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Breve CV
Diana Marcela Tinjacá (Bogotá, 1982) estudió Comunicación Social con énfasis en Periodismo, en la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Comenzó su carrera en el año 2000, como reportera de la cadena radial Caracol. En 2003, formó parte del equipo de comunicaciones del Departamento de Bienestar Social, donde trabajó de cerca con las poblaciones vulnerables de Bogotá: Entre el 2004 y el 2006, se desempeñó como periodista- redactora de la publicación especializada Ámbito Médico. En la actualidad es coordinadora de un estudio sobre comunicación local en Bogotá. También es colaboradora del periódico La Nación Latina y co-presentadora del espacio radial La Vida es Salud, de la cadena RCN.
Subtítulo
Cómo romper la cadena generacional de consumo, desde la gestación.
Dirección del medio de publicación
Cr 35 No. 89 - 21 Barrio La Castellana
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Sinopsis
Han pasado más de tres décadas desde que el Sínd
rome de Alcoholismo Fetal (SAF) fue identificado; sin embargo, y a pesar de las graves consecuencias, aún son escasas las acciones para evitar el consumo de alcohol durante el embarazo.
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Cómo romper la cadena generacional de consumo, desde la gestación. El primer acto de amor es en el vientre materno Han pasado más de tres décadas desde que el Síndrome de Alcoholismo Fetal (SAF) fue identificado; sin embargo, y a pesar de las graves consecuencias, aún son escasas las acciones para evitar el consumo de alcohol durante el embarazo. Por Diana Marcela Tinjacá Miguel* nació con su piel azul. Llegó al mundo entre dolores, carreras y angustias porque a su madre, una joven habitante de la calle, sin identificación, sin seguro médico, sin un certificado de indigencia y con señales de drogadicción, no la querían atender en el hospital. Nació con la piel azul, resultado de una malformación en el corazón, una dificultad mecánica que no le permitía
a su minúsculo organismo oxigenarse como es debido. 'Síndrome de ventrículo izquierdo no desarrollado; causa probable: Síndrome de Alcoholismo Fetal', consignó el médico de turno en la historia clínica, luego de comprobar los antecedentes de consumo de alcohol de la madre. Con apenas dos horas de nacido, Miguel mostraba cianosis, su piel se volvía más azul, su organismo no estaba recibiendo sangre oxigenada. Han pasado cerca de tres décadas desde que el Síndrome de Alcoholismo Fetal (SAF) fue identificado. Hasta ese momento, se creía que la placenta era capaz de aislar al feto de la exposición a agentes dañinos y, por eso, miles de recién nacidos eran atendidos y tratados por malformaciones congénitas y por otros síntomas discapacitantes que, probablemente, estaban relacionados con la exposición prenatal al alcohol, pero que no tenían un diagnóstico específico. Las alarmas comenzaron a encenderse a finales de la década de los 70, cuando se descubrió qu
e los fetos no eran inmunes a las condiciones externas. Una serie de estudios y experimentos neuroquímicos permitió comprobar que una de las sustancias que frecuentemente lograba penetrar la placenta era el alcohol y que este, por ser un teratógeno (químico que produce deformidades), era uno de los principales causantes de anomalías congénitas, como retardo en el desarrollo mental, y malformaciones, como paladar hendido, microcefalia y defectos del corazón. Algunas de las primeras investigaciones fueron alentadoras porque revelaron que ciertos efectos del síndrome se podían tratar. Por ejemplo, algunas cardiopatías congénitas, como la de Miguel, se lograban corregir con intervención quirúrgica; y malformaciones, como el paladar hendido, era posible tratarlas con cirugía plástica. Pero, con el tiempo también se confirmó que las secuelas del consumo de alcohol en la etapa prenatal acompañan a los niños afectados, de una u otra manera, durante toda la vida. A
pesar de estos hallazgos, cada año nacen más niños con SAF. El desconocimiento sobre el tema es grande y las acciones son escasas. Mal para toda la vida Miguel es uno y es muchos. Aunque en Colombia no existen cifras oficiales, informes de la Organización de Síndrome de Alcoholismo Fetal de Estados Unidos, líder mundial en investigaciones sobre el tema, revelan que entre uno y dos niños por cada 1.000 recién nacidos vivos son víctimas del SAF y al menos nueve de cada 1.000 padecen consecuencias asociadas a este tipo de exposición -como discapacidades físicas, mentales, conductuales o de aprendizaje-. Jairo Tovar, investigador en ciencias neuroquímicas de la Universidad Javeriana de Bogotá, explica que, en la mayoría de los casos, la severidad del daño depende del momento en el que se ingiere el alcohol, ya que existen periodos críticos en los que el feto es más susceptible, por ejemplo durante el primer trimestre de gestación, etapa en la los órg
anos apenas están en plena formación. 'Si el alcohol atraviesa la placenta durante las primeras 12 semanas de gestación, afecta el organismo del feto, que está en pleno desarrollo. Además, el feto tarda más que un adulto en metabolizar el líquido, lo cual agrava los daños', explica el experto. Ese podría ser el caso de Michel, que sufre problemas de aprendizaje. 'Tiene diez años. Desde los primeros meses de nacida manifestó problemas de atención. Cuando cumplió cinco años tratamos de integrarla a la vida escolar. Como los centros de educación especial son muy costosos, conseguimos que la aceptaran en un colegio para niños con desarrollo normal; pero, con el tiempo, no veíamos avances. Ella repetía una y otra vez el mismo grado. Ahora, intentamos incorporarla en programas artísticos', relata la madre de Michel, Bibiana, una bebedora social que conoce de cerca las consecuencias del SAF. 'La ignorancia es no saber que con el más mínimo trago consumido d
urante el embarazo se puede afectar al niño para siempre', asegura. Especialistas, como Walter Lambert, profesor Asociado de Pediatría Clínica de la Universidad de Miami, coinciden en que estas realidades clínicas esconden tras de sí consecuencias permanentes, que abarcan no solo defectos físicos, sino también deficiencias cognoscitivas y hasta problemas de conducta. En algunos casos, la severidad de los daños limita prometedores proyectos de vida a crecer y desarrollarse en salones de servicios de educación especial o en centros de atención médica institucional, donde muy pocos niños logran obtener la capacidad de llevar una vida independiente como adultos. 'Ya tengo novio, se llama Nicolás, y estudia conmigo. A él le gusta pintar y a mí bailar', dice Normita, quien tiene retraso en el desarrollo mental y problemas de lenguaje, dos de los efectos asociados al consumo de alcohol durante el periodo gestacional. A sus 26 años, y contra los pronósticos de los m
édicos, que aseguraron que no superaría la adolescencia, Normita vive con sus padres y asiste a un centro de educación especial. Sin embargo, nunca podrá tener una vida autónoma. Ni una sola copa Aún no se sabe qué cantidad de alcohol se requiere para afectar al feto. Varios estudios indican que los mayores estragos tienen lugar cuando la madre consume más de 80 g al día, aproximadamente de seis a ocho tragos. Otras investigaciones señalan que incluso las 'borracheras' ocasionales pueden ser perjudiciales. 'Creemos que un solo sorbo de alcohol puede penetrar la placenta, haciendo estragos en las células y en las que están en plena formación', dice Tovar. Como no hay consenso al respecto, el ideal es que no se beba ni una sola copa durante el embarazo. Por eso, las autoridades sanitarias mundiales se han concentrado en la implementación de estrategias de prevención, con componentes de educación hacia la comunidad, en especial a las futuras madres, par
a evitar este desafortunado problema, cuyas consecuencias requieren tratamientos muy costosos ya que los niños afectados sufren las secuelas por largo tiempo, sino toda la vida, y, en muchos casos, las perspectivas de lograr el control autónomo de sus propias vidas son escasas. En países como Francia las medidas han sido radicales. Hace unos días, por ejemplo, el gobierno de ese país obligó a las comercializadoras de alcohol a incluir un mensaje o un logotipo que prevenga sobre el riesgo que su consumo supone para la salud del feto: 'Incluso en poca cantidad, el consumo de alcohol puede tener consecuencias graves para la salud del niño', dice el mensaje sanitario que deberán llevar las bebidas alcohólicas. En Colombia se ha comenzado por establecer programas de prevención para frenar el alcoholismo en la mujer. Una de las iniciativas más ambiciosas es el proyecto 'Bebés sanos y deseados', liderado por la Alcaldía Mayor de Bogotá, que busca sensibilizar a las fu
turas madres, específicamente a las mujeres de escasos recursos, sobre cómo el consumo de alcohol durante el embarazo repercute gravemente en sus hijos. El proyecto consiste en el acompañamiento e instrucción sobre hábitos saludables, integración familiar, desarrollo gestacional y prevención de consumo de sustancias sicoactivas. 'La idea es reducir a cero los riesgos durante la gestación y asegurar, desde el vientre materno, la salud de los bebés', señala Maurín Rodríguez, coordinadora del proyecto. Para Lambert, estos proyectos deben ir de la mano del fortalecimiento de la educación médica ya que los profesionales de la salud, especialmente los ginecólogos y los pediatras, son los principales responsables de la instrucción a las gestantes sobre el tema. Las mamás primero El Secretario Ejecutivo de la Comisión Interamericana para el control del abuso de drogas de la Organización de Estados Americanos, James Mack, quien visitó recientemente el pa
Puesto en el sitio CILA - Febrero 02 2006
Última Actualización - Octubre 09 2007
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