| Búsqueda avanzada |
SeccionesBoletines electrónicosSocios Red-Salud |
Calificación promedio: no presentaron puntuaciones
AutorJuan Ignacio Manchiola Experiencia periodistica11
Breve CVAntecedentes: Prensa institucional en diferentes estamentos (incluida la Presidencia) de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires. Colaboraciones en la revista dominical del diario El Día de La Plata. Colaboraciones en medios escritos y radiales de la capital bonaerense. Desde 2002 y hasta hoy, periodista de la agencia de noticias RENA, especializada en emergencias y desastres de Argentina y MERCOSUR.
Nombre del medioAgencia de Noticias RENA
Tipo de medioInternet
Dirección del medio de publicaciónPlaza Alsina nº 181 (1900)
TemaSer mujer, trabajadora sexual y portadora de VIH en Argentina implica afrontar el enorme peso de la discriminación; la vulnerabilidad crece así exponencialmente.
CiudadLa Plata
Género periodísticoReportaje
PaísArgentina
Sección donde se publicóEspeciales
Fecha de Publicación30/07/2009
Teléfono54-221-425-6985
Nombre del EditorSusana González
Correo electrónico del EditorSinopsisNo es fácil ser mujer, trabajadora sexual y portadora de VIH en Argentina. La discriminación se triplica. Y así, la vulnerabilidad crece exponencialmente. Lo sabe "M", portadora de 37 años, y elige esconder su nombre. Lo atestigua Jorgelina Sosa, Secretaria General Adjunta de la Asociación Mujeres Meretrices de Argentina (AMMA). Lo reflejan las miles de luchadoras del país y la región que claman por una mayor participación en las políticas y programas pertinentes.
Copie aquí texto completoTrabajadoras sexuales, víctimas de discriminación y abuso, soportan con valentía el Sida Buenos Aires, 30 de julio de 2009 (RENA). No es fácil ser mujer, trabajadora sexual y portadora de VIH en Argentina. La discriminación se triplica. Y así, la vulnerabilidad crece exponencialmente. Lo sabe "M", portadora de 37 años, y elige esconder su nombre. Lo atestigua Jorgelina Sosa, Secretaria General Adjunta de la Asociación Mujeres Meretrices de Argentina (AMMA). Lo reflejan las miles de luchadoras del país y la región que claman por una mayor participación en las políticas y programas pertinentes. Gracias al trabajo de la AMMA, revela Sosa a RENA, la prevalencia del virus en las mujeres que ejercen la prostitución ha decrecido. Hoy, según una investigación que se realizó en conjunto con la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la tasa es del 1.9 por ciento. Muy por debajo de los trabajadores sexuales hombres (del 11.6) y travestis (del 34.2). La transmisión suele darse al interior de la pareja, como en el resto de la población femenina. Así le ocurrió a "M", trabajadora sexual desde hace 11 años. Su esposo le transmitió el VIH y más tarde murió de Sida. Sola y sin sustento, emigró embarazada desde el Gran Buenos Aires a la lejana provincia de Santiago del Estero. Allí empezó a ejercer la actividad porque ni ella ni su hija tenían siquiera para comer. "Yo vivía como una persona más, en un hogar bien constituido, una casa y un marido", recuerda con una mezcla de reproche e ironía. Hoy está en pareja con un portador de HIV y es madre de cuatro hijos, todos libres del virus, relata a esta agencia. En una reunión de junio último que mantuvo un representante del Ministerio de Salud de la Nación con miembros de FUNDAMIND y otras ONGs, se difundieron nuevas estadísticas oficiales sobre VIH, según las cuales en el país hay 42.068 personas bajo tratamiento y se estima en 150 mil el número de personas que no conocen su diagnóstico y a las que no se ha podido llegar con la prevención. En la oportunidad, el licenciado Gerardo Mitre, presidente ejecutivo de FUNDAMIND, señaló que "por cada persona que recibe tratamiento, se estima que hay tres personas que se infectan por el VIH, lo cual revela la necesidad de reorientar el foco de las políticas y pasar de la asistencia a la prevención". De acuerdo con un reciente boletín oficial, el patrón que identifica las formas de transmisión entre los años 2001 y 2007 se asocia preponderantemente a la vía sexual: así contrajo el virus el 82 por ciento de las mujeres. Fruto del esfuerzo La Secretaria General Adjunta de la AMMA, Miembro de la Mesa de Enlace de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), sección Capital, dice que han logrado crear delegaciones en diez puntos de la Argentina. Y que el deseo es extenderse a todas las provincias del país. "Trabajamos en la organización para ayudar a la calidad de vida y salud de todas nosotras y no para fomentar la prostitución", aclara. Esa extendida presencia les permitió hacer testeos (voluntarios) junto con la Facultad de Medicina de la UBA y comprobar que "la prevalencia en este último tiempo bajó". ¿La razón? El trabajo que llevan a cabo incansablemente. "Bajamos continuamente a los barrios, repartiendo preservativos, explicándoles a las compañeras qué es el Sida, y otras enfermedades sexuales. Es un trabajo de campo que se viene haciendo desde hace años". Pero el imparable tráfico de mujeres ha hecho que muchas trabajen en lugares ocultos y desconocidos, lo que dificulta la llegada de la AMMA para controlar en qué condiciones lo hacen, según denuncias de Elena Reynaga, titular de la organización. La investigación junto con la UBA, que abarcó el período comprendido entre octubre del 2006 y septiembre del 2008, permitió saber además que de las 1090 mujeres relevadas (de un total de 1319 trabajadores sexuales, incluyendo hombres y travestis), la gran mayoría empezó en la actividad por la situación económica y el desempleo, el mayor número tiene un nivel de educación formal bajo y menos del 6 por ciento goza de obra social o sistema de salud pago. Cerca del 50 por ciento sufrió un aborto durante su vida. La mitad vive con una pareja estable y el 85 por ciento tiene hijos. Sólo el 8.5 por ciento usa condón en su hogar, ya sea porque “la pareja rechaza el preservativo”, “disminuye la sensibilidad” o “confía en su pareja”. Cerca del 7 por ciento reportó que su primera experiencia sexual (que en promedio fue a los 15 años) fue por abuso, mayormente de parte de familiares o conocidos. Más del 53 por ciento trabaja en la calle y en más del 95 por ciento de los casos su actividad es riesgosa. El 34 por ciento fue rechazada por su trabajo, más del 22 por ciento fue golpeada por esa causa y más del 43 por ciento, detenida. Casi el 90 por ciento reportó que usa preservativo siempre. Pero cerca de la mitad consume alcohol y más del 11 por ciento drogas ilegales, en especial cocaína y marihuana, lo que incide directamente en el uso de protección. Con la pareja baja la guardia En general, las trabajadoras sexuales adquieren el virus de sus parejas. "Esto nos está indicando que les ocurre lo mismo que a las mujeres en general. Cuando damos nuestro corazoncito, cuando recibimos algunas caricias, nos ponemos tan vulnerables que bajamos la guardia y nos olvidamos que nos tenemos que cuidar", explica Sosa. Pero la organización no se entera de la situación de todas las compañeras, porque los resultados son confidenciales. "Nos cuentan si quieren, si no tampoco les preguntamos". En la investigación que realizaron con la UBA, las trabajadoras respondieron 150 preguntas, con datos como el nivel de educación, la edad y el tipo de vivienda que habitan. A entender de Sosa, fue "un gran paso, porque hubo respeto". En general la respuesta a esas pesquisas es buena, hay muy poco rechazo. "Porque los lugares a donde vamos son ‘amigables’. No es lo mismo pararnos en un hospital. Hay más desconfianza y temor". Para la integrante de AMMA, en los nosocomios la atención "es la misma que con cualquier ciudadano de este país: falta sensibilidad. Hay mucho maltrato hacia el paciente, desde la enfermera hasta el médico, quizá porque también ellos están sobrecargados de laburo y cobrando dos mangos". Sosa cuenta que su trabajo incluye también sensibilizar a esos centros de salud. Trabajan con el Hospital Álvarez y el Muñiz. "Pero las compañeras no quieren ir al Muñiz porque es de enfermedades infecciosas". En cambio, la directora del Álvarez trabajó en el Servicio de Ginecología y eso les da más confianza. Según su experiencia diaria, pocas admiten ser portadoras. "Y están en todo su derecho. Hay que tenerle mucha confianza al médico para blanquearlo. Nuestra actividad nos baja mucho la autoestima: primero hay que superar ser consideradas ‘prostitutas’, hemos conseguido con la organización hasta cambiar incluso nuestro vocabulario y reconocernos como trabajadoras sexuales". Invisibilización "El Estado todavía sigue mirando un poco para el costado. Consideran que no somos ciudadanas, que no existimos”. Esa realidad, dice, sólo cambia en época de elecciones, cuando hacen falta votos. Después, “no nos reconocen como seres humanos". Por definición, el trabajo sexual es una actividad "de riesgo, altamente vulnerable", explica Sosa. Y el Estado, en vez de disminuirlos, muchas veces los acrecienta. Hoy deben soportar que el Ministerio de Trabajo les pida un recibo de sueldo que acredite el trabajo ante cualquier reclamo que quieran hacer. "Si lo hacemos estamos dando lugar al proxenitismo, que ahora, con la trata de blancas, nos pone en más riesgo aún". "Históricamente se ha vendido un estereotipo de nosotras totalmente mentiroso", se enoja Sosa. "Primero como mujeres que manejamos mucho dinero y de una vida fácil; segundo, que somos las que caminamos por la calle cargando con todas las enfermedades de transmisión sexual. Mitos que nos han hecho agachar la cabeza y que hasta nos hicieron creer que no teníamos ningún derecho y por eso tantos abusos, incluso del Estado". En relación con los test y medicamentos para hacer frente a la enfermedad, una vez más la situación es la misma que con cualquier ciudadano del suelo argentino. "Hacer cola en los hospitales, reclamar las drogas. Pero aunque venga la medicación, si la persona está mal alimentada y vive en una casa precaria ¿de que sirve?" Las trabajadoras portadoras hacen frente diariamente a denuncias y destrato. "A compañeras que trabajan en casas de citas se les hacen estudios compulsivos de todas las enfermedades de transmisión sexual y no les dicen que está incluido el de VIH", algo que está prohibido por la Ley Nacional de Sida. Si da positivo, las echan. "Eso queda sentado en la libreta sanitaria, como en (la occidental provincia de) Mendoza, donde si el test daba positivo las encarcelaban por 60 días. Ahora se los hacen en centros de salud, pero antes se realizaban hasta en las comisarías". Sosa se emociona cuando recuerda a las compañeras que no sobrevivieron a la enfermedad. "Sobre todo al principio cuando había poca información y casi nada de medicación ni tratamientos". Hoy las trabajadoras reclaman obra social y jubilación. AMMA lucha para que el Estado reconozca que el suyo es un trabajo. En los registros de la organización hay unas 3 mil afiliadas, pero sólo en un año han visibilizado a otras 10 mil. Un giro en la vida "M" es una trabajadora sexual de 37 años de la norteña Santiago del Estero. Hace 11 que ejerce la prostitución. Pero antes sus cosas iban por un carril muy distinto. Vivía en un partido del Gran Buenos Aires con su marido, hasta que este enfermó y murió de Sida. Fue él quien le transmitió el virus. Ese año, sola y sin sustento para vivir, se fue a Santiago, donde tenía a su familia. Allí empezó a ejercer la actividad porque no tenían dinero para comer, ni ella ni su hija. Cuando llegó allí todavía estaba embarazada. "Yo vivía como una persona más, en un hogar bien constituido, una casa y un marido. Cuando me fui a la casa de mi familia ya sabía que era positiva. Me asusté, creía que ya no podía tener más relaciones. Nunca escondí mi serología", recuerda. Hoy no le dice a sus clientes que es portadora, porque se quedaría sin trabajo, "pero siempre les exijo usar condones, para tener sexo oral o penetración". Primero están ellas y después los demás, sentencia. "Sigo el tratamiento desde hace años pero nunca tuve síntomas. Me controlo siempre y mi carga viral no ha cambiado. Por eso mi médica quiso llevar mi caso a los Estados Unidos, pero me negué porque no quiero ser experimento de nadie. Mi médica dice que mi caso es raro y que debe ser por una cuestión de genes". "M" está en pareja desde hace muchos años. "Mi actual marido también es VIH positivo y fue él que me acercó a la AMMA". Hoy tienen cuatro hijos. Todos están bien. Su vida no es sencilla. Tuvo que abandonar la calle porque en Santiago las persiguen mucho y hoy sólo atiende a contactos telefónicos. "Sufrimos la discriminación cuando vamos a la atención pública, pero no es distinta a la que recibimos por ejercer este trabajo". Por eso, dice, trabajará de eso "si Dios quiere hasta fin de año". Luego dedicará su tiempo a la Asociación. Su sostén es la familia y en segundo orden sus compañeras, muy importantes en su vida porque "sólo entre ellas podemos conversar sobre esta enfermedad que muchas también sufren y porque a muchas de ellas, aún siendo positivas, los tipos no les hacen caso y no se protegen; y ellas lo hacen porque tienen que llevar un mango a su casa". Explotación, desidia y falta de conciencia La periodista Sonia Santoro, directora ejecutiva de Artemisa Comunicación, portal especializado en cuestiones de Género, considera que las mayores vulnerabilidades las sufren las mujeres y niñas que son obligadas a ejercer la prostitución, "ya que no tienen posibilidades de decidir nada y son sometidas y explotadas brutalmente". "Lo que ha pasado en los últimos años es que el tema, sobre todo el de la trata, está más visibilizado a través de los medios de comunicación pero no creo que esto haya mejorado la vida de las mujeres. Al contrario, el negocio parece cada vez más sofisticado y creciente". Hace poco editó una nota sobre la prostitución en Goiana, norte de Brasil, que hoy forma parte del libro ‘Sin nosotras se les acaba la fiesta’. El informe "reflejaba la falta de conciencia de las mujeres que ejercían la prostitución en la necesidad de cuidarse. Muchas continúan enamorándose de sus ‘cafiolos’ y en esa relación todo es permitido". "Sobre los clientes, por referencias de las mujeres, hay de todo. Pero en general no les importan mucho esas mujeres y van a ellas justamente para hacer lo que supuestamente no pueden hacer en otros lados", como tener relaciones sin condón, finaliza. Consultada por RENA, la licenciada Noemí Perelman, Presidente de la Fundación Descida, de Asistencia Médico Psicológica y Legal en VIH/Sida, coincide en que los clientes "ofrecen mas dinero para hacerlo sin preservativo y, como vivimos en una Argentina en crisis, por unos pocos pesos, en ambos casos se deja de lado la vida, en unos por necesidad y en otros por irresponsabilidad, falta de conciencia y percepción del riesgo". "No es prioridad" Un reciente documento de FEIM asegura que ''El VIH/SIDA no es prioridad en la agenda política" del país. Según la organización, a pesar de la legislación, "la provisión de atención adecuada no está garantizada en Argentina, es amplia la diferencia entre lo que proponen los programas gubernamentales y lo que sucede en los servicios de atención a las personas". FEIM encuentra, entre una multiplicidad de fallas, la ausencia de estrategias de prevención y asistencia dirigidas a las mujeres con modalidades diferenciales y con especial atención a los sectores vulnerables: mujeres migrantes, privadas de la libertad, trabajadoras sexuales, niñas/os y adolescentes, con discapacidades, usuarias de drogas, rurales, de minoría étnicas. Las mujeres trabajadoras sexuales presentes en el Foro Comunitario de VIH/SIDA 2007, llevado a cabo el 17 de Abril de ese año en la ciudad de Buenos Aires, fueron claras al respecto: "Sabemos que somos personas con todos los derechos. Y también reconocemos que hoy no se cumplen". Entre muchos otros problemas, revelaron que las y los tomadores de decisión en los ámbitos de gobierno "no están sensibilizados en trabajo sexual, lo que lleva a que nos discriminen y estigmaticen, sin reconocernos como mujeres con derechos". Tampoco se reconoce su actividad como un trabajo. "No se cumple con nuestro derecho a la jubilación, a la obra social o seguridad social, ni a contar con otras alternativas de vida. Por lo tanto, exigimos la despenalización del trabajo sexual y derogación de toda legislación que nos vulnera". Otro punto crítico es la libreta sanitaria obligatoria y también el test obligatorio, que "vulneran nuestros derechos" y y "no se usan para el cuidado de nuestra salud, sino para controlarnos". Tampoco se cumplen las leyes existentes, "lo que lleva a que suframos violencia institucional, no solo por parte de la policía sino por las distintas instituciones del Estado, como el poder judicial, el sistema de salud, y en otros ámbitos". Las legislaciones nacionales sobre salud sexual y reproductiva no se cumplen para las trabajadoras sexuales. "Se violan nuestros derechos humanos, nos colocan como objetos de investigación y no como sujetos de derecho". Entre otros puntos más, señalan desconocimiento de los derechos humanos por parte de muchas trabajadoras sexuales. Y aseguran que se confunde migración con trata. Esa realidad fue definida tiempo atrás por la Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe Hispano (RedTraSex): "Ser pobre, ser mujer, ser trabajadora sexual, y si tienes VIH son un conjunto de discriminaciones que hacen que la gente baje la cabeza, no se sienta persona y se ponga en espacios de vulnerabilidad a la epidemia". En un documento de 2006, la Red reconoce el avance que han tenido los gobiernos, agencias y otros actores en la materia, a nivel mundial, regional y local, pero denuncia que "el proceso de inclusión de la sociedad civil, específicamente de la población de trabajadoras/es sexuales, en los espacios de diseño, implementación y evaluación de políticas y programas no ha sido suficiente, sobre todo si las organizaciones de trabajadoras sexuales no han sido beneficiadas suficientemente como receptoras de fondos para trabajar con su población, lo que imposibilita que sean reconocidas como actoras estratégicas para disminuir la incidencia del VIH/SIDA". "El 80 por ciento de las trabajadoras sexuales en la región somos mujeres por debajo de la línea de pobreza, que no tenemos acceso a los sistemas de educación, y somos foco de la violencia social y judicial, y de las prácticas culturales como el machismo, factores que unido a nuestro trabajo nos expone constantemente a la infección del VIH y otras infecciones de transmisión sexual". A todo eso se suma la reciente crisis financiera global, que "está repercutiendo en las condiciones de salud de la poblaci ón, ya que al generar ausencia de financiamiento aumenta la exclusión de los/as más pobres. En este contexto se están revirtiendo claramente los logros en la contención de la epidemia", asegura el licenciado en Psicología Gerardo Mitre, Presidente de FUNDAMIND, en un documento que acercó la organización a RENA. (Juan Ignacio Manchiola y Susana González) Página de internetPuesto en el sitio CILA - Agosto 13 2009 Última Actualización - Octubre 06 2009 |