Marc Abélès es director de investigación del Centro Nacional de Investigación Cientifica. Dirige el Laboratorio de Antropología de las Instituciones y de las Organizaciones Sociales, 59 rue Pouchet, 75017 París, Francia y es profesor de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales. Es autor de numerosos artículos y obras de antropología, entre los que destacan: Anthropologie de l'Etat, 1990, La vie quotidienne au Parlement européen, 1992, En attente d'Europe, 1991, Politique et institutions: éléments d'anthropologie, 1997.
Resumen: 

Los antropólogos empezaron a interesarse por la política como consecuencia de las
repercusiones de las teorías evolucionistas. Sus investigaciones se dirigían
principalmente a las sociedades remotas con sistemas políticos diferentes de los que
prevalecen en las sociedades modernas. Estos trabajos, realizados en todos los
confines del mundo, dieron lugar a monografías, síntesis comparativas, y reflexiones
generales sobre las formas arcaicas del poder. Hoy la antropología debe estudiar las
interdependencias cada vez más estrechas entre estas sociedades y las nuestras, y
las transformaciones que afectan a los procesos políticos tradicionales (Vincent, 1990).
También debe proponerse, igual que las demás disciplinas antropológicas, explorar los
arcanos del mundo moderno y el funcionamiento de los sistemas de poder en el marco
del Estado moderno y de las crisis que lo debilitan. Esta renovación no se limita a una
ampliación del campo empírico, sino que, dados los interrogantes inéditos que se
suscitan, requiere un nuevo planteamiento de conceptos y métodos.
La antropología, partiendo de una visión comparativa que la llevaba construir
taxonomías de "los sistemas políticos", se ha ido orientando hacia formas de análisis
que estudian las prácticas y las gramáticas del poder poniendo de manifiesto sus
expresiones y sus puestas en escena. Este enfoque siempre ha hecho hincapié en la
estrecha imbricación entre el poder, el ritual y los símbolos. Los antropólogos, lejos de
pensar que hay un corte neto y casi preestablecido entre lo que es político y lo que no
lo es, pretenden entender mejor cómo se entretejen las relaciones de poder, sus
ramificaciones y las prácticas a las que dan lugar. La investigación trae a la luz los
"lugares de lo político" que no corresponden necesariamente a nuestra percepción
empírica, que tiende por su parte a limitarse a las instancias formales de poder y a las
instituciones.

A menudo se ha señalado el contraste entre cómo lo político impregna todos los
aspectos en las sociedades tradicionales, lo que se manifiesta en la organización
estatista materializada en sus múltiples instituciones, y la autonomía de que disfruta en
el mundo moderno. Sin duda ésta es la razón por la cual el enfoque antropológico se ha limitado durante mucho tiempo al universo de las sociedades exóticas, en las que la falta de referencias favorecía el entusiasmo de los investigadores por identificar estos
lugares de lo político realizando así un trabajo profundo y de larga duración. La
prioridad que se daba a lo de fuera, a lo remoto, a lo exótico, tuvo el inconveniente de
erigir una frontera entre dos universos que aparecían como dotados de propiedades
ontológicas diferentes. Al oponer así dos métodos; uno apropiado para entender las
sociedades en las que es difícil separar lo político de los demás aspectos de la
realidad, el otro aplicable a la contemporaneidad en la cual la institución política está
claramente circunscrita, se estaban poniendo límites implícitamente al quehacer de los
antropólogos, y reservando a los sociólogos y politólogos el monopolio de las
investigaciones sobre la modernidad. Sin duda este reparto de los campos de estudio
ha tenido efectos positivos, puesto que ha permitido a las diferentes disciplinas
profundizar en el conocimiento de sus respectivos ámbitos.

Fuente: 

Página web de Cholonautas.