Numero: 
298
Fecha: 
Agosto 23, 2012

 

De: La Iniciativa de Comunicación

Donde la comunicación y los medios son parte esencial del desarrollo social y económico de América Latina

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Este número del Son de Tambora hace parte de nuestra serie especial de análisis. En esta ocasión, publicamos un resumen de la conferencia "El destino de la mariposa" dictada por Juan Camilo Jaramillo López en la Fundación Universitaria Andina (febrero de 2012), con motivo de la celebración del día del periodista. Jaramillo López es comunicador periodista, guionista y director de televisión; autor de textos y ensayos sobre comunicación, novelas, textos teatrales, cuentos infantiles, piezas publicitarias y letras de canciones; consultor en proyectos de comunicación pública y de planeación estratégica de la comunicación y varias veces colaborador del Son de Tambora.

En este artículo Jaramillo López habla sobre la corta vida y la increíble fugacidad de la noticia y las  implicaciones que ese centrarse en la actualidad, en lo efímero, tiene sobre el oficio periodístico. En ese proceso, explora las diferencias entre información (el insumo) y comunicación (el proceso) y la necesidad de que el periodista contribuya a crear sentido, y el sentido existe cuando se genera capacidad de acción. Para Jaramillo "…los medios periodísticos  han devenido en una suerte de trivialización en la que predominan las funciones de informar y entretener y la de orientar no ha logrado madurar…" Pero el verdadero legado del periodista es dejar una mirada, una forma de ver e interpretar la realidad, una manera de entender el mundo que nos tocó vivir.

La serie especial de análisis pretende divulgar opiniones críticas y generar diálogo. Si desea hacer una contribución, comuníquese con Juana Marulanda - jmarulanda@comminit.com - Muchas gracias

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EL DESTINO DE LA MARIPOSA
(Una reflexión sobre la actualidad periodística)

No sé qué tanto se hayan detenido a pensar ustedes en estos verdaderos milagros de la naturaleza que son las mariposas, pero créanme que vale la pena hacerlo. Una vez que ha sido procreada, la mariposa tiene que cumplir un ciclo de vida largo, muy largo, antes de desplegar sus alas y exhibir su increíble perfección. De esta manera, el huevo se convierte en oruga y ésta en crisálida antes de ser capullo, en un proceso que puede durar ocho o nueve meses y hasta un año.

Sin embargo, cuando es adulta y nace, su vida fascinante es extraña y terriblemente fugaz y efímera: algunas  especies viven un día, otras dos o tres semanas, unos pocos meses, de modo que, por lo general, el destino de la mariposa es un larguísimo proceso de maduración, para un instante de brillo y esplendor.

Espero que hayan ligado  la metáfora con el texto de la canción de Curet Alonso y  Héctor Lavoe que utilicé para introducir esta conversación, ese hecho noticioso que no bien ha salido a la calle, cuando, transcurrido apenas un día, ya es periódico de ayer; porque a mí me remite a un problema filosófico bastante complejo en relación con el tiempo, acerca de si el presente existe o si se convierte en acciona pasada inmediatamente sucede.

Esto, aplicado a nuestro oficio, expresa gráficamente que no bien se produce y es difundida, de alguna manera la noticia ya pasó como actualidad.  Y aunque Lavoe, más generoso, le concede el transcurso del día, su dictamen es terrible: sensacional cuando salió en la madrugada, al mediodía ya noticia confirmada y en la tarde materia olvidada.

La metáfora es contundente: ¿cuánto tiempo invierte un comunicador, un periodista, investigando, explorando, preparando, conociendo un tema, antes del día que le concedan titular de primera página, para que después de su publicación la noticia pierda vigencia muy rápidamente, superada por el vórtice vertiginoso de la actualidad que recicla noticias con la misma velocidad que las produce? El suyo, como el de la mariposa, es un destino de esplendor, pero a la vez de vida corta y de increíble fugacidad.

Porque cuando centramos nuestro esfuerzo en la actualidad, y no hay nada más fugaz que la actualidad, inevitablemente terminamos de alguna manera haciendo una apuesta por lo efímero. Y de la solidez, de la mole sumergida del iceberg de nuestro trabajo queda muy poco, porque es inevitable que una noticia, por sorprendente, inesperada o importante que sea, le de paso a la siguiente. El de nuestro trabajo, pues, es el destino de la mariposa.
 
Ahora bien, es evidente que esta es una mirada pesimista. Para exponer la cara optimista de la moneda, quiero citar al maestro Hernán Nichols, ese patriarca de la publicidad que se inventó una incontable cantidad de las ideas publicitarias que hacen parte de la historia de los imaginarios en este país y que alguna vez dijo: "la mariposa es una flor que vuela".

En esta medida la mariposa se eterniza, se trasmuta en belleza, es estética que queda impresa en la memoria y logra derrotar el tiempo. Vence su destino de fragilidad y trasciende a otro nivel intemporal y maravilloso, es una caricia, es luz, la imagen que tenemos de algo sutil.

¿Recuerdan cuando un niño nos pide un beso de mariposa, que es el aleteo de nuestras pestañas sobre su mejilla? Pues bien, el aleteo de la mariposa, sutil y etéreo pero capaz de instalarse en nuestra memoria emotiva, solamente es posible gracias a ese largo y complejo proceso desde la oruga, pasando durante meses por el capullo, hasta llegar a la belleza de la levedad.  Porque la mariposa es el símbolo de la levedad.

El arte de construir mundos posibles

Muchos de ustedes deben conocer una obra de Italo Calvino, traducida al español con el título: «Seis propuestas para el próximo milenio», que fue su texto póstumo en las postrimerías del siglo XX.

En sus propuestas Calvino nos sugiere lo que tendríamos que tener para sobrevivir en este mundo tan complejo que nos tocó vivir de la información y del consumo. La primera es la levedad. Afirma que tendríamos que asomarnos a la nueva era, leves, despojados de todo lastre que nos impida la capacidad de evolucionar, movernos y crecer.

Y recurre a otra metáfora muy bella por su sutileza y capacidad de sugerencia: nos recuerda que, para vencer a la Medusa, Perseo se apoya en lo más sutil y  etéreo que son las nubes y utiliza, para no ser petrificado, el reflejo de su imagen horrible en el espejo de su escudo:

“Para cortar la cabeza de la Medusa sin quedar petrificado, Perseo se apoya en lo más leve que existe: los vientos y las nubes, y dirige la mirada hacia lo que únicamente puede revelársele en una visión indirecta, en una imagen cautiva en un espejo” (1).

Más adelante, concluye: “La fuerza de Perseo está siempre en un rechazo de la visión directa, pero no es un rechazo de la realidad del mundo de los monstruos en el que le ha tocado vivir, una realidad que lleva consigo, que asume como carga personal.”(2)
 
Calvino equipara los vientos y las nubes con el quehacer literario, pero, de cierta manera también con la construcción mediática del mundo contemporáneo como plataforma eficaz para vencer al monstruo de la violencia y la desigualdad.

Piensa que desde allí, desde la sutileza, el carácter intangible y lo etéreo del espacio mediático, que también son atributos de la mariposa, se construye con solidez una posibilidad de desentrañar y hacer visibles las contradicciones, el dolor y el sufrimiento que predominan en el mundo real.  He ahí otra manera de leer la mariposa desde una nueva y reveladora perspectiva.

La definición que más me gusta de política y no sé a quien pertenezca pero sí que no es mía, enuncia que política es el arte de construir mundos posibles.  Y lo que sí sé con certeza, es que la apuesta del comunicador es profundamente política, si logra entender que el punto no es la apuesta por la fragilidad de la visibilidad de un día, sino por la permanencia y la trascendencia del sentido generador de acción transformadora.

El equívoco de la información

Nuestro trabajo está montado sobre un falso supuesto, una tremenda equivocación, una deformación que se volvió perversa con el tiempo y que es resultado del modelo que postula el paradigma según el cual comunicar es transmitir información.

A todos nos enseñaron y no precisamente en el aula universitaria sino desde la escuela primaria, que la comunicación está determinada por el proceso a través del cual alguien produce un mensaje que emite a través de algún soporte para que alguien lo reciba. Pero eso apenas es parcialmente cierto, porque ese no es un modelo de comunicación sino de transmisión de información.

Nos llamamos comunicadores porque transmitimos información y lo complicado de esta lectura, que hemos interiorizado como dogma de fe, es que supone que comunicación e información son sinónimos, hasta el punto que usamos ambos términos indistintamente. De hecho, por lo general definimos nuestros medios de comunicación como informativos.

Organicemos las ideas. Nuestro oficio tiene que ver con la información,  la noción de la noticia está asociada, básicamente, con algo que merece ser informado, pero esto es preocupantemente relativo, pues depende de una interpretación y un enfoque que decide qué merece ser informado y qué no lo merece.

Y para demostrarlo basta citar aquel terrible axioma del periodismo sensacionalista según el cual «las buenas noticias son las mala noticias», pues  mientras más terribles, patéticas y dolorosas sean también son las  mejores porque venden más; o el otro, no menos preocupante porque está desprovisto de toda humanidad, según el cual "la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro".

En realidad información y comunicación no son lo mismo.  Desde mi punto de vista la información es el insumo, mientras que  la comunicación es el proceso y, de la misma manera como el alimento no es la alimentación, la información no supone necesariamente comunicación.  Si  la reseña, la descripción o la enumeración de los hechos no se traducen en sentido y el sentido en capacidad de acción, no hay comunicación.

¿Cuántos de nosotros nos preguntamos por el sentido que comunicamos y que les permite a nuestros interlocutores tomar decisiones en sus vidas y actuar y cuántos nos preocupamos solamente por entregarles información que los mantenga actualizados?

Ahora bien, lo que no tiene discusión es que sin información no es posible la comunicación, de la misma manera como sin el alimento no es posible la alimentación, así que no se trata de negar la información, sino de ponerla  en su lugar y, por consiguiente, de entender los alcances de nuestro quehacer que indudablemente van más allá de ser buenos informadores.

No podemos desconocer nuestra responsabilidad con la información, el problema es que sea la única responsabilidad que reconocemos.

Un asunto de comunicación pública.

La esfera pública es el lugar donde se construye lo público y, por consiguiente, el espacio dónde se desarrolla la labor del político y del comunicador. Pero lo verdaderamente interesante, hoy, es que no existe físicamente en ninguna parte porque solamente es posible en la comunicación: es un lugar de comunicación.

Esto, que parece un juego de palabras no lo es. Y la manera como sea abordado determina el tipo de comunicación que se hace.  Lo que caracterizó la forma de comunicación en la corte, por ejemplo, fue el secretismo, mientras que la gran lucha del periodismo moderno, del siglo XVII para acá, ha sido precisamente superar la noción de secreto y abrirle espacio a otras nociones como el acceso a la información, la libertad de expresión y la visibilidad  no propiamente del poder sino de las fuerzas que se mueven al interior de la sociedad.

El trabajo del comunicador y del periodista, se ejerce en lo público, esa es su naturaleza. El investigador José Bernardo Toro coloca lo público en el terreno de la ética afirmando que es aquello que nos interesa y nos conviene a todos; que nos afecta de la misma manera porque tiene que ver con la dignidad de todos (3), luego el proyecto público es un proyecto ético.

No creo en la utopía del periodismo objetivo, más bien me inclino a pensar que el comunicador es un intelectual, en el sentido gramsciano,  cuya tarea debe responder a un proyecto ético que en este caso, o al menos para mí, siguiendo a Toro, debe ser el proyecto de la dignidad.  He ahí  porqué creo que el ejercicio del comunicador, es, esencialmente, un asunto de comunicación pública.

El relato: un combate sobre nubes

En este empeño, esas nubes, esas alas de mariposa que le dan forma al espacio mediático se vuelven fundamentales, porque son un lugar de encuentro para la construcción de visiones compartidas.

Dice el sociólogo español Manuel Castells: “Una sociedad mediática es una sociedad en la que los medios se instalan como espejos donde la sociedad se refleja y por los cuales ella se comunica. Los medios de comunicación son dispositivos de alto alcance en públicos que interpelan a la sociedad desde el horizonte de la información y el entretenimiento”.

“La centralidad de los medios de comunicación en la vida social contemporánea se manifiesta en que su acción es significativa para las agendas de conversación, la toma de decisiones y la construcción de culturas comunes. Esto significa que habitamos una cultura en la que los medios de comunicación existen y determinan nuestro modo de pensar” (4).

Varias ideas quiero subrayar de esta reflexión. En primer lugar, reafirma la sugerencia de  Calvino del papel que cumplen lo medios, como lugares donde la sociedad se refleja y a través de los cuales se comunica. Luego, aunque básicamente les reconoce el papel de interpelar a la sociedad desde el horizonte de la información y el entretenimiento, amplia ese horizonte a la conversación, que según Castells es la herramienta que construye la toma de decisiones y la construcción de culturas comunes y, finalmente, les asigna la tremenda responsabilidad de determinar nuestro modo de pensar.

Personalmente creo que el gran propósito de nuestro trabajo es el que enuncié atrás como la gran responsabilidad de la política: contribuir a construir mundos posibles. Y, para explicar la manera como esto sucede, quiero remitirme a mi otro oficio de contador de historias, siguiendo al filosofo e historiador estadounidense Hayden White, quien lo expresa de manera profunda cuando afirma que lo único que el ser humano entiende, lo único que queda, son los relatos:

"Los medios de comunicación nacieron para contar historias. Es preciso ponernos a pensar juntos, es preciso ponernos a narrar juntos. Lo que va a quedar de nosotros son nuestras historias, nuestros relatos” (5)

Carlos Duque, ese otro gran publicista que a través de su visión del mundo de artista y de fotógrafo nos ha regalado un poderoso registro gráfico y visual que refleja una visión inédita de la realidad del país durante las últimas tres décadas, lo define de manera sencilla y clara: “el relato es el guión de la película, contado de tal manera que lo entienda la tía Rosita”.

Observen que Duque se refiere al relato construido desde lo que le queda al espectador. Lo único que queda, lo que realmente existe, es lo que podemos contar en nuestras propias palabras. Nos queda lo que podemos decir, porque hablando es como construimos el mundo y la realidad.

Luego la cuestión no solamente es qué cuenta el comunicador, sino también cómo lo cuenta, de tal manera que el ciudadano común y corriente lo pueda contar a su vez, a su manera y con sus propias palabras, porque lo que comprendió y aprehendió fue un sentido y no solamente información que puede resultarle insuficiente para conectar, leer e interpretar los hechos.

Dramaturgia del relato

Producir medios, dice también Hayden White, “no sólo es diseñar contenidos sino construir los relatos en las estéticas y dramaturgias de mayor comunicabilidad y presencia en las audiencias.” (6)  ¿Y qué es una dramaturgia? un ordenamiento del material para darle cuerpo, de modo que inicie una narración, la desarrolle, evolucione y revele su transformación, hasta conformar un nudo que desencadene el cierre el relato.
 
Vista desde esta noción de dramaturgia, la construcción de sentido en el escenario público va más allá de difundir la noticia, pues, para recurrir al lenguaje del guión, esta no es  más que una escena, un cuadro, en el marco más complejo de la porción de realidad de donde surge y para cuyo conocimiento y comprensión merece ser tratada. Y para poder leer la realidad y construir dramaturgias fieles a ella y capaces de transformarla hay que tener mirada de conjunto y entender las complejidades que entraña.

Desde mi punto de vista, de una función esencialmente política, los medios periodísticos  han devenido en una suerte de trivialización en la que predominan las funciones de informar y entretener y la de orientar no ha logrado madurar, deformada por fenómenos como el amarillismo centrado en el escándalo, hasta llegar al universo mediático de nuestros días, donde la industria del espectáculo absorbe parte muy importante de su esfuerzo.

Un proceso que ha ido desproveyendo de sentido la labor periodística, que  requiere un proyecto que la llene de nuevo de sentido. Ana María Miralles imagina ese proyecto al delimitar la función de su propuesta de periodismo cívico, que, a mi juicio, es valida para el periodismo en todas sus dimensiones:

"Los propósitos del periodismo cívico giran en torno a la idea de reconectar a los ciudadanos a la vida pública, potenciar la capacidad de deliberación de la ciudadanía, ofrecer información con miras a la participación, apoyar los procesos ciudadanos con un buen cubrimiento y especialmente un adecuado seguimiento, dar elementos para la creación de capital social, al tiempo que pone a los medios en calidad de actores y promotores del diálogo social" (7)

Es potente la idea de reconectar a  un ciudadano ausente de lo público con la vida pública e ilustra lo que deberíamos hacer, en cuanto a potenciar su capacidad de deliberación y entregarle información que le permita participar y ser sujeto activo de sus procesos.

Una opinión pública, como propone Miralles, con ilustración, que puede discernir su realidad, es decir, que no sólo tenga información sino que pueda convertir esa información en sentido que le permita de manera suficiente y productiva tomar decisiones y actuar para transformar su realidad. De eso se trata nuestro oficio.

Inventar el oficio

Pero desafortunadamente nos movemos en esta dirección y, o bien actuamos en función del destino fugaz de las veinticuatro horas de vida de la actualidad u orientamos nuestro esfuerzo en procura del poder que se deriva del reconocimiento y los premios, o, lo que es más preocupante, desarrollamos un talento cuestionable y poco ético, para “darle a la gente lo que quiere ver-oir-leer y cómo lo quiere recibir, en vez de inventar nuevas miradas” (8) .

El legado del comunicador es una mirada. Así empieza la transformación de la mariposa en flor, la eternización de su belleza.  Lograr  la gran noticia, el gran titular, es una cosa; dejar una mirada, una forma de ver e interpretar la realidad, una manera de entender el mundo que nos tocó vivir es engrandecer el oficio y cumplir a cabalidad nuestro destino de comunicadores, evolucionar de quien transmite información a quien construye sentido.

Si uno está sintonizado con su época está en tiempo, coincide con el momento y logra darle al momento la trascendencia que le corresponde. No hay que preocuparse por la actualidad si se respira actualidad y se está instalado en ella.

Lo que debe pensar el comunicador periodista es cómo conectarse con el momento, cómo entender lo que está pasando y cómo interpretarlo; cómo ir a la fuente y escuchar todas la voces; cómo hacer visibles y explícitos todos los planteamientos y todos los puntos de vista; cómo lograr que los temas no sean fungibles ni desechables, cómo vencer la enfermedad del olvido.

Un gran periodista es una voz que supo hablar con propiedad, una visión contextual que llegó cuando debía llegar.  Verdaderos intelectuales orgánicos a su tiempo, los grandes periodistas nos han dejado lecturas, dignidad, entereza, disciplina para reinventarse permanentemente.

Juan Camilo Jaramillo
juancaj1954@gmail.com

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(1)   CALVINO, Italo (1989). “Seis propuestas para el próximo milenio”. Madrid, Ediciones Siruela, p. 16
(2) Idem, p. 17
(3) Cfr. TORO A. José Bernardo “EL PROYECTO DE NACION Y LA FORMACION DE LOS EDUCADORES EN SERVICIO”, cap 2: “La Movilización Participada: naturaleza, estructuración, características y modelo de comunicación”, Fundación Social, Programa de Comunicación Social, 1996
(4) Castells, Manuel (1999). “La era de la información. La sociedad en red. Vol 1”.  Madrid, Siglo XXI, pp. 359-408.
(5) Citado por Tomás Eloy Martínez, en: “Periodismo y narración: Desafíos para el siglo XXI”, Guadalajara, FINP, 1997
(6) En: ELOY, Martínez, Tomás. Op.cit.
(7) MIRALLES Castellanos, Ana María. ¿Qué es el periodismo cívico? En: Revista Foro # 35. Bogotá, 1998. Ediciones Foro Nacional por Colombia., P.114.
(8) Glosa a este texto, del sociólogo y comunicador Teodoro Pérez Pérez, especialista en educación y ética pública, coordinador nacional del Plan Decenal de Educación 2006-2016.

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Este número del Son de Tambora expresa un punto de vista personal; ha sido escrito y firmado por su autor. Las opiniones que aquí se expresan reflejan su pensamiento individual y no necesariamente, el de La Iniciativa de Comunicación o el de sus socios.

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