Nuevas esperanzas para los enfermos de SIDA en Colombia. Queremos vivir, ¿Es demasiado pedir? Por: Jenny Johanna Manrique Por años, los portadores del VIH debieron acudir a la tutela, para que la falta de medicinas no se convirtiera en una espada de Damocles para su frágil salud. La inclusión de medicamentos en el POS, un hecho que no ha sido oportunamente divulgado, podría cambiar la situación. Defensores de derechos sexuales y portadores, miran el decreto con moderado optimismo y aseguran que el Gobierno estaba en mora de tomar esta medida. El sector salud, aplaude la decisión. Luis Alberto Rodríguez* es matemático. Sin embargo, ser portador de VIH le enseñó que si no aprendía derecho, su vida podía extinguirse lentamente a la espera de un medicamento.
Las matemáticas le han servido para no perder la cuenta de todas las tutelas que ha tenido que interponer, de los días que ha estado sin la pastilla que le puede garantizar una vida mejor y de los no que ha recibido como respuesta cuando intenta reclamar sus derechos. La cuenta que sí perdió es la de las horas y los pesos que le ha costado mantenerse vivo. Ser portador del virus del VIH es una circunstancia terrible. Es sentir que tu vida se escapa a pedacitos. Pero no hace sino empeorar cuando sabes que los medicamentos que necesitas para una vida digna existen, están en Colombia, pero que no puedes acceder a ellos porque las leyes de tu propio país no lo permiten. Que pagas impuestos y unas contribuciones exageradísimas a un sistema de salud que cuando de verdad lo necesitas, no sirve para nada, afirma. Rodríguez había trabajado durante 12 años como profesor de un colegio en Bucaramanga cuando le detectaron el virus del VIH en su organismo. Siempre tuv
o un contrato estable y los registros que guarda en su carpeta dan fe de que su empleador nunca dejo de cumplir sus responsabilidades con el sistema de salud. Cualquiera pensaría que los kilos que he perdido y la demacrada que me he pegado en estos cuatro años han sido por el SIDA. Pero no, han sido por la angustia de no saber si el mes que viene voy a poder tener mi medicamento. No sé que haría si me tocara otra vez aguantar hambre para comprarlo por mi cuenta o si me tocara volver a poner una tutela, hacer filas, presentar argu-mentos legales, cuando la verdad es que solo tengo un argumento. Quiero vivir. ¿Es demasiado pedir?. Luis Alberto alberga en su cuerpo un virus mutante que desarrolla resistencia con una facilidad abrumadora. De allí la dificultad para contrarrestarlo. El nivel de mutabilidad del VIH es tan alto, que se requiere de un medicamento potente y efectivo que controle la enzima que necesita para reproducirse. En su caso, ese medicamento es Lopa
novir, principio activo de Kaletra, uno de los inhibidores de protasea que mejores resultados han arrojado en tratamientos para personas con el virus del VIH en todo el mundo. La paradoja Hace cerca de cuatro años, Kaletra fue autorizado por el Invima para ser distribuido en Colombia. Según Carlos Álvarez, director de epidemiología del Hospital San Ignacio de Bogotá, dos de cada 10 pacientes infectados por el VIH requieren del Lopanovir para que sus condiciones de salud no empeoren: para no morirse. Onusida, oficina de las Naciones Unidas que lidera la lucha contra esta enfermedad, calcula que 47 mil colombianos viven con el virus. Pero podrían ser 240 mil, ya que el subregistro en una enfermedad tan estigmatizada como el SIDA es más alto que en cualquier otra. Es decir que cerca de 9.400 en el mejor de los casos o 48.000 personas en el peor, viven el mismo drama de Luis Alberto. No una vez sino cada mes, que es lo que dura el tarro de Kaletra. Una decisión
en mora En enero pasado, el Ministerio de la Protección Social expidió un decreto por medio del cual Lopanovir fue incluido en el Plan Obligatorio de Salud. La decisión del Consejo Nacional de Seguridad Social, ente encargado de autorizar estas inclusiones, que podría cambiar definitivamente la historia de la lucha que libra Colombia contra la amenaza del VIH, es tan desconocida y poco publicitada, que apenas Luis Alberto vino a saberla después de hablar con Vanguardia Liberal. El decreto también contempla la inclusión de la carga viral, un procedimiento para medir el circulante de VIH en la sangre, hecho que para Manuel Velandia, reconocido experto en el tema de derechos sexuales, es un paso fundamental para garantizar la vida de los portadores del virus. Que en Colombia no estuviera incluido en la atención integral a los portadores de VIH un examen de laboratorio que nos permite detectar qué tan infectada está una persona y cómo va su tratamiento, era una
violación a los derechos fundamentales. El Estado estaba en mora de tomar está decisión, asegura. El abogado Germán Rincón, de la Liga Colombiana contra el SIDA, añade razones financieras para justificar la necesidad de esta medida. El Estado estaba desperdiciando el dinero que invertía en estos tratamientos porque no sabían si esta-ban funcionando. Además estaba poniendo en juego la vida de miles de colombianos con tratamientos posi-blemente insuficientes. Ambos coinciden en que la medida de paso resuelve una iniquidad inmantenible. Los únicos que tenían derecho a la carga viral eran quienes podían pagarla (cuesta más de $300 mil) o quienes estaban en el régimen contributivo. Los del régimen subsidiado, los ciudadanos más pobres, los más vulnerables, no tenían ese derecho, acota el abogado Rincón. Keletra cuyo costo es cercano al millón de pesos- y otros dos medicamentos contra el SIDA, fueron in-cluidos de una vez para el régimen contribut
ivo y el subsidiado. Onusida ya lo había advertido: hay evidencia del suministro incompleto e inoportuno de la terapia, lo que tiene graves implicaciones de salud pública en particular por el fenómeno de la resistencia que se estaría generando. Por ello, el doctor Álvarez resalta la trascendencia de la medida en términos de salud pública. No sólo para los portadores del VIH: si el virus no está controlado se incrementan exponencialmente las posibilidades de que se transmita a más personas, explica. Mi guerra es por la vida Luis Alberto, en todo caso, no se mostró muy optimista. Él sabe los peros que ponen las EPS para dar un medicamento costoso, más ahora cuando el dinero ya no saldrá del erario a través del Fosyga- sino de las propias entidades prestadoras de servicios. Ellos preferían que fuera por tutela porque al final les reembolsaban ese dinero, explica Rincón, ahora comienza la pelea para que entreguen los medicamentos y hag
an el examen, señala Manuel Velandia. Luis Alberto sabe que él y los miles de portadores del SIDA, ganaron una batalla. Pero mi guerra por la vida sigue, porque yo no me dejo morir. * Nombre cambiado por petición de la fuente. El Sida en Colombia En 2003 Onusida presentó el más actualizado y completo estudio sobre el VIH en Colombia. El primer caso de SIDA en Colombia fue reportado en septiembre de 1983 en una mujer trabajadora sexual de Cartagena (Bolívar). Desde entonces y hasta la finalización del informe se detectaron 40.072 casos de personas infectadas con el VIH en Colombia. El 81,33 por ciento de los casos reportados son hombres, mientras el 18 por ciento son mujeres. El 52,86 por ciento de los casos por VIH se presenta en personas entre los 15 y los 35 años. Los mayores casos se han registrado en Antioquia, Atlántico, Santander, Valle del Cauca y Bogotá. Entre otras conclusiones, el estudio anota que el gasto del país en VIH/SIDA es relativa
mente modesto al representar el 0.04% del PIB y el 0.44% del gasto en Salud. Son proporciones cercanas a las existentes en otros países como México y Chile. Sin embargo, a diferencia de ellos, en los últimos años los recursos no sufrieron incrementos importantes, y más bien decrecieron en términos reales. Así mismo, el reporte señalaba que el gasto en Prevención es bajo, del 20% aproximadamente, pero si se excluyen los condones (sufragados casi totalmente por los hogares) encon-tramos que la inversión preventiva se reduce al 10%. El tratamiento ha recibido mayor dedicación en Colombia, y dentro de ella, los medicamentos Antiretrovirales son responsables de la mitad del gasto. Dada la experiencia mundial, que ha puesto de relieve que lo conveniente y útil es invertir en promoción y prevención, Co-lombia debe revisar esta situación y aplicar correctivos, fue una de las conclusiones de Onusida.