Fecha
Año: 
2002

Este estudio realizó una evaluación comparativa de dos estrategias, una vertical y otra participativa. Con el fin de evaluar los resultados y los costos de ambas.  Este estudio longitudinal se ejecutó en Santiago de Cuba durante 2000 y 2002. Por su parte la intervención vertical contenía actividades como intensificación del control de larvas, fumigación de sabanas, reemplazo de tanques de agua, visitas domiciliarias  y mensajes de IEC. Por otra parte, las estrategias del modelo participativo fueron participación comunitaria,  grupos de trabajo comunitarios, voluntariado, transformación de los cinturones de basura en huertas, reparación de tuberías rotas, sellamiento de sótanos, fabricación de tapas para envases de agua. 

Metodologías: 

Se evaluaron 3 áreas piloto de Santiago Cuba con estrategias comunitarias y 3 áreas de control con estrategias verticales. La evaluación económica se realizó extrayendo la información de los libros de contabilidad  en cada una de las áreas de salud que llevo a cabo cada intervención. 

Resultados: 

Los resultados muestran que las campañas verticales fueron más costosas que aquellas en el enfoque alternativo (US 825.309 vs 692.290).  En cuanto a los comportamientos, las diferencias fueron más grandes en unas variables que en otras: Indice del Hogar (2.08 vs 1.23), casas con uso correcto del larvacida (55.2% vs 45.6%), casas con contendores artificiales desprotegidos (60.0% vs 61.9%) y casas con tapas dañadas de contenedores de agua (69.6% vs 70%). 

Este estudio presenta algunas lecciones según los autores. En primer lugar que el involucramiento de la comunidad no es gratis, a pesar de ser más económico que las campañas verticales, conlleva un costo sustancial en términos de tiempo invertido de los voluntarios y otros elementos. En segundo lugar, las estrategias basadas en la comunidad son generalmente difíciles  de implementar ya que a menudo toman tiempo antes de que su impacto sea aparente. Finalmente, ambas estrategias requieren esfuerzos cada vez mayores para eliminar los focos de la enfermedad, lo que aprieta los recursos comunitarios y el presupuesto de los programas, y que puede tener un efecto negativo en la sostenibilidad.