Autor: 
Elizabeth Fox
Fecha de Publicación
Marzo 27, 2017
Afiliación: 

United States Agency for International Development (Fox); United Nations Children's Fund (Obregón)

En vez de ser una cuestión de si las intervenciones para el cambio social y de comportamiento pueden llevar a mejorar los resultados de salud, es clave asegurar que estas intervenciones sean medidas con el rigor, calidad y esfuerzo necesario para facilitar el cambio deseado. Este es el reto de tener muchos públicos involucrados en esfuerzos a nivel global, regional y en el país previniendo las muertes y asegurando que los niños sobrevivan, prosperen y se desarrollen en todo su potencial”.

Reconociendo el hecho de que mejorar la supervivencia de los niños ”requiere de la promoción de comportamientos saludables al igual que requiere esfuerzos para abordar la exclusión social, la discriminación y un rango de determinantes sociales y de comportamiento que atraviesan el ciclo de la vida”, durante junio 3 y 4 de 2013, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), en colaboración de la Fundación de la Infancia las Naciones Unidas (UNICEF), presentaron la Cumbre de Evidencia para Mejorar la Supervivencia Infantil y el Desarrollo de Países de ingresos Bajos y Medios para Alcanzar Cambios de Comportamiento a Nivel de la Población, en Washington, D.C. Estados Unidos. 

“La meta final de esta cumbre fue determinar qué intervenciones basadas en evidencia y qué estrategias soportan un cambio sostenible de comportamientos, relacionados con la salud en poblaciones de ingresos bajos y medios, para reducir la morbilidad y mortalidad de niños menores de 5 años”. Esta reseña se basa en una editorial publicada en un fascículo especial del Journal of Health Communication a partir de la cumbre.

En el documento, los participantes de la cumbre, Elizabeth Fox y Rafaél Obregón, describen un panorama que muestra una “tradición de aplicar altos estándares de evidencia a la revisión de la comunicación en salud y los programas de cambio de comportamiento” en el contexto de la supervivencia infantil. Por ejemplo, hacen referencia Pormise Renewed, un movimiento global que busca poner fin a las muertes previsibles de los niños. Esta iniciativa reúne actores de la esfera pública, privada y sociedad civil, comprometidos con la abogacía y la acción para la supervivencia materna, de recién nacidos y niños. Adicionalmente, Fox y Obregón afirman que en septiembre de 2010, Unicef lanzó el documento “Reduciendo la brecha para alcanzar los objetivos”, que enfatizó en la necesidad de enfocarse en la equidad para hacer frente a las diferencias y privaciones que excluyen algunos segmentos importantes de la población del acceso a la salud y los servicios sociales, y finalmente ponen a sus hijos en mayor riesgo de muerte”.

Fox y Obregón, proporcionaron algunas reflexiones sobre la cumbre y su propósito, como lo muestran los siguientes fragmentos:

“Con base en la extensa literatura que soporta la importancia de comportamientos como el tiempo de espera saludable o el espaciar los embarazos, amamantar, vacunación, lavado de manos, entre otros, damos por hecho que obtener cambios a nivel de la población en estos comportamientos tendrá un impacto positivo en la salud. La cumbre se enfoca, en cambio, en la importancia del siguiente paso,  cuál es la evidencia de las intervenciones diseñadas para producir cambios de comportamiento alrededor de estas intervenciones a nivel individual, comunitario y de sistemas de salud/nivel político, incluyendo esfuerzos que abordan la equidad de género, el estigma y la discriminación. 

Muchas de las intervenciones examinadas fueron diseñadas para mejorar el conocimiento y las actitudes mientras otras fueron más directamente a abordar los comportamientos como tal. La lógica de orientar los conocimientos y las actitudes es el supuesto de que los cambios en estas variables son importantes para mediar los resultados y finalmente pueden impactar los cambios de comportamiento. Debido a que los cambios de conocimiento y actitudes pueden ocurrir sin evidencia del cambio de comportamiento, se quizó enfatizar en estudios de intervenciones con resultados de cambios de comportamiento o resultados en la salud. En muchos estudios, se encontró que los cambios en la salud fueron el principal índice medido y que que los cambios de comportamiento que se asume mediaron los efectos de la intervención, no fueron medidos. 

En el pasado, algunas veces como resultado de la falta de financiamiento o capacidad, o tal vez por presiones, aquellos que ejecutan los programas de comunicación en salud para el cambio de comportamiento no siempre han llevado a cabo investigación de evaluación para calibrar el impacto de los programas. Sin datos, los que financian y ejecutan no pueden saber qué partes funcionaron o no, cuáles fueron las intervenciones más eficaces, o qué intervenciones fueron más apropiadas.

Entre tanto, las brechas entre conocimientos y comportamientos, desinformación y falsas concepciones, además de los niveles bajos de adopción de los comportamientos básicos de salud por amplios sectores de la población, continúan azotando a los programas de salud alrededor del mudo (…) 

Los programas de cambios de comportamiento están siendo presionados cada vez más para obtener evidencia de impacto como con otras inversiones para el desarrollo e intervenciones (…)

(…) es clave asegurar que la evidencia de qué funcionó esté integrada con los programas públicos nacionales y sub-nacionales, y sea usada para ajustar y enfocar las intervenciones y las prácticas para el cambio de comportamiento a nivel de la población en el mundo. Del mismo modo, la abogacía global y regional para asegurarse de que las intervenciones de cambio social y de comportamiento estén basada en evidencia, y soporten con recursos humanos y financieros adecuados para alcanzar un mayor impacto, seguirán siendo un componente crítico de los esfuerzos globales y nacionales (…) 

Fuente: 

Journal of Health Communication: Special Issue: Population-Level Behavior Change to Enhance Child Survival and Development in Low- and Middle-Income Countries: A Review of the Evidence, Volume 19, Supplement 1, 2014, pages 3-9.Image credit: Chris Morry