En este estudio –realizado por la British Broadcasting Corporation (BBC), el British Board of Film Classification, la Broadcasting Standards Commission, y la Independent Television Commission- se analizó cómo los menores entre los 9 y los 13 años del Reino Unido describen o deconstruyen la violencia que ven en la pantalla. Con base en un anterior proyecto de investigación, se buscó también determinar en qué se diferenciaban y en qué eran similares de las percepciones de los adultos sobre la violencia.
En la investigación se encontró que los menores demuestran una visión del mundo muy específica, centrada primariamente en los niños. Las imágenes violentas son interpretadas desde esa perspectiva. Los menores pueden distinguir entre violencia ficticia y violencia ‘real’. Ellos también emiten juicios claros acerca del uso justificado de la violencia y ésto a su vez puede afectar su percepción sobre qué tan ‘violenta’ es una imagen. Ven una gran variedad de imágenes violentas, bien sea en cine o en televisión, y construyen una ‘biblioteca’ de este tipo de imágenes. Sus reacciones a tales imágenes están influenciadas por su edad, género, madurez y circunstancias personales.
Lo peculiar de los menores es la importancia de ciertas consecuencias de las acciones violentas, descritas por ellos como ‘asustadoras’. La palabra tiene un rango de significados, y el género en el cual se da la escena ‘asustadora’ contribuye a su definición más precisa. Las noticias pueden ser ‘asustadoras’, porque los hechos mostrados podrían haberme ‘sucedido a mí’; esta categoría ‘asustadora’ está basada en el miedo y produce susto. Lo ‘asustador’ de una película de horror, sin embargo, puede ser gozado y a la vez ser parte de una reacción visceral a la violencia mostrada.
Según esta investigación, los participantes dicen que un número de factores contribuye a que una escena sea violenta, principalmente el realismo. Con esto, los participantes quieren decir que la acción debe ser reconocible como algo que podría ocurrir, en vez de ser un producto de la fantasía. Si la acción violenta es considerada injusta o abusiva, la escena es considerada como más violenta. Una consideración importante en ese contexto era cómo se evaluaba la relación entre el protagonista y la victima. Los menores son muy sensibles a las claves que nos dan las técnicas de producción, y responden a los cambios en la música, en las claves auditivas y visuales, para construir sus expectativas acerca de qué tan violenta será una escena.
La investigación encontró también que los niños mayores (y aquí se refleja su mayor madurez) tienen una compresión más clara de las consecuencias potenciales de la violencia, que sus pares más jóvenes. Es también más probable que ellos hayan visto un mayor número de imágenes violentas, incluyendo imágenes clasificadas como no aptas para su rango de edad, a menudo con la complicidad de sus progenitores. Estos hallazgos reflejan la tensión sentida por los progenitores, a medida que sus hijos avanzan en la escuela secundaria, y se vuelven más independientes. Es mucho más probable que los niños hayan buscado, y visto, imágenes de violencia, que las niñas. Ellos reconocen que hay presión de sus pares, y que esas imágenes les excitan.
El informe concluye que “los menores hablaban acerca de la violencia en términos de cómo ésta se relacionaba con ellos, algo que no se encuentra en los grupos de adultos. Es decir, no era tanto que ellos tuvieran una definición de violencia, de lo que es violencia, sino de cómo ellos respondían personalmente a lo que habían visto. Lo importante era si ellos encontraban que la violencia era amenazante o no. En ningún momento se utilizó entre los grupos de adultos la palabra ‘asustador’ en relación con la violencia, mientras que en los grupos de menores era traída a colación en las discusiones sobre ella. Así, para los menores los noticieros eran más violentos que para los adultos, porque eran reales, y lo que es real podría convertirse en real respecto a uno mismo. Esta identificación con la violencia como una amenaza para uno no se encontró, en general, en el estudio sobre la forma en que los adultos comprenden la violencia”.
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