente. Es un mar en el que podemos disgregarnos pero sin riesgo. No hay negatividad, no hay conflicto.


Creo que el correo implica otra cosa ( y aquí dejo de lado el chat, que tiene más que ver con la red). En primer lugar, un sujeto que escribe. Que por juego o por espíritu profesional vuelca algo propio. Lo vuelca a un otro, a un otro sujeto que se supone en condiciones de reaccionar de alguna forma frente a eso que se despliega en la hoja. Creo que para que el correo exista debe haber un sujeto. Debe haber alguien.Pero también es cierto que en las mesas de discusión muchas veces se hace necesario un moderador, es decir alguien que establezca un orden. Que establezca parámetros que deben ser respetados y que de alguna forma pongan fin al dispersión.Creo de todas maneras que el correo, por lo dicho antes, no va a pasar de ser una parte minoritaria de las conexiones a la red. Por su forma se opone a la dispersión subjetiva, y de alguna forma a la lógica de las nuevas tecnologías de la comunicación .


Conclusión.

A modo de cierre del trabajo me gustaría reseñar algunos puntos que considero importantes y que han sido la motivación de este trabajo.


Creo que somos testigos del momento de surgimiento y de expansión de una subjetividad nueva, diferente a la subjetividad propia del ciudadano.Las nuevas tecnologías, en mi consideración, operan en la inclusión de cada vez mayores porciones de población en la lógica del discurso tecnológico. Operan en el sentido de producir esa subjetividad, y esto nos pone frente al problema de la evaluación de los cambios. Me parece en este sentido, que la palabra revolución elude los elementos específicos y no hace más que montarse en el discurso tecnológico, lo que dificulta su identificación y análisis. Es necesario que las Ciencias Sociales. encuentren un discurso propio que resignifique su lugar actual de citas de autoridad.En este sentido pensar los cambios a nivel del estado y la consecuente alteración de la dimensión simbólica es fundamental para encontrar sentido específico a los procesos que fueron analizados en este trabajo.


Bibliografía.

Anderson, Perry, Modernidad y Revolución , en Nicolás Casullo, El debate odernidad-posmodernidad, Bs.As., El cielo por asalto,1993.


Badiou, Alain, San Pablo, Anthropos, 1999.


Berman, Marshall, Brindis por la Modernidad, en Nicolás Casullo, El debate modernidad-posmodernidad, Bs. As., El cielo por Asalto,1993.


Cafassi, E, Posneologismos , del posmodernismo a la neobarbarie, Bs.As., Sociedad y Utopía, N° 6, 1989.


Campagno, Marcelo, Lewkowicz, Ignacio, La Historia sin Objeto, 1998.


Castells, Manuel, El Surgimiento de la Sociedad de Redes, Blackwell Publishers, 1996


Castells, manuel, La era de la información, Economía, Sociedad y Cultura.


Friedman, Georges, El hombre y la técnica, Edi. Ariel, Barcelona, 1970


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