Vicente Gonzalvez Pérez.

Comunicar, Revista Científica Iberoamericana de Comunicación y Educación.

Resumen: 

Asumiendo la importancia de las nuevas tecnologías en las aulas, este artículo reflexiona acerca de la necesidad de educar no solo en los usos técnicos y eficientes de las tecnologías de la comunicación, sino también en su uso responsable y cívico, para favorecer los procesos participativos y deliberativos que son el sustento de la democracia.

 

El artículo  señala que el ideal de lograr la participación igualitaria en una sociedad puede hacerse realidad en la cultura digital. Sin embargo un uso hiperselectivo de la tecnología comunicativa puede producir un efecto contrario: las nuevas formas de socialización pueden contribuir a la expansión de «cámaras de eco» o «nichos digitales», es decir, espacios discursivos cada vez más reducidos en donde el derecho a decir  se desvincula de la responsabilidad de escuchar críticamente lo que procede de un espacio público más abierto y plural.

 

Una de las metas de la educación en la cultura digital es precisamente frenar esta tendencia, por lo cual en el artículo se proponen orientaciones educativas para evitar estos sesgos y para fomentar, mediante la tecnología comunicativa, la ciudadanía digital y los valores éticos propios de sociedades democráticas.

 

La tecnología ha cambiado la forma en que recibimos y comprendemos la información. Internet, por ejemplo, está reforzando la tendencia actual a buscar activamente lo que la persona desea ver, leer o escuchar. Esta individualización puede sumergirnos en esos «nichos digitales» (ever-smaller niches) que pueden llegar a ser un freno para la ciudadanía democrática en las sociedades de la información.

 

Para el autor, la libertad requiere de iniciativas públicas, de medidas educativas y formativas para evitar que la suma de decisiones individuales razonables como la decisión de personalizar y filtrar digitalmente la información, produzca a la larga un deterioro del tejido social y de las libertades reales de los ciudadanos. Asimismo, el filtrado individualizado de lo informativo puede repercutir en la desaparición del subsuelo necesario para optar libremente a informaciones públicas, de interés general, amén de suponer un obstáculo para la deliberación, la reflexión y las responsabilidades democráticas.

 

Argumenta además que en democracia, se requiere que la mayoría de ciudadanos –o un gran número de ellos– tenga experiencias comunicativas comunes, análogas. "La diversidad cultural e informativa, la multiplicidad posmoderna, es un valor apreciable, pero tiene sus límites: no es un valor a perseguir cuando revierte en fragmentación social y cuando impide enfrentarse de modo cívicamente común a problemas comunes. Los peligros de la fragmentación comunicativa –digital o audiovisual– son mayores a medida que las naciones se vuelven más globales".

 

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Fuente: 

Tomado de  la Revista Comunicar, 36, 131-138. (DOI: 10.3916/C36-2011-03-04).