Resumen: 

"Recursos hacia una salud escolar efectiva - FRESH" es una iniciativa interagencial que tiene como objetivo la focalización de recursos hacia una salud escolar efectiva. El marco conceptual que en ella se propone contempla el diseño e implementación de programas de salud efectivos para todas las escuelas. Su objetivo es rescatar los elementos básicos que, en el ámbito de la salud escolar, forman parte de la experiencia colectiva de las agencias asociadas.

Se basa en cuatro componentes fundamentales:

  • Políticas de salud escolar.
  • Agua, saneamiento y el entorno.
  • Educación para la salud orientada a las destrezas.
  • Servicios de salud basados en la escuela.

Y en tres actividades de apoyo:

  • Alianzas entre maestros y trabajadores de salud.
  • Alianzas en la comunidad.
  • Sensibilización y participación de los alumnos.

La prevención del consumo de sustanciás como las drogas, el tabaco y el alcohol, es uno de los temas para las cuales esta iniciativa puede resultar útil.

La experiencia ha demostrado que las escuelas pueden ser eficientes espacios para la prestación de servicios básicos de salud, entre los que se cuentan los programas de alimentación escolar y el suplemento de micronutrientes, la eliminación de parásitos, inmunizaciones, monitoreo de la salud básica y el desarrollo del niño. El mejoramiento de la salud integral del niño – tanto física como psicológica – representa una importante estrategia para reducir su vulnerabilidad frente al uso de drogas y otros comportamiento de alto riesgo. Además, una mejor salud no constituye sólo un beneficio en sí mismo, ya que también ha demostrado elevar las tasas de matrícula, asistencia y retención, así como los resultados de aprendizaje.

El documento expone los argumentos para focalizar las iniciativas a través de la escuela. A continuación algunos de ellos:

Habida cuenta que el abuso de drogas está mucho más generalizado en la población y se encuentra en aumento entre la juventud, y adoptando la lógica que es más fácil prevenir que curar, claramente los jóvenes deben ser considerados el objetivo de más alta prioridad en la lucha por prevenir y reducir el uso de drogas. Lamentablemente, la prevención entre los jóvenes se ve complicada por diversos factores:

  • Los niños y adolescentes muestran la tendencia a desechar y subestimar las consecuencias que su comportamiento puede tener en el largo plazo. Su habilidad para comprender los peligros asociados con el uso de drogas, entender qué es la adicción, la facilidad con que puede ocurrir y lo difícil que es superarla, sencillamente no está bien desarrollada.
  • La adolescencia representa un período de rápido desarrollo físico, emocional y social, a menudo acompañado de un aumento de la tensión, falta de confianza en sí mismos, cambios de humor y rebeldía. Experimentar y tomar riesgos son características naturales de la adolescencia y el uso de drogas ofrece una excelente oportunidad para ponerlas en práctica.
  • Los pares, particularmente los jóvenes algo mayores, pueden ejercer una gran influencia sobre los adolescentes durante este período. Con frecuencia, los jóvenes deben soportar presión por parte de sus propios pares para usar drogas.
  • Los adultos usan drogas y los jóvenes aspiran a adoptar los comportamientos del adulto.
  • En muchos lugares, las leyes y disposiciones establecidas con el propósito de desalentar o prevenir el abuso de drogas, no son los suficientemente estrictas o no se hacen cumplir con la debida rigurosidad. Como resultado de esto, los jóvenes tienen fácil acceso a numerosos tipos de drogas, especialmente a drogas legales como el alcohol, tabaco e inhalantes, aunque con frecuencia, también, a las drogas ilícitas.
  • La cultura popular y los medios de comunicación suelen glamorizar el uso de drogas.
  • Las industrias del alcohol y del tabaco orientan su propaganda hacia la juventud, en forma deliberada y agresiva.
  • En términos generales, los efectos placenteros de las drogas son más inmediatos, en tanto que sus efectos nocivos suelen presentarse en el largo plazo.
  • El hecho de tomar y consolidar una decisión libre y consciente de no usar drogas, particularmente ante las presiones de pares y de otras influencias que promueven su uso, representa un comportamiento muy complejo.

La escuela representa un singular e importante entorno a través del cual es factible canalizar las iniciativas de prevención ya que esta combinación de factores predisponentes se puede abordar en forma más efectiva mediante la aplicación de un enfoque integral y sostenido donde las políticas, aspectos del entorno y la educación y los servicios de salud, se combinan para entregar a la juventud el conocimiento, las actitudes y competencias que este complejo comportamiento hace necesario. Por ejemplo:

  • A través de la escuela, es posible llegar al estudiante antes de lo que se ha considerado la etapa típica de inicio de la drogadicción y durante los años críticos de la adolescencia.
  • Las escuelas pueden establecer y velar por el cumplimiento de políticas que promuevan tanto la creación de entornos que protejan a los jóvenes contra su exposición a las drogas y a los drogadictos, como una visión más amplia de la vida sana.
  • Durante los años de escolarización las escuelas pueden impartir en forma sostenida cursos sobre prevención de drogas y así entregar el conocimiento, las actitudes y competencias que los jóvenes necesitan para rehusarse a usar drogas.
  • Las escuelas pueden ofrecer, o vincular a los estudiantes, con actividades que ofrezcan alternativas al uso de drogas, y que al mismo tiempo satisfagan sus necesidades de autoexpresión, recreación y desarrollo social, libres de riesgos. Por ejemplo, el ejercicio físico y la práctica de deportes son actividades que constituyen excelentes medios para controlar la tensión y lograr la aceptación de compañeros.
  • Los maestros y demás funcionarios escolares pueden desempeñar el papel de modelos positivos de adultos y orientadores.
  • A través de programas de enseñanza mutua, las escuelas pueden encauzar el potencial positivo asociado con la presión de pares.
  • A través de los propios estudiantes, las escuelas pueden educar a los padres sobre las drogas y apoyar los esfuerzos orientados a mantener a sus hijos libres de su uso.
  • Las escuelas proporcionan una vía para introducir en la comunidad información y estrategias sobre prevención y pueden adoptar un rol protagónico en la promoción de políticas y servicios que contribuyan a reducir el uso de drogas.
  • El personal escolar puede aprender a detectar las señales que revelan un posible uso de drogas e intervenir oportunamente para ayudar a los estudiantes a recibir tratamientos y servicios de orientación.
  • Las escuelas proporcionan un mecanismo eficiente y efectivo para llegar a un gran segmento de la comunidad y a los estudiantes. Aproximadamente el 80% de la población infantil asiste a la escuela primaria y el 60% cursa, como mínimo, cuatro años de educación.

Por todas estas razones, las iniciativas de prevención implementadas a través de las escuelas constituyen un componente crucial de las iniciativas encaminadas a reducir las consecuencias altamente negativas para la sociedad, asociadas con el uso de drogas. Si bien nadie ha sugerido que las autoridades educacionales deben asumir en su totalidad la responsabilidad de cambiar el comportamiento del estudiante en materia de salud, en general – y en particular en lo referente al uso de drogas – las escuelas juegan un papel esencial en términos de garantizar que los jóvenes puedan desarrollar el conocimiento, las actitudes y competencias que la decisión de rechazar el uso drogas hace necesaria. Adicionalmente, ofrece las oportunidades y los medios para llevar dicha decisión a la práctica.