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La comunidad toma un rol activo en la promoción de los derechos sexuales y reproductivos de los y las adolescentes
Contexto
Este proyecto, financiado por la Fundación Ford y ejecutado por el Instituto de Educación y Salud del Perú, tiene como principal objetivo promover que los agentes clave de las jurisdicciones en las que intervienen las Microredes de Salud “La Libertad” y “Huáscar II”, del distrito de San Juan de Lurigancho en Lima, Perú, asuman un rol de promoción de los derechos sexuales y reproductivos de los adolescentes.
El proyecto partió de un estudio que tuvo como propósito identificar los factores socioculturales que actúan como barreras para el reconocimiento y ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos. Los componentes centrales de la propuesta son: la participación activa de la comunidad en la fase de autodiagnóstico; y, la puesta en marcha de un modelo piloto para la promoción de los derechos sexuales y reproductivos de los adolescentes.
Los destinatarios del proyecto son adolescentes varones y mujeres entre 10 y 19 años de edad, grupo etáreo en estado de vulnerabilidad frente a problemas de salud sexual y reproductiva tales como embarazos no planificados, abortos inseguros e infecciones de transmisión sexual incluido el VIH/SIDA.
Metodologías
A partir del diagnóstico participativo realizado con agentes clave de la comunidad, se han conformado dos núcleos comunitarios en el distrito de San Juan de Lurigancho: uno de la zona baja y otro de la zona alta. Ambos grupos estuvieron compuestos por adolescentes, jóvenes y adultos entre los que se pueden encontrar profesionales de salud, promotoras, miembros del programa “El Vaso de Leche”, jóvenes y adolescentes de organizaciones juveniles y dirigentes de la comunidad.
Los agentes clave de ambas zonas han desarrollado habilidades para la organización y gestión de un plan de acción a favor de la salud sexual y reproductiva de la población adolescente. Como parte del proyecto se está preparando una publicación sobre técnicas de diagnóstico participativo comunitario.
Las estrategias del proyecto fueron:
- Participación e involucramiento de la comunidad en las diferentes etapas del proyecto.
- Desarrollo de conocimientos y habilidades en profesionales de salud y agentes clave de la comunidad.
- Concertación entre los diferentes actores de la comunidad para un trabajo conjunto a favor de los y las adolescentes.
Resultados
Como lecciones aprendidas del proceso cabe mencionar:
- En el estudio inicial, realizado como parte del proyecto, se pudo apreciar que en algunas personas se impone la norma social sobre los derechos. Es decir, si bien muchas personas manifiestan reconocer que los adolescentes tienen ciertos derechos, en la práctica prevalecen las normas sociales que valoran lo que es “bueno o malo”, “correcto/incorrecto” en el comportamiento de los y las adolescentes. Existe un doble discurso, en el que se mantiene la censura social hacia la vivencia sexual.
- El acceso de los adolescentes a la información y orientación adecuada y oportuna implica llegar a ellos en los espacios naturales en los que se desenvuelven, y no esperar que vayan al Centro de Salud a solicitarla.
- Es necesario articular los esfuerzos de los agentes clave de la comunidad para realizar acciones conjuntas que favorezcan la salud de los adolescentes. Esto implica un cambio en la visión de los profesionales de los servicios de salud sobre la función que tiene éste. En ese sentido, se sugiere que se otorgue tanta importancia a la labor preventiva como a la asistencial.
- Un elemento a tener en cuenta en el trabajo con grupos comunitarios compuestos por adolescentes y adultos, profesionales y no profesionales, además de la capacitación en temas vinculados a los derechos sexuales y reproductivos y del afianzamiento de los núcleos, son las relaciones entre varones y mujeres, y las relaciones entre adultos y jóvenes. Si bien las personas que participan en el grupo tienen motivación por realizar actividades en su comunidad a favor de la salud sexual y reproductiva de los adolescentes, se filtran representaciones vinculadas a la sexualidad marcadas por los mandatos tradicionales de género. Por otro lado, al inicio se manifestaba en algunos adolescentes el temor de dar su opinión respecto a ciertos temas. De parte de los adultos se observó el deseo de dar consejos sobre lo que los adolescentes tienen o lo que no tienen que hacer. Según los ejecutores del proyecto, promover la equidad generacional y de género requiere de un proceso que pasa por tomar conciencia de las actitudes, estereotipos y opiniones que se tienen. Para favorecer esto, se establecieron en el grupo compromisos que todos debían asumir y que contribuyeron a promover la equidad.
- Promover una real participación de la comunidad -más aún en temas sensibles como el de derechos sexuales y reproductivos- es un proceso que requiere de un esfuerzo permanente de los actores. Se requiere renovar estrategias de articulación de acuerdo al contexto, así como un acompañamiento sostenido durante un periodo “razonable” de tiempo. Este acompañamiento debe producirse durante varios ciclos del trabajo comunitario. Un primer ciclo implicaría el inicio de la articulación, la integración, el desarrollo de capacidades, el diseño, ejecución y evaluación de acciones; así como apoyar los momentos de declinación de la motivación. Iniciar un segundo ciclo constituye un paso para la consolidación de la participación pues implica una decisión más autónoma del grupo para ejecutar acciones. Además, una segunda ejecución exitosa posibilita la puesta en práctica de sus capacidades. Finalmente llegar a un tercer ciclo de trabajo representa que algo se ha institucionalizado. En el proceso, la participación de la organización impulsora (ONG o similar) que tiene a su cargo el acompañamiento debe ser cada vez menos activa.
Fuente
Tomado de la página web del IES
En La Iniciativa de Comunicación desde el 11 de Enero de 2006
Actualizado el 11 de Enero de 2006
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