La gnoseocomunicación: una perspectiva posible para tiempos de crisis




Por Cristina Baccin.

Profesora Titular, Comunicación Social, Facultad de Ciencias Sociales, FACSO, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.


Resumen

La función estratégica del conocimiento como principal recurso de desarrollo de las capacidades organizativas y competencias comunicativas puede anclarse en los nuevos espacios sociales, generados a partir de la profunda escisión social en el estallido de la crisis argentina.


El conocimiento tácito -concebido como un bien desde la economía del conocimiento- tiene aún la potencialidad de ser su principal recurso estratégico de desarrollo en base a la optimización de espacios desde la dimensión instituyente, dinamizada en el actual período de crisis.  En el caso de Argentina, esa producción de conocimiento tácito como invención colectiva -en cuanto se han iniciado acciones con diferentes modalidades de organización y de gestión colectivas-, asume un valor económico en cuanto se trata de la producción de un conocimiento difícil de elaborar: es la producción de una idea organizacional. Se ha evidenciado hasta qué punto la explotación de las potencialidades ofrecidas por las nuevas tecnologías podían ser frenadas por la inercia de las formas de organización. Hay sin duda un problema de producción del saber organizacional. "Es más fácil y más rápido aumentar el número de transistores sobre un microprocesador que concebir un nuevo concepto organizacional".


En el marco del impulso otorgado a la incorporación de TICs en cuanto factor de desarrollo aparece el aprendizaje -previo o imprescindiblemente concomitante- de nuevas modalidades de organización como uno de los determinantes de dicha incorporación. Es destacable analizar que los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que reúne a Suecia, Francia, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, Países Bajos, Austria, Alemania, Bélgica, Australia, Japón e Italia son los países que más invierten en este bien intangible, el conocimiento (I&D, softwares y gastos públicos en educación), entre el 8 y el 11% de su PBI . Si se les agrega el gasto privado en educación y formación, esa cifra se elevaría a 10%.


La adaptabilidad, la movilidad y la flexibilidad son las competencias conditio sine qua non para la incorporación de TICS. Estas competencias son informalmente desarrolladas como conocimiento tácito en nuestras sociedades que obligan al ciudadano común a adaptarse a un presente continuo de crisis, y requiere disponer de alguna de dichas competencias para su supervivencia. A ello, se agrega en la presente crisis, una plusvalía; la profundización de un concepto -la organización como espacio que es atravesado por lo instituido- y la visibilidad de su contracara: lo instituyente como espacio potenciable de re-creación organizativa. A ello, entonces, "sólo"hace falta agregarle la capacidad técnica y cultural para el uso y gestión de las TICS.


Las acciones que impliquen la construcción, producción y circulación de conocimiento sobre la base de acciones y prácticas de comunicación es lo que podríamos denominar como gnoseocomunicación. En este caso, nos referiremos en especial al conocimiento tácito que se produce en un particular período de crisis que se sostiene en prácticas comunicativas para su circulación pero que también, podría instituirse en algunos aspectos como conocimiento formalizado, a partir de superar el plano de la táctica en el que aún se encuentra, hacia la conformación de estrategias en comunicación de/para/con el conocimiento.


Introducción.

La situación estallada en diciembre del 2001 en Argentina representa un punto de inflexión explícito a nivel internacional, en vinculación a la radicalización de la aplicación del sistema neoliberal en un territorio nacional, afectando desde los aspectos más complejos de la macroeconomía hasta aquellos detalles más pequeños de la vida cotidiana de los habitantes de dicho territorio.


La disminución de la calidad de vida de la mayoría de la población implicó que en el plano inmediato y cotidiano se afectara la satisfacción de necesidades básicas, los accesos, los movimientos, las rutinas, los intercambios y en general, el quiebre de la posibilidad de proyectar en el tiempo con una particularidad: dicho retroceso se explicitó vertiginosa y aceleradamente en el marco de una profunda incertidumbre. En un breve período se hizo evidente la ruptura de acuerdos institucionalizados: desde el acuerdo entre ciudadanos y gobernantes que implica el funcionamiento de la democracia representativa hasta aquellos más formalizados y cuya existencia nadie podría haber imaginado que se afectara, como por ejemplo, el intercambio económico con dinero.


Pretendo reflexionar sobre algunas nociones (como crisis, instituciones -en particular, el plano instituyente- y conocimiento) para repensar articulaciones desde el campo de la comunicación y la educación, a partir de la situación estallada en Argentina en diciembre del 2001 desde la perspectiva de sus potenciables.


La dimensión instituyente: un espacio de re-creación.

La naturalización de la existencia de las instituciones y no sólo su existencia sino su corporeidad (hasta en la concepción del sujeto como individuo), hace que en nuestras sociedades durante largos períodos, sus limitaciones, sus encuadres y sus lugares se hagan invisibles como articuladores u obstaculizadores del accionar humano. El factor más invisible es quizás el hecho de que son creación humana y su racionalidad y sus fuentes de legitimidad aparecen como incuestionables. Quedan invisibles el "imaginario social instituyente que crea la institución en general (la forma institución) y las instituciones particulares de la sociedad considerada, imaginación radical del ser humano singular"(Castoriadis, 2001:93, 117).


Desde esa perspectiva, las instituciones son organizadoras de sentido de la vida humana en común y son la obra del imaginario social instituyente. En tanto creaciones y creadoras, contienen intrínsecamente su propia potencialidad de modificarse y ser modificadas. La posibilidad de ruptura de las propias instituciones es factible en nuestras sociedades en la medida que se hace explícita su externalidad en cuanto creaciones humanas.


El doble juego entre lo instituido -aquello que está establecido (rol que cumplía el Estado como el espacio de la ley) y lo instituyente "como el espacio en el que "el habla social queda liberada"(Lapassade, 1999:18)- es intrínseco a las instituciones. Sin embargo, es un juego cuyas reglas son tácitas, opacas en la mayoría de las situaciones: la posibilidad de modificar las relaciones de poder por encima, por debajo o atravesando las jerarquías y las normas explícitas, raramente salen a la luz en tiempos de estabilidad cuando la continuidad es la modalidad de pensamiento predominante.


La crisis estallada en Argentina recientemente ha puesto profundamente en evidencia en primer término, la existencia de las instituciones como determinantes del acontecer cotidiano y en segundo lugar, abrió el camino para que cobrara nueva vida la dimensión instituyente. Por ejemplo, se impedían acciones cotidianas como comprar los insumos básicos porque no existía dinero aunque el dinero de los salarios simbólicamente se acreditaban en las Cajas de Ahorro de los trabajadores, en una especie de enrevesamiento de aquellos aspectos hasta el momento considerados normales en base a acuerdos formalizados entre empresas, bancos y el Estado, entre otras organizaciones.


Aparece la complejidad institucional como obstaculizadora de la satisfacción de una necesidad básica como la alimentación. En dicha complejidad, se hacen presentes las empresas, los bancos, los organismos financieros internacionales, el Estado y, en especial, el sistema de gobierno como responsables. Aparecen con corporeidad manifiesta: el BM, el FMI, la OCDE que no son más siglas herméticas cuyo sentido sólo algunos economistas podían descifrar, sino que se corporizan a través de cifras concretas en una deuda externa cuya composición parecía no hacerse presente en la vida cotidiana inmediata, si bien su principio de multiplicación data de la última dictadura militar (1976-1983).


La ilusoria estabilidad económica y política que falsamente otorgara el largo período de la presidencia de Menem (1989-1999) alimentó la idea de linealidad y continuidad que implicaron una cierta estabilidad y regularidad en la vida cotidiana. Los golpes, las impactantes rupturas del sistema que habían sido las modalidades más frecuentes en la historia del país parecían, no tener lugar en un sistema que parecía sostenerse en la simplicidad de una fórmula: 1=1 (1 peso argentino= 1 dólar estadounidense).


El quiebre institucional iniciado con el presidente De La Rúa, mediante el congelamiento del uso del dinero y la declaración del estado de sitio (y con sucesivas e intermitentes ocupaciones presidenciales) permitió, por un lado, que la ciudadanía asumiera un rol activo como potencial instituyente que reclamaba cambios y por el otro, hizo evidente que la existencia de contratos y acuerdos instituidos pretendían ser negados/burlados desde el mismo lugar del Estado a través de diferentes operatorias que fueron complejizándose, constituyendo el espacio estatal en un espacio de desorden organizado en bolsones de poder.


Respecto a ese quiebre de lo instituido, la dimensión pública de la ciudadanía, cobra y asume un lugar frente al caos como vacíoi; lo que se daba por supuesto, ahora, en días desaparece, se esconde pero a la vez, transparenta la anterior opacidad de las instituciones como articuladoras, mediadoras o expoliadoras del bien común, del bien público.


En este espacio-tiempo social de vertiginoso cambio de las condiciones de vida lo que se daba por supuesto, es puesto en cuestión. La vida cotidiana, el lugar de las acciones que se producían con regularidad sufre una ruptura. La comunidad de sentido no puede echar mano a su acervo histórico para resolver los problemas ya que los que aparecen son de distinta índole y obliga a la búsqueda de conocimiento. La aparición de nuevos problemas requiere de otras instancias de resolución y quiebran la regularidad respecto de la cual el sujeto puede hacerse plenamente responsable: "la aparición de depósitos de sentido y de instituciones históricas libera al individuo de la pesada carga de solucionar los problemas de la experiencia y el acto que afloran, como por primera vez, en situaciones particulares.(...) Ésa es la precondición para que los actos sean transformados en instituciones sociales"(Berger y Luckmann, 1997:36). Pero aquí, justamente, los depósitos de sentido estaban en pleno caos, al vacío...Frente a esa incertidumbre que planteaba la imposibilidad de proyectar temporalmente las acciones, se comienza a isntalar la necesidad de resolver nuevos problemas re-creando sentido: "La constitución subjetiva del sentido es el origen de todos los acervos sociales de conocimiento, los depósitos históricos de sentido en que pueden apoyarse las personas"(Ibid: 37).


El conocimiento: un bien no reconocido.

"El hombre, el ser humano ideal, se manifiesta en situaciones de crisis pero de crisis real, cuando todo se derrumba. (...) Porque la crisis... el problema que se le ha planteado es `ahora tengo que valer lo que valgo´. Y ocurre. Sucede. La normalidad es la enemiga del ser humano"decía recientemente el escritor Saramagoii.


La ruptura de las regularidades de la vida cotidiana implicó la obligatoria necesidad de compartir conocimientos para resolver problemas: los interlocutores, en primera y única instancia eran las instituciones que estaban ciegas, sordas y mudas. Y la resolución de problemas se vehiculizó hacia las mismas instituciones cuya laberíntica complejidad se manifiesta ante el ciudadano común que no opta por soluciones violentas sino por la instancia burocrática para el reclamo hasta recurrir a unas de las instancias institucionales más poderosas pero más escondida, como el Poder Judicial. Funcionarios casi ignotos en la agenda pública comienzan a ser conocidos del mismo modo que la figura principal del Poder Ejecutivo o el gabinete del gobierno de turno.


Ese conocimiento de recorridos burocráticos se produce sobre la base de problemas que requieren de la acción. "Los problemas afloran a la vez de la acción social interactiva "sostienen Berger y Luckmann (1997: 35)- de modo que las soluciones deben encontrarse también en común. Tales soluciones pueden objetivarse en un cierto número de formas posibles, a través de señales, instrumentos, elaboraciones, pero sobre todo a través de las formas comunicativas de un lenguaje, quedando así disponibles para otros."Ese conocimiento que se produce intersubjetivamente sobre la base de problemas comunes asume la importancia de una oportunidad para que la dimensión instituyente se haga explícita y asuma presencialidad pública a través de formas inéditas de protesta y reclamo (los "cacerolazos") y también asuma formas organizativas, como las diferentes modalidades de recuperación de fábricas quebradas.


"La liberación de lo instituyente en la sociedad, que instituyen nuevas formas de vida social y que inventan de manera colectiva métodos de regulación"tal como afirma Lapassade (1999: 23) es el marco de la recuperación de 107 fábricas quebradas en los últimos dos años con diferentes modalidades de organización (cooperativa, control obrero)iii. Es la manera de recrear nuevas acciones de institucionalización a partir de forzar el conocimiento de procesos complejos desde la incertidumbre y la pérdida de organizadores de sentido que, hasta la aparición del conflicto no se habían hecho visibles tales como, la organización financiera de una empresa o la desaparición del Estado que había sido gravitante históricamente en la sociedad argentina (gravitante en todo sentido: para generar condiciones para el desarrollo económico, para reprimir o para generar las condiciones para la aplicación del neoliberalismo in extenso).


Desde la perspectiva de la economía del conocimiento es que el conocimiento puede ser considerado un bien. En este contexto de crisis, se trata de la producción de un bien común. Por cierto que su principal característica es su intangibilidad pero se puede dimensionar su relevancia. El conocimiento es bien intangible cuando se genera y distribuye en modo descentrado de las instituciones (o que se genera como en este caso, en base a las necesidades de resolución de una crisis). Su rasgo fundamental es la imposibilidad de medirlo cuantitativamente (en términos de costo/beneficio) pero es factible dimensionar su importancia cualitativa en procesos de cambio. El tipo de conocimiento al que estamos aludiendo es lo que D. Foray (2000: 46) denomina como "conocimiento tácito"cuyas operaciones de búsqueda, acceso, circulación, almacenamiento e intercambio son difíciles de capturar.


Recrear otros modos de organización económica como mencionáramos más arriba respecto a fábricas recuperadas o asambleas vecinales para la toma de decisiones- que permitan la sobrevivencia son creaciones colectivas de relevancia pero que si no se piensan con proyección estratégica, difícilmente podrán subsistir; pero ello implica un proceso de aprendizaje necesariamente colectivo. Aquí el conocimiento se produce a través de las formas conocidas como learning by doing y learning by using (Ibid: 12).


Las condiciones del sistema educativo indican que la concentración de la producción del "bien"conocimiento en la educación pública se ha debilitado profundamente, lo que involucra la posibilidad de que se constituyan nuevos espacios de concentración de conocimiento con una posible polarización de la distribución de este bien.


La dispersión (en sentido positivo) de una acción colectiva como la de organizarse para retener una fuente de trabajo o tratar de modificar decisiones de gobierno, al menos en su punto de partida, implica la aprehensión de un nuevo conocimiento no concentrado y de difícil manipulación. Dicho aprendizaje es la resultante del intercambio de ese bien que no requiere de la transmisión como único insumo. La información es una variable dependiente de ese proceso y la acción su portadora: "la acción directa puede tener una eficacia analítica que va más lejos que nuestras intervenciones analíticas" (Lapassade, 1999:30).


Se trata de un proceso de circulación altamente dinámico y ubicuo que, en la medida que no se adjudique valor estratégico al conocimiento como un bien, polarizará aún más nuestra sociedad o socializará su distribución.No estamos refiriéndonos a la producción de conocimiento deliberado en un sistema científico y tecnológico (Investigación & Desarrollo) que es desde su propia concepción una producción deliberada, institucionalizada y con externalidad visible. Aludimos a lo que D. Foray (Ibid: 43 y ss.) denomina "invención colectiva". Desde dicha perspectiva, el conocimiento producido no proviene de sujetos singulares ni de organizaciones cerradas; su naturaleza colectiva implica necesariamente que su propiedad y dominio es amplio y que es casi impracticable medir su alcance. Así, las características claves de la invención colectiva en su dimensión informal podrían sintetizarse del siguiente modo:

  • * Se produce a través de mecanismos informales y espontáneos de intercambio y de compartir conocimientos y savoir-faire.
  • * Se produce en un plano profesional o territorial. Este territorio preexiste a la formación del colectivo y hace emerger convergencias, similaridades, ocasiones de reencuentro y transacción.
  • * La invención colectiva es un proceso incrementativo basado sobre la difusión y la reutilización de los conocimientos disponibles en el seno de un colectivo.
  • * El proceso de invención colectiva no es encerrado por un acuerdo o una institución central sino que es relativamente espontáneo.

La formalización de la invención colectiva implica, entre otras cuestiones:

  • * Crear un marco de modo que se hagan emerger contextos de socialización de los conocimientos y del aprendizaje colectivo, de manera concertada también para controlar las externalidades ngendradas .
  • * Generar mecanismos de coordinación explícita y la formalización de acuerdos .
  • * Delimitar espacios semi-privados de circulación y de puesta en común de los saberes que son eventualmente menos abiertos que las redes informales.

Los dispositivos que hacen posible la circulación y distribución del bien conocimiento son: institucionales, organizacionales, tecnológicos y fundamentalmente, comunicacionales. En el caso de Argentina, esa producción de conocimiento como invención colectiva -en cuanto se han iniciado acciones con diferentes modalidades de organización y de gestión colectivas-, asume un valor económico en cuanto se trata de la producción de un conocimiento difícil de elaborar: es la producción de una idea organizacional. Se ha evidenciado (Foray y Mairesse, 1999) hasta qué punto la explotación de las potencialidades ofrecidas por las nuevas tecnologías podían ser frenadas por la inercia de las formas de organización. Hay sin duda un problema de producción del saber organizacional. "Es más fácil y más rápido aumentar el número de transistores sobre un microprocesador que concebir un nuevo concepto organizacional".


En el marco del impulso otorgado a la incorporación de TICs en cuanto factor de desarrolloiv aparece como uno de los determinantes de dicha incorporación, el aprendizaje -previo o imprescindiblemente concomitante- de nuevas modalidades de organización. Ello no es factible de aprender con una externalidad de conocimiento manifestada a través de un manual de instrucciones sino a través de las acciones concretas y el intercambio de dicha experiencia que gradualmente re-crea comunidades de sentido.


En nuestro caso, dicho saber se produce en situación de necesidades no satisfechas: la organización del delito o la organización de la producción para satisfacer dichas necesidades, la organización de las demandas a las instituciones frente a su propia inercia ha sido factible ante la situación límite generada por el neoliberalismo in extenso aplicado en Argentina. Frente a la absoluta ausencia del Estado se constituye la sociedad como la organizadora de sentido también respecto a los organizadores de bolsones de poder descentralizado; como por ejemplo, frente a las fuerzas de seguridad urbana como organizadoras de tráfico de prostitución, drogas, secuestros y robos en el marco de autonomías relativas dentro de estructuras estatales.


TICS y conocimiento.

La incorporación de TICs resulta un flanco ineludible a ser incorporado en la o las modalidad /es organizativas que asume y que asuma la sociedad argentina. La incorporación de las TIC ha sido uno de los ejes del desarrollo de los países de la OCDE en la proporción de crecimiento de capital intangible. Sin embargo, creó históricamente problemas de técnica, de organización y de gestión que se evidencian aún en dichos países del OCDE. Fueron desafíos gradualmente superados a través de las generaciones tecnológicas siguientes que se esforzaron por resolver. El principal problema fueron los cambios organizativos que requieren y el desarrollo de competencias vinculadas a la innovación y la flexibilidad para la incorporación de TICS.


En el caso de Argentina, trabajar una estrategia de desarrollo basada en el crecimiento del capital intangible (educación, formación, I&D) contiene ventajas comparativas relevantes: aún cuenta con el recurso de la educación pública (es uno de los pocos países latinoamericanos que aún -débilmente- lo sostiene) y, en base a la crisis profunda estallada en diciembre se colocó a la mayor parte de la población (particularmente a los sectores medios y medio-bajos) en pos de profundizar la concepción organizativa de su sociedad. Se trata de un conocimiento tácito producido por la acción concreta que da muestras de su producción a través de experiencias organizativas productivas. o de manifestaciones colectivas públicas, o de experiencias de enfrentamiento, o creación de alternativas frente a la inseguridad urbana. De este modo, se ha puesto en evidencia que existe un entramado institucional que puede ser recreado colectivamente, algo que en tiempos de estabilidad o de continuidad resulta invisible. Entonces, se debería valorar la existencia -en desarrollo- de un bien superlativo en vinculación a pensar en una estrategia de renacimiento del país: el bien conocimiento.


Gnoseocomunicación: una manera de pensar el renacimiento.

La actual crisis requiere de imaginación para su superación pero, básicamente, de conocimiento para generar nuevas instancias de organización. Ahora bien, organizarse requiere pensar estrategias de comunicación graduales y flexibles que permitan trabajar la gestión/acción como conocimiento de la propia práctica. América Latina se ha caracterizado históricamente por profundizar modalidades de investigación y desarrollo en comunicación vinculadas a iniciativas que pretenden devolver o activar el protagonismo popular a través de la metodología de investigación-acción, de prácticas que articulan la convergencia educomunicacional, de la búsqueda de instancias que socialicen el acceso y uso de nuevas tecnologías de comunicación para la conformación de redes informáticas.


La adaptabilidad, la movilidad y la flexibilidad enunciadas por los estudios sobre la incorporación de NTICS como conditio sine qua non como competencias para la incorporación de dichas tecnologías, son informalmente desarrolladas como conocimiento tácito en nuestras sociedades que obligan al ciudadano común a adaptarse a un presente continuo de crisis para lo cual debe desarrollar alguna de dichas competencias para su supervivencia. A ello, se agrega en la presente crisis, una plusvalía; la profundización de un concepto: la organización como espacio que es atravesado por lo instituido y la visibilidad de su contracara: lo instituyente como espacio potenciable de re-creación organizativa. A ello, entonces, hace falta agregarle la capacidad técnica para el uso y gestión de las NTICS.


Las acciones que impliquen la construcción, producción y circulación de conocimiento sobre la base de acciones y prácticas de comunicación es lo que podríamos denominar como gnoseocomunicación: en este caso, nos referiremos en especial al conocimiento tácito que se produce en un particular período de crisis (cuya especial característica parece haber sido el ahondamiento de la aplicación del sistema neoliberal en un país del tercer mundo) que se sostiene en prácticas comunicativas para su circulación pero que también, podría instituirse en algunos aspectos como conocimiento formalizado, a partir de superar el plano de la táctica en el que aún se encuentra, hacia la conformación de estrategias en comunicación de/para/con el conocimiento.


"Los medios hoy en día, pues, son vehículos fundamentales de acceso al conocimiento y, además, contienen parte de ese conocimiento. Un conocimiento que (...) se ofrece sin tiempo para analizarlo con una cierta perspectiva, pero anclado en el contexto social más cercano e inmediato; que mezcla emociones e intelecto; que llega al receptor desestructurado y con el denominador común del conflicto" sostiene Mar de Fontcuberta (en: Crovi D., 2002: 60). Sin embargo, si bien los medios son aquellos portadores/portantes de mayor evidencia en las sociedades actuales, los otros portantes de máxima eficacia a la hora de recuperar la construcción de conocimientos son las acciones y prácticas de intercambio que involucran –con la mediación de los medios de comunicación- los "lugares-clave"de comunicación en la producción y circulación del conocimiento tácito y, en especial, de la apertura de condiciones para la invención colectiva, como la definiéramos más arriba.


Táctica y estrategia.

"En épocas de crisis, lo único de valor que queda somos nosotros mismos"(Saramago)Valorar un bien producido colectivamente implicaría, desde mi punto de vista, crearle condiciones para que esa invención colectiva pueda ser rescatada y transmitida más allá de las personas portadoras de dichos conocimientos. De acuerdo con los aspectos claves para dicha formalización, se hace necesario crear instancias de coordinación, de espacios y tiempos para dicho conocimiento. No se trata de centrar necesariamente el conocimiento sino de aportar las herramientas necesarias para una nueva institucionalización, que podría articularse con espacios de conocimiento institucionalizado (como p.e. las universidades).


Entre esas herramientas, la comunicación se concibe como portante/hacedora de conocimiento en la medida que supere el plano de la táctica en el que se produce predominantemente dicho conocimiento, para generar un salto cualitativo hacia el diseño y acción como estrategias de comunicación para/con/de conocimiento.


La necesidad de superar el plano de la táctica en la producción de conocimiento sobre la organización de la sociedad, es un aspecto básico para que la dimensión instituyente estallada sea un potenciable recurso de cambio. Frente al invisible mercado cuyo eje básico radica en su organización internacionalv, la sociedad debe pasar del plano de la reacción al plano proactivo. En este sentido es que formalizar la construcción colectiva de conocimiento "en este caso, de organización social y de visibilidad del concepto institucional- también es un instrumento para modificar el mecanismo interno que se producen en nuestras instituciones.


Ana Fernández (1999) pone en alerta en especial, sobre el mecanismo de desfondamiento que priva de sentido al espacio público. Dicho aspecto es la contracara de la dimensión instituyente potenciable como recurso de conocimiento y de acción organizativa colectiva. El brazo externo que implica el neoliberalismo, se complementa con un brazo interno, que desde adentro de las mismas instituciones opera como privatización de lo público, en un gélido abrazo que estalla las instituciones: "si en los espacios públicos no hay apropiación colectiva reglada, hay apropiación salvaje de lo que me conviene, las instituciones dejan de ser ordenadoras de sentido y reguladoras de prácticas (...) Las instituciones son estalladas en tanto funcionan pero sin la conformación de un colectivo necesariamente heterogéneo que instituya tanto sus potencias enunciativas como sus instituyentes de acción en el marco de sus políticas de diversidad" (Ibid: 26).


Los mecanismos del mercado seguirán siendo "des-organizadores" de sentido tal como aconteció en Argentina a partir de que es un brazo instituido y el más difícil de visibilizar, en la medida que su identidad queda encubierta en la circulación de capitales transnacionales. Para recuperar y valorar las acciones colectivas, retomo las nociones de táctica y estrategia de de Certeau (1990: XLVI y ss.) como "modo de hacer" o "lógica de acción"que nos coloca en situación de armar nuestra "caja de herramientas" -para la diagnosis y para la intervención como posibles articuladores de prácticas hacia el plano de la estrategia para trabajar sobre:

  • * la afectación de la temporalidad: la crisis ha quebrado la vivencia del tiempo desde el vertiginoso incremento de la incertidumbre que impuso en la vida cotidiana hasta la dificultad para proyectar desde un presente continuo en crisis hacia un futuro.
  • * la afectación de organizadores de sentidos que desde su descentramiento, no se reconocen estrellas o policentralidades claras sino más bien, buenas voluntades que se acercan y aún no se componen como organizaciones articuladas, tal como afirma N. Lechner (1995: 167)

El plano de la táctica, constituye la operatoria predominante en la dimensión instituyente en la medida que constituye una práctica de la vida cotidiana. Sus características:

  • - No tiene perspectiva de totalidad.
  • - No tiene distancia respecto a lo que hace.
  • - Depende del tiempo presente y opera con improvisación.
  • - Es de carácter reactivo.
  • - No tiene un "otro"como totalidad claramente visible.

Sustituir el análisis de los aparatos y las estructuras por el de la búsqueda de las "maneras de hacer" constituye la búsqueda de aquellas operatorias microscópicas que se manifiestan como tácticas articuladas sobre los detalles de lo cotidiano. Sostiene de Certeau que "se trata de precisar cómo la creatividad dispersa es táctica de los grupos componiendo, al límite, la red de una anti-disciplina frente a una tecnología disciplinaria"vi. Desde nuestra perspectiva, dichas tácticas se manifiestan a través de prácticas de comunicación concretas.


Para vehiculizar la lógica de acción de lo instituyente centrada en la táctica hacia una dimensión estratégica, implica orientar la operatoria hacia la nuevos organizadores de sentido, en la medida que:

  • - Se elabore conocimiento sobre la externalidad de la crisis.
  • - Se elabore conocimiento sobre su interioridad .
  • - Se incorpore el cálculo de relación de fuerzas .
  • - Se aproximen herramientas de diagnosis .
  • - Se transforme el presente continuo a través de una lógica de acción proactiva de manera de modificar, desde la acción, la temporalidad (hacia el sentido de proyección que implica involucrar la idea de futuro).

Esta modificación de la orientación de la acción del plano inmediato a la mediatez de la proyección sólo es factible en la medida que el conocimiento tácito se traduce en lenguaje, en comunicación portadora/portante y organizadora de conocimiento, suficientemente flexible para contener desde las acciones, los comportamientos y las regularidades hasta la explicitación de dichas experiencias en redes informáticas.


Conclusiones

Pensar en términos de la comunicación en concomitancia con la producción / construcción/ circulación, almacenamiento y socialización del conocimiento nos obliga a repensar el eterno retorno a la centralidad mediática que los comunicadores sociales utilizamos como recurso último e incuestionable (por su visibilidad) a la hora de trabajar sobre el plano de las prácticas.


El desarrollo de un bien superlativo como el bien conocimiento apuesta sobre la actual población activa y sobre la potencialidad de las próximas generaciones. Si colocamos dicha cuestión en vinculación a las jóvenes generaciones tecnológicas, se podría decir que si bien su capacitación ha disminuido en el paísvii- son aquellas que manifiestan un alto interés y una alta disponibilidad por el uso de nuevas tecnologías (si bien la actual generación de jóvenes/adolescentes no ha accedido masivamente a las TICS como uso individual), la otra columna que se requiere para sostener el techo de una estrategia de renacimiento/desarrollo basada sobre el conocimiento.


Resurgir de esta crisis a partir del desarrollo en base al crecimiento de capital intangible, sería una oportunidad para que un país que ha destruido políticamente sucesivas generaciones de jóvenes a través del ejercicio de diferentes violencias (exilio, desaparición, muerte, guerra, emigraciones), genere las condiciones para que los jóvenes accionen sobre su vida en vinculación a la posibilidad de creación de un presente en futuro continuo.


Bibliografía.

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CASTORIADIS Cornelius (2001). Figuras de lo pensable. FCE, Buenos Aires.


CROVI DRUETTA Delia (Coord.) (2001). Comunicación y educación. Perspectiva latinoamericana. ILCE, México.


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LECHNER Norbert (1995). La reforma del Estado y el problema de la conducción política. En: Perfiles Latinoamericanos. Revista de la Sede México de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Año 4. No. 7. Dic. 1995.


Notas.

i En el sentido que recupera C. Castoriadis (2001: 273 y ss.) de la terminología griega inicial: caos, no como desorden sino como vacío.


ii Le Monde Diplomatique (ed. española). Faros. Diálogo entre José Saramago e Ignacio Ramonet. Julio 2002.


iii Página 12, Tomar para vivir, 5 de enero 2003, Buenos Aires.


iv La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) reúne a: Suecia, Francia, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, Países Bajos, Austria, Alemania, Bélgica, Australia, Japón e Italia. Dichos países invierten en conocimiento (R&D, softwares y gastos públicos en educación) entre el 8 y el 11% de su PBI . Si se les agrega el gasto privado en educación y formación, esa cifra se elevaría a 10% (D. Foray: 21).


v Véase p.e., el AMI (Acuerdo Multilateral sobre las Inversiones "Accord Multilateral sur l´Investissement), un texto elaborado en el marco del OCDE (Organización de Cooperación y de Desarrollo Económico). Se pautan los derechos imprescriptibles de las sociedades transnacionales (que comenzó a elaborarse en 1995) firmado por 29 países: se aseguran sus poderes sobre los Estados en un capítulo clave sobre "Derechos de los Inversores" por el cual, por ejemplo, la pérdida de una oportunidad de beneficio sobre una inversión será un tipo de prejuicio suficiente que otorga derecho a la indemnización.


vi Traducción de la autora.


vii En Argentina, el 50% de los jóvenes no termina su escolaridady debido a la situación crítica del sector, tampoco tienen oportunidades para capacitarse y aspirar a trabajos calificados lo cual es un elemento más que obstaculiza la posibilidad de proyectar sus vidas. (Fuente: Gustavo Fernández Russo: Director Nacional de Juventud -DNJ- del Ministerio de Desarrollo Social de Argentina: Noticias CINU, setiembre .noviembre 2001).


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