Fecha: 
Mayo 19, 2010

Mario Enrique Morales es Comunicador Social-Periodista, con especialización en Medios y Opinión Pública y Maestría en Estudios Literarios. Ha sido reportero, cronista, jefe de investigación, jefe de redacción y directivo de medios en prensa, radio, tv e internet en los últimos 20 años. Desde 1999 se desempeña como columnista en medios como RCN, El Tiempo y actualmente El Espectador. Ha escrito dos novelas, "Dos metros bajo tierra" y "Camino al barrio". Es analista de medios en www.mariomorales.info . Desde 1999 es profesor de la pontificia Universidad Javeriana, y desde 2005 es el coordinador del énfasis de periodismo. Pertenece al grupo de investigación Comunicación Medios y Cultura donde adelanta proyectos de observatorios de medios, libertad de expresión y nuevas narrativas digitales.

Resumen: 

De acuerdo con el autor "La libertad de expresión y su pariente predilecta la libertad de prensa, están amenazadas en dos terceras partes del planeta. El acoso que sufren estos derechos fundamentales dejó de ser exclusivo de los países en desarrollo y hoy toca a rebato con diversos ropajes y novedosas presentaciones, a las puertas de los países desarrollados que lo comienzan a padecer con rigor." Y es larga la lista de nuevos enemigos que tienen estos derechos:

En primera instancia, la transnacionalización, fusión e integración de múltiples empresas periodísticas con visiones, formas de abordaje y  dinámicas diferentes, en unos poco conglomerados regidos por el capital, por el interés económico e incluso por los valores monopolísticos que los determinan. "A mayor libertad empresarial más cerca del monopolio y más distantes de los controles sociales...", sostiene Morales.

 

Otro de los nuevos enemigos de los derechos y libertades tocantes a la expresión y a la prensa tiene que ver con la presión de la pauta publicitaria tanto desde los intereses particulares pero muy especialmente desde la órbita estatal que destina dineros públicos para sustentar, viabilizar o mejorar la percepción de políticas, programas o personas en el ámbito político.

 

A la par con lo anterior se ha afianzado una serie de procedimientos con asiento en el campo jurídico que buscan encausar,  acorralar y en el peor de los casos intimidar a la prensa crítica y al periodismo de investigación. Van del señalamiento,  al acoso judicial, pasando por la citación a declarar o testificar en casos en los que los periodistas estaban destacados para el cubrimiento informativo.

 

Y hay más... Ya sea como forma de propaganda o como estrategia de generación de opinión pública el abuso de comunicados, frecuencia de  declaraciones oficiales y de ruedas de prensa que termina por coartar el campo de acción del  periodismo cercenado de la posibilidad de construir su propia agenda y de proponer sus propios temas...

 

El incrementado de las demandas y denuncias a periodistas por calumnia o injuria o en busca de rectificaciones o retractaciones, que conduce a la autocensura, que se diferencia de la censura tradicional (aquella que se traduce en no incluir de manera obligada, expresa o subrepticia,  un hecho noticiable o variar su enfoque o cambiar una parte o todo el contenido) por su carácter  intencional supeditado a temores, precauciones o riesgos que el periodista o medio asumen en su conciencia y que afectan, parcial o totalmente, su producción informativa en cualquiera de sus niveles de construcción.

 

Las prácticas  como demorar o no entregar la información solicitada por los periodistas con base en preceptos constitucionales, arguyendo desde dificultades logísticas hasta problemas de seguridad nacional.

 

Las mal denominadas ruedas de prensa donde no hay posibilidad de preguntar y/o contrapreguntar. Medios y periodistas son citados a recibir un comunicado una declaración sin sustentos o documentos, lo que permite a la larga dejar esas intervenciones en el terreno de las versiones y las declaraciones, susceptibles de cambiarse, modificarse o ajustarse con el correr de los días sin complicaciones legales, en desmedro de la construcción de veracidad.

 

El transporte de medios y periodistas en vehículos o aeronaves oficiales, la entrega de imágenes o material audiovisual editado y el veto, consistente en no entregarle información o no dar entrevistas a ciertos reporteros, retoman prácticas servilistas, chantajistas o utilitarias en busca de periodistas domesticados, son otra más.

 

A medida que cambia la proporción en la balanza entre medios análogos y digitales, los predadores de la libertad de expresión también están franqueando la frontera que los lleva al ciberespacio. Es tal el fenómeno que compañías como Google, Yahoo y Microsoft han tenido que aunarse a una iniciativa para garantizar la libertad de expresión y privacidad en contra de intromisiones gubernamentales, mediante la denominada Global Network Initiative.

 

Pero hay también iniciativas para preservar los elementos del periodismo y las libertades de expresión y de  prensa: desde la creación de sitios web que permiten hacer públicas a escala mundial las amenazas contra estos derechos y libertades, hasta iniciativas de capacitación y formación, consolidación de gremios y estructurales profesionales, grupos de debate, actividades de apoyo a ONGs, y entidades supranacionales que velan por los retos del ejercicio del periodismo.

 

Concluye finalmente el autor que, "Periodistas  y medios deben saber que no sólo el asesinato, la amenaza o la agresión constriñen, en materia grave,  las libertades de expresión y de prensa; cualquier otra modalidad por sutil o intangible que sea y que limite sus actuaciones, las determine en contra de su voluntad o las inhiba constituyen un delito contra la calidad periodística, el libre acceso a la información, sino también contra  esos derechos que representan la democracia misma. Como alguna vez lo dijo Borges, en momentos especiales, la suerte de un sólo hombre representa la de todos los seres humanos. Lo que está en juego en el presente y el futuro de la prensa, es la suerte de nuestras democracias."

Fuente: 

Artículo enviado a La Iniciativa de Comunicación por Mario Enrique Morales Rincón, el 18 de mayo de 2010.