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Autor

Francisco Rodríguez Cruz

Experiencia periodistica

11

Breve CV

Graduado en 1993 de Licenciatura en Periodismo en la Universidad de La Habana. Laboré desde esa fecha y hasta 1998 en el periódico Trabajadores, órgano de la Central sindical cubana. Hasta el 2001 dirigí una publicación especializada en temas tributarios. Regresé a Trabajadores en ese año, donde actualmente atiendo temas científicos y económicos.

Nombre del medio

Trabajadores

Tipo de medio

Prensa

Tema

antirretrovirales en Cuba

Ciudad

La Habana

Género periodístico

Reportaje

Teléfono

07-8815243

Correo electrónico del Editor

Sinopsis

Narra la experiencia de un médico seropositivo cubano y las dificultades para seguir el tratamiento, así como los resultados de la producción nacional de medicamentos genéricos para garantizar su disponibilidad a todos los enfermos de SIDA en Cuba, y los obstáculos que ocasiona para ese fin el embargo de los Estados Unidos contra la Isla

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La vida por unas pastillas En Agosto último el doctor Armando Álvarez González tuvo que cambiar por cuarta vez su terapia
contra el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Su nuevo esquema de tratamiento, de trece pastillas diarias, incluye seis cápsulas de Caletra, uno de los medicamentos que recientemente la compañía norteamericana Abbott se negó a venderle Cuba. ‘El bloqueo impuesto por el gobierno de Estados Unidos ha sido un obstáculo para la atención de los pacientes de SIDA, asegura Álvarez, quien se graduó de médico en septiembre de 1988, dos meses antes de que le diagnosticaran la infección con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), y ha dedicado su vida y su carrera a luchar contra terrible mal. El doctor Armando, uno de los fundadores del Centro Nacional de Prevención de ITS–VIH/SIDA participante en muchos de sus proyectos, explica cómo desde la aparición en 1986 de los primeros casos de la enfermedad en la Isla, el sistema de salud pública cubano tuvo que enfrentar y resolver grandes dificultades que abarcaban desde el diagnóstico de la infección hast
a su tratamiento. Con particular dramatismo rememora los años posteriores a la aparición, en el primer lustro de los años 90, de los primeros medicamentos para controlar el avance del SIDA, a los cuales Cuba no tenía acceso por ser producidos fundamentalmente por grandes firmas farmacéuticas norteamericanas. ‘Los antirretrovirales llegaban por donación u otras vías que no garantizaban la continuidad del tratamiento. En aquel momento dábamos prioridad a madres y niños que sufrían la enfermedad. Muchas vidas habríamos podido salvar, si no hubiera existido el bloqueo’, asegura. El propio Armando, luego de que en 1997 comenzó con la terapia al presentar algunas complicaciones propias de la enfermedad, tuvo que abandonar su primer tratamiento, porque el país no pudo, en aquel momento, adquirir el Ritonavir, otra de las drogas de Abbots. Para comprender la importancia de mantener el suministro estable de estos fármacos, es preciso explicar que las personas portador
as del VIH, una vez que enferman de SIDA y comienzan con estos medicamentos, nunca más pueden dejar de tomarlos, porque cualquier interrupción provoca que el virus se haga resistente a la droga, cual obliga a un cambio en la terapia, con la reducción progresiva de combinaciones posibles de esos productos. De ahí la importancia que tenía la adquisición de Caletra, un compuesto de Ritonavir y Lopinavir empleado en pacientes con cepas del VIH resistentes a otros medicamentos; y del Ritonavir, para ampliar las posibilidades de tratamiento a los pacientes infectados. La adquisición de estos fármacos, como parte de un programa de cooperación con Cuba que financia el Fondo Mundial de las Naciones Unidas de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, se frustró el año pasado por la negativa de Abbott a venderlos, argumentando de que debido a las sanciones económicas de los Estados Unidos, su gobierno no autoriza el suministro de estos productos a la Isla. Esto pr
ovocó que dichos medicamentos, cuyo valor hubiera sido de 49 mil 700 dólares de comprarse a la transnacional norteamericana, tuvieron que ser adquiridos en otro país, por un precio de 280 mil 400 dólares, casi seis veces superior al de Abbott, y con un retraso de varios meses. Bajo Índice de Prevalencia El hecho de que Cuba muestre el más bajo índice de prevalencia del VIHSIDA en América Latina y el Caribe, con la garantía de una terapia adecuada, atención especializada, la reinserción social de los afectados y una amplia labor preventiva, es un éxito de la Salud Pública cubana, más meritorio aún por las condiciones de bloqueo en que vive el país, expresó el doctor Jorge Pérez Ávila, director del Hospital del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK). Sobre el caso concreto de la Caletra, Pérez Ávila precisó a Trabajadores que fue una solicitud para cubrir una necesidad de alrededor de 25 pacientes, todos con muchos años de padecer la en
fermedad, razón por la cual debieron cambiar varias veces sus esquemas de terapia, y por tanto han desarrollado cepas del virus resistentes a otros medicamentos. Cuba introdujo a partir del 2001 la terapia con medicamentos antirretrovirales para todos los enfermos de SIDA que lo requieren, y hoy reciben gratuitamente esos fármacos unos mil 700 pacientes, el 36.6% de quienes viven con VIH. El precio de estos tratamientos en otras latitudes oscila entre los seis mil y los 15 mil dólares anuales. Cuba invierte entre 350 y 950 dólares al año en la terapia que recibe sin costo alguno cada enfermo de SIDA, apuntó Pérez Ávila. El país produce seis de estos productos, y adquiere otros siete mediante la cooperación del Fondo Mundial de las Naciones Unidas de Lucha contra el SIDA, lo cual permite contar con la mayoría de las drogas que actualmente se producen en el mundo para paliar la enfermedad. Como resultado de esta voluntad política de la Revolución, la cual no se de
tiene ni siquiera ante los encarecimientos ni dificultades causados por el bloqueo, el número de muertes por SIDA disminuyó en 50% entre el año 2000 y el 2003, de 140 fallecidos a 70, informó el doctor Jorge Pérez. Hasta la fecha en Cuba se han reportado 5 mil 834 personas infectadas por el VIH, de las cuales mil 182 han muerto de SIDA. Pero las limitaciones que impone el bloqueo no solamente estriban en la adquisición de los medicamentos, sino que también se extienden a otras cuestiones básicas para el tratamiento a estos pacientes y para la capacitación de los médicos y especialistas que los atienden. Por ejemplo, el equipo con que cuenta el laboratorio del IPK para el recuento de los linfocitos CD4, prueba que mide el estado de las defensas de quienes portan el virus y permite determinar cuándo un paciente necesita comenzar con la terapia antirretroviral, es de tecnología norteamericana. Esto provoca constantes dificultades para darle mantenimiento, y encarece
la compra de los reactivos que utiliza, según nos explica el director del hospital. En cuanto al intercambio científico, el propio doctor Pérez Ávila ya quedó varias veces en espera de una respuesta a su solicitud de visa para asistir a congresos internacionales en los Estados Unidos, al igual que otros investigadores del reconocido Instituto, con importantes resultados no solamente en el tratamiento del SIDA, sino también en el estudio del control de enfermedades como el dengue y el cólera, entre otras dolencias.


Puesto en el sitio CILA - Octubre 09 2007
Última Actualización - Octubre 09 2007