Periodismo desde la mirada de la víctima
Cuando a los estudiantes de periodismo o a los jóvenes reporteros que se inician en los medios de comunicación les inculcan la práctica de la objetividad, los profesores o los editores, según sea el caso, generalmente les hablan de este concepto como sinónimo de neutralidad. Ahí comienza uno de los grandes equívocos de la práctica periodística en buena parte de los medios de comunicación, que consiste en creer que su función se limita a ofrecer el micrófono o la grabadora tanto al vencido como al vencedor, al denunciante como al denunciado, al gobernante como al gobernado, y punto. Con ese simplón ejercicio de reparto de espacios esos medios de comunicación creen estar cumpliendo su misión en el mundo.
A eso llaman equivocadamente objetividad y se dedican a venderle al público la ilusión, el efecto, la apariencia de ser neutrales, por lo tanto, objetivos. Lo dicho se evidencia cuando a la huella profunda de un abuso de poder le contraponen la versión oficial de la autoridad que desmiente cínicamente el abuso; cuando al doloroso testimonio del agredido le contraponen la oportunista coartada del agresor. La trampa de la neutralidad consiste en otorgarle igual autoridad moral a la víctima y al victimario. Bajo ese concepto se elimina la sospecha en la práctica periodística, y los reporteros se convierten en notarios desapasionados de los hechos en lugar de atentos escrutadores de la realidad.
Pero la objetividad no es sinónimo de neutralidad sino de ética. La objetividad no riñe con la toma de posiciones, ni con el ángulo de visión desde el cual se ejerce el periodismo, ni con los recursos narrativos, auditivos o visuales con los que un medio de comunicación da cuenta de los acontecimientos. La objetividad consiste precisamente en hacer transparente esa posición, en aclarar desde qué lugar ideológico, político o social se emite el mensaje y cuál es el punto de vista del que lo hace, en asumir ese lugar de enunciación y, desde ahí, hacerse responsable de las afirmaciones y garantizar la veracidad de los hechos sobre los que se informa. Es decir, una ética de la transparencia. Esa dimensión de la objetividad no requiere rodearse de efectos ni apariencias, sino de procedimientos que garanticen su idoneidad y su fiabilidad. En otras palabras, no inventarse lo que no ocurre, pero tampoco callar la propia voz ante lo que ocurre.
Esta reflexión inicial, muy corta para ser un ensayo y muy larga para una introducción, se justifica por el deseo de poner en contexto y presentar una entrevista con Paco Velasco, director de Radio La Luna y del noticiero La Clave, probablemente el único espacio informativo en el Ecuador que rompe con la ilusión de neutralidad y emite sus mensajes desde una posición claramente identificada con el contrapoder, con los movimientos sociales, con la causa ambiental, con la bandera de la anticorrupción. La Clave se escucha en Quito de lunes a viernes, de 06h00 a 09h30 y de 12h00 a 13h00 en los 99.3 FM. A Velasco se lo ha calificado de alarmista, amargado, desencantado, pesimista, etc., por esta forma de hacer periodismo que privilegia la mirada de la víctima antes que la del victimario. Mejor dejemos que él nos cuente sus razones:
Gustavo Abad: ¿Cuál es el sentido de objetividad que manejas en tu noticiero?
Paco Velasco: Yo pienso que la objetividad tiene dos significados: el uno tiene que ver con el profesionalismo, con el apego a los hechos, y con algunas otras categorías que la prensa maneja para mantener su credibilidad. Por ejemplo, si en una sesión parlamentaria se producen ciertos hechos, hay que contarlos de manera lo más apegada a cómo ocurrieron. Yo defiendo esa dimensión de la objetividad. Pero hay otra, según la cual se pretende que los hechos sean contados desde una mirada absolutamente neutral, y es en ello donde yo encuentro algunos problemas.
GA: ¿Por ejemplo...?
PV: Pensemos en la perspectiva del narrador literario, en la que su punto de vista es fundamental. Cuando el narrador literario ha visto una violación, él va a contar esa violación desde alguna perspectiva, lo quiera o no, va a asumir una perspectiva, que puede ser la de la persona violada, o la del violador, o la suya propia como narrador. Todas son legítimas y sirven para construir un sentido. Entonces, yo pienso que el narrador periodístico también puede asumir deliberada y concientemente una perspectiva, y utilizar para ello todas las herramientas narrativas para contar los hechos, en este caso, desde la perspectiva de la persona violada. Por más que el narrador periodístico intente guardar una supuesta neutralidad, siempre va a estar compelido por la fuerza moral de la víctima, lo cual no significa romper la objetividad, sino asumir deliberadamente la subjetividad que está ahí presente, la subjetividad de la víctima.
GA: ¿En otras palabras, hacerse cargo de una mirada?
PV: Yo diría hacerse cargo de un punto de vista narrativo. Te pongo un ejemplo más cercano: el asalto a la farmacia Fybeca en Guayaquil (El 19 de noviembre de 2003, un operativo policial, organizado para impedir un asalto a una farmacia de la cadena Fybeca, dejó ocho muertos y tres desaparecidos, entre los muertos constan seis personas que aparentemente estaban involucradas en el asalto, pero también un cliente sin relación alguna con el atraco y un mensajero del establecimiento. La Policía niega su responsabilidad). En ese caso, una mirada neutral, supuestamente objetiva, apenas alcanza a conmoverse por la muerte de los inocentes, como aquel padre de familia que fue a comprar pañales para su hija y resultó abaleado, pero no se conmueve por todos los muertos, incluso por los presuntos delincuentes que perdieron la vida en ese operativo policial. La mirada neutral no lo dice, pero casi termina admitiendo que los supuestos delincuentes están bien muertos por ser delincuentes. Una mirada más completa sería narrar los hechos desde la perspectiva de todos los que murieron allí, delincuentes o no, porque todos fueron ejecutados, ajusticiados.
GA: Sin embargo, los medios de comunicación sintonizan una matriz cultural que les exige ser neutrales, es decir, aparentemente objetivos ¿quién falla, el medio o la demanda del público?
PV: Depende de cuál sea el sentido de objetividad que se plantea. Yo creo que debe haber una apuesta periodística en la que deliberadamente asumamos un punto de vista, porque no creo en miradas neutrales, ni aún en las ciencias físicas, pues ni la observación de los fenómenos naturales pueden quedar al margen de la mirada del investigador. O miras a la partícula en su desplazamiento o la miras en su carga eléctrica. Si sólo miras su trayectoria, puedes decir que eres neutral y no intervienes, pero si mides su carga eléctrica significa que la interfieres para estudiarla, por lo tanto ya intervienes en su proceso. Lo mismo ocurre con los hechos sociales, o los miras ocurrir simplemente o intervienes en ellos cuando los narras deliberadamente desde una perspectiva no neutral.
GA: En los medios de comunicación sí se puede narrar desde la mirada de la víctima, pero a cambio de una serie de artificios y negociaciones, de ceder unas cosas a cambio de otras ¿hasta dónde se puede negociar una voz pública como es la del periodista?
PV: Yo creo que el mantenimiento de una voz pública necesariamente requiere una serie de negociaciones, por lo tanto, yo no podría transformar al periodismo sólo en una tribuna de agitación. Trato de evitar esa posibilidad, porque el mensaje periodístico es un espacio de negociación pública. El mantenimiento de esa voz en una sociedad de clases, demanda negociaciones. Tú los llamas efectos de objetividad para legitimar esa voz frente a la sociedad, y es cierto, porque en última instancia se trata de eso, de hacer que esa voz salga y sea creíble.
GA: ¿Cuál crees que es la tendencia en los medios de comunicación ecuatorianos?
PV: Tengo una buena impresión del conjunto de los medios y de los periodistas ecuatorianos, porque tienen que negociar con los poderes que están en todas partes, a fin de mantener la voz pública, que me parece uno de los actos más sagrados del periodista. Lo que sí te diría es que es imprescindible estar mirando a eso que llamamos opinión pública, a la gente, a las fuerzas sociales, a sus expresiones. La prensa en este país todavía no está coptada por los grandes poderes económicos, como sí ocurre en países como Perú o Colombia, para hablar de los casos más cercanos. Obviamente, en el Ecuador existen medios vinculados a los banqueros corruptos, pero no son la mayoría. Ya quisiera el gran poder tener una prensa más sumisa. Es decir, en el Ecuador la prensa todavía le puede disputar al poder una mirada sobre lo que pasa.
GA: En ese estado de cosas mucho tiene que ver las prácticas individuales de cada periodista...
PV: Claro, por ejemplo, frente a este pacto del gobierno de Lucio Gutiérrez con los grandes poderes, los periodistas podían haber mantenido una calma chicha, un espacio democratón, denso, pero no lo han hecho, y más bien han reaccionado y han creado un ánimo, una atmósfera de rechazo a eso.
GA: En tu noticiero expresas una voz desencantada, sufrida, irónica, que evidentemente sintoniza con una matriz cultural, pero no con el poder ¿Eso es así o es sólo un efecto?
PV: Hay algunas maneras de construir una ética del no, una ética de la resistencia para decir no al gran poder, no al envilecimiento colectivo. Hay algunos caminos, entre ellos un alejamiento, un escepticismo, un desencantamiento literariamente preciosos. Un amargamiento, como dices tú. Yo me conozco y me gustaría ser más amargado todavía. Por una serie de energías íntimas me gusta esta ética del no.
GA: Te lo decía porque ahora existen una serie de llamados a ver las cosas buenas de la vida, que eliminan la posibilidad del pesimismo como condición del ejercicio crítico...
PV: Sí, pero todo depende de la cultura. Yo creo que en Quito especialmente existe una atmósfera de comemierda eterno, donde es posible ejercer esa ética del no. Esa es una de las maravillas de esta ciudad, donde la gente reacciona ante el poder, y si el poder le da una bofetada, probablemente ese rato se agacha por estrategia, pero un poco más allá, se da la vuelta y le grita ¡hijo de puta!...
Resumen:
Paco Velasco es periodista graduado en la Universidad Central del Ecuador, tiene una experiencia de 30 años en radio y ha sido ganador dos veces del Premio Símbolos de Libertad (1994 y 2003). Desde 1988 dirige el noticiero La Clave y es, desde 1995, director de Radio La Luna.
Fuente:
Entrevista realizada por Por Gustavo Abad, periodista graduado en la Universidad Central del Ecuador, magíster en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina Simón Bolívar, reportero e investigador de temas sociales y culturales. Enviada a La Iniciativa de Comunicación en comunicación del 2 de febrero de 2004.
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para nada yo estaba buscando las ventajas y desventajas de los medios de comunicacion en la veracidad de los hechos y lo que menos sale es eso
Muy buenas tardes, mi nombre es Jennifer Suarez, y soy estudiante de Comunicacion Social de la Universidad Catolica Cecilio Acosta en Venezuela / Merida. Me parecio excelente la entrevista que se apunto hacia la objetividad de la Comunicacion. Quisiera que me brindaras mas informacion sobre el tema.
Mi email es.
jenniferstg@hotmail.com
Gracias.
Saludos.