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AutorMatilde Morales Betancourt Experiencia periodistica12
Breve CVPeriodista -de origen colombiano con nacionalidad mexicana-, egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Tengo especial interés en los temas de salud, sobre todo preventiva, porque además de gustarme esta área, creo que es una manera de llevar a cabo una labor social. Llegué a México en 1997, año en que empecé a trabajar en los medios del país. Primero en la sección Internacional del periódico Reforma, de donde salí con la intención de regresar a Colombia, sin embargo surgió la oportunidad de laborar en el primer periódico en línea de México, llamado Mexis y luego T02.com. Ahí fui editora del primer canal de Mujeres, compuesto por diversas secciones, sin embargo dábamos especial énfasis a los temas de s alud. E l canal logró una gran aceptación, mantuvo una tendencia a la alta en el número de visitas y, logró llamar la atención de la competencia, tanto que a parecieron varios canales dedicados al público femenino, los cuales tuvieron como referencia el nuestro. Al cierre del proyecto, en 2002, decidí ser periodista freelance y desde entonces he colaborado para diversas editoriales, entre ellas Editorial Televisa , Ferraez Comunciación y ella.com.mx.
Nombre del medioPortal ella.com.mx.
Tipo de medioInternet
Dirección del medio de publicaciónAv. Primero de Mayo 210.2. San Pedro de los Pinos. 03800
TemaDonación de Sangre
CiudadMéxico D.F.
Género periodísticoCrónica
PaísMexico
Sección donde se publicóSección Saludable
Fecha de Publicación01/05/2009
Teléfono[52 55]1998.9850
Nombre del EditorEdmundo Arias Jiménez
Correo electrónico del EditorSinopsisTestimonio sobre la importancia de la donación de sangre, que invita a otros a hacerlo para transmitir vida a otras personas que lo necesiten.
Copie aquí texto completoSangre: Transfusión de vida
Por Matilde Morales Betancourt Cuatro meses después de enfrentarme a una inesperada cirugía, ocasionada por una trombosis mesentérica venosa, –ahora tengo 80 centímetros menos de intestino delgado-, me vi de nuevo en un proceso quirúrgico. ¿La razón? La operación anterior fue de emergencia y el médico no reparó en acomodar perfectamente el intestino, lo que me ocasionó una oclusión intestinal. Luego del primer evento, causado por un trombo, los médicos determinaron que debía, a partir de entonces, tomar un anticoagulante diario para adelgazar mi sangre y prevenir así un nuevo trombo. Esto, debido a que los análisis indicaron que nací sin una de las proteínas que hace que la sangre no se coagule o no sea tan espesa, lo que me ocasiona hipercoagulabilidad. Por ello, para realizarme la segunda cirugía, debían, -además de tomar un gran número de medidas preventivas- transfundirme sangre porque al estar anticoagulada corría el riesgo de desangrarme. Cuando el médico me dijo que me iban a transfundir sentí terror. Jamás me había puesto a pensar en la importancia de este líquido vital. Ahí la tenemos, la sangre siempre corre por nuestras venas y nunca, nunca reparamos en el papel que juega en nuestra vida. En realidad, es la vida misma. Ahí comenzó la odisea. Primero, mi esposo estaba muy triste porque pensaba –gracias a los mitos- que él no podría donar sangre por tener tatuajes. Nada más lejano de la realidad… Todo, siempre y cuando te hagas los tatuajes o piercings en lugares higiénicos y lleves más de un año de habértelos realizado. Mi esposo goza de una excelente salud, a él le hicieron los exámenes y pasó la prueba. Pudo donar sangre y eso lo hizo, dentro de la preocupación, un poco, feliz. Tener entre 18 y 65 años, peso mínimo de 50 kilogramos y 1.50 metros de estatura, no estar embarazada, menstruando, lactando, no haber padecido hepatitis después de los 11 años. Debe haber transcurrido: De la vacuna antirrábica 1 año, de la vacuna hepatitis 6 meses, de la vacuna triple viral 28 días, de la vacuna del tétanos 28 días, de la vacuna anti-influenza 28 días, no ser hipertenso, diabético y/o enfermo del corazón, no tener tatuajes, perforaciones o acupuntura de menos de u año realizados, no ser adicto a drogas por vía intravenosa, no presentar síntomas de infección aguda (tos, gripa, escalofríos, fiebre), no tener endodoncia dentro de los últimos seis meses, someterse a un examen médico y de laboratorio, en el mismo banco de sangre, más los requisitos que la institución tenga a bien agregar. Si los revisas bien, te darás cuenta que muchos pueden pesar menos de 50 Kg., otros estar agripados, hay quienes tuvieron hepatitis u otra condición que no les permite ser donadores. En fin, la lista puede ser larga, de ahí lo complicado que resulta conseguir donadores. Pero de esto no te das cuenta hasta que pasas por una situación que te obligue a estar consciente de ello, tal fue mi caso. Actualmente no puedo donar porque tomo anticoagulantes, pero tengo clara conciencia de la importancia de ser donador. Puedes salvar vidas. Yo le debo la mía, en parte, a diez almas caritativas que, sin pensarlo, acudieron a donarme su sangre. Me hicieron las transfusiones y mientras entraba la sangre a mi cuerpo, no sabría decirles a ciencia cierta qué sentía. Mi curiosidad rebasaba los límites. Me intrigaba saber de quién era, leía su nombre en la etiqueta y quería tener a esa persona enfrente para darle las gracias –porque aunque uno consiga a sus donadores no es su sangre la que te transfunden- es la de otros donantes, lo que convierte a la donación en una cadena. Me intrigaba el color de la sangre, morada casi negra, o cuando me inyectaron el plasma, la parte líquida de la sangre –de color amarillo, ¿quién lo imaginaría?, que representa aproximadamente un 55% del volumen sanguíneo total, el cual consta principalmente de proteínas y minerales, ingredientes esenciales para el correcto funcionamiento del organismo. En fin, esta experiencia fue todo un descubrimiento. Hoy, gracias a esas transfusiones logré soportar y superar la segunda operación, además gozo de una mejor calidad de vida. Lo que entonces me pareció un absurdo fue que, a pesar de que tú como enfermo lleves a tus donadores, el banco de sangre te pase una costosa factura. Pero luego entendí, que gracias a ellos, quienes se encargan de examinar la sangre de los donadores, puedes estar seguro que la que correrá por tus venas estará "limpia". Así que, hoy más que nunca, creo que cada peso que se pagó valió la pena, porque más allá de cualquier interés la donación de sangre es una transfusión de vida. Por ello, si puedes, y como dice el lema de una campaña, Dona sangre, no dinero. Alguien, en cualquier parte del mundo, te lo va a agradecer. Página de internetPuesto en el sitio CILA - Junio 16 2009 Última Actualización - Junio 23 2009 |
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