Entrevista con Nestor García Canclini - II
Sectores populares, a ritmo de rating
Hace 10 años, cuando Néstor García Canclini, profesor en México, publicó Culturas híbridas produjo entre sus primeros lectores, que después se multiplicaron, al mismo tiempo una sensación de sorpresa y de fascinación conceptual. Los temas eran familiares: la modernidad inacabada en América Latina, las peripecias humilladas y optimistas de lo popular, el arte culto, los medios y el folclore. Sin embargo, el tratamiento era sugestivo por varias razones.
El autor proponía "una mirada transdisciplinar sobre los circuitos híbridos", los de las ciudades, la comunicación cultural, las políticas de las élites y los sectores populares. Era una manera al mismo tiempo fragmentada, ambigua y totalizante de examinar nuestras sociedades. Si las ciudades eran mestizas e híbridas, el modo de analizarlas no podía ser otro que el transdisciplinar.
García Canclini, como gozador de la obra de arte y el objeto maravilloso del folclore, como lector de Borges, pero también como sociólogo de la cultura y ciudadano latinoamericano herido por las desigualdades y las expropiaciones que el poder hace de lo popular, escribió un libro plural; desdibujado en sus fronteras pero radical en sus afirmaciones y con una pregunta singular: ¿cómo estudiar nuestras ciudades y sociedades, confundidas y heterogéneas, a partir de sus textos, el tango, el museo, la telenovela, la pintura, el cine masivo, los proyectos truncos de modernización, el diálogo o la hostilidad entre las élites culturales y políticas con los sectores populares? La otra pregunta era urgente y oportuna. Lo sigue siendo: ¿qué hacer -cuando la modernidad se ha vuelto un proyecto polémico- con esta mezcla de memoria heterogénea e innovaciones truncas?
Pues bien, García Canclini, una década después de publicado su libro, con su actitud "radical, sin ser fundamentalista" nos acompaña en esta entrevista, provocando con afirmaciones que vienen de su meditación a partir de autores familiares y paradójicos como Walter Benjamin, Borges, Bordieu, Perry Anderson, y que él ha sabido transformar en una experiencia intelectual y de compromiso latinoamericano en sus textos siempre sugestivos.
R.F.:¿Se acabó la cultura popular o entró en crisis este término?
N.G.:Creo que el término entró en crisis. En los 60 ciertos movimientos sociales y culturales, y en parte políticos, provocaron un auge del interés por las culturas populares que se fue apagando; las expectativas de transformación social asociadas a esa emergencia de lo popular se debilitaron. Triunfó una hegemonía neoliberal que reordenó las sociedades, sobre todo en Occidente, creó un mercado mundial y los sectores populares no lograron reubicarse en esas nuevas condiciones. Sin embargo, hay signos de una reaparición de manifestaciones de las culturas populares (uso el plural porque creo que no hay una sola cultura popular).
R.F.:Su libro Culturas híbridas habla de que al mercado y a los medios no les importa lo popular sino la popularidad, y usted propone un análisis sugestivo sobre los términos "pueblo", "popular" y "popularidad".
N.G.:Ese análisis sigue correspondiendo a esas últimas transformaciones. Efectivamente, los medios están interesados en la popularidad entendida como rating, como volumen de audiencia. Les interesa poco lo popular como representación de los intereses básicos de los sectores populares. Les interesa tener masas dispuestas a seguir los programas de radio y televisión, que compren discos y videos. Y les interesa poco si la cultura que se expresa en esos medios corresponde a intereses profundos o de larga duración. La apuesta de los medios es por la obsolescencia, por lo que importa esta semana. Buscan, mediante la renovación frecuente de lo que comunican, reactivar el interés de su clientela, en tanto que la vida cotidiana de lo que llamamos sectores populares tiene otra duración, otro ritmo. Existen los ritmos de la vida familiar, de la educación de los hijos, de las perspectivas de ascenso económico o a veces los precipitados y dramáticos de la pérdida de trabajo. Los sectores populares siguen el ritmo inestable de los medios masivos y sus dinámicas de rating, pero ese es sólo el aspecto más farandulesco y banal. Un interés real por lo popular debería tomar en cuenta esos otros tiempos de las tradiciones populares.
R.F.:Usted dice que las comunicaciones masivas ponen en escena un modo distinto de lo popular. ¿Cómo ampliaría esa afirmación?
N.G.:Volvemos a la dislocación de lo que sucede en la vida cotidiana de los sectores populares y la representación que se hace de ella en escenarios hegemónicos. Lo podemos ver en un museo del llamado arte popular, que intenta representar los objetos más bellos, las costumbres más atractivas o más propensas a la nostalgia y a la relación con la naturaleza. Lo vemos igualmente en los medios masivos de comunicación que seleccionan aspectos emocionales escandalosos, delincuenciales, porque son más propicios a la mercantilización, a la exacerbación de lo espectacular y a la simulación de novedad y entretenimiento original. También tenemos representaciones masivas que hasta cierto punto mediatizan lo popular, aunque tienen otro signo en los grandes espectáculos, en las giras de algunos artistas latinoamericanos que expresan un tipo diferente de relación con las culturas populares, otra capacidad de asumir necesidades de expresión de estos sectores.
En este sentido, creo que fenómenos supervivientes de lo que se llamó la Nueva Trova o el canto urbano expresan formas de experimentar el cuerpo, la música, el goce, propias de los sectores populares. Estoy pensando en algunos artistas españoles significativos, para seguir con ejemplos musicales, Serrat y Sabina; o Fito Páez, en Argentina, y en Colombia cierto sector del repertorio vallenato, sobre todo algo de Carlos Vives y algunas canciones de Shakira.
R.F.:Escribía usted hace 10 años que la industria cultural no está interesada en la formación de la memoria cultural sino en renovar el contacto simultáneo entre emisores y receptores. Hoy, ¿qué piensa de eso?
N.G.:Puedo decir que la situación se ha agravado y que las tendencias se acentuaron. Todo se ha vuelto más inestable y pasajero. Eso que eufemís-ticamente se denomina la precarización laboral o la flexibilización del trabajo, lleva a que la mayor parte de las poblaciones en América Latina, Europa y otras regiones, se sientan cada vez más inseguras. Aun aquellos que están seguros sienten una presión constante para cambiar de trabajo, buscan formas de ascenso económico, prestigio, ubicación estratégica en aquellas áreas de servicios ligadas a las nuevas economías y a las nuevas tecnologías. Esta situación estructural del mundo del trabajo, de la que se habla poco y que se tiende a ocultar, es visible en el reciente libro de Richard Senet: La corrosión del carácter. Allí hay datos impresionantes: en la vida, los estadounidenses cambian en promedio 17 veces de trabajo. Esto, traducido a términos latinoamericanos, tendría que llevarnos a estadísticas que desconozco. Esta inestabilidad, esta fugacidad en la relación con algo tan decisivo en la vida como es el trabajo, acompaña a los sujetos de ahora, como no ocurría hace 10 ó 15 años. Esa tendencia a la obsolescencia y a la fugacidad en los medios ya no es sólo un fenómeno mediático sino estructural, que va acompañado de otros procesos culturales como la tendencia a desvalorizar las trayectorias de larga tradición en políticos, artistas, escritores; a buscar vivir en un presente perpetuo. Ciertas músicas contemporáneas, sobre todo la música tecno, u otras formas más recientes en que el sentido de la narración, ciertos tipos de video clips, contribuyen a esta sensación de vivir en el instante y a perder la relación con la memoria histórica, con las explicaciones a las preguntas: de dónde venimos y hacia dónde queremos ir y cómo podemos planear el futuro.
R.F.:Dado que usted señala la profundización de una tendencia estructural de lo efímero y la inestabilidad, ¿estaríamos ahondando en un proceso de formación de más público y menos sociedad civil, donde prima el individuo aislado que hace parte de un grupo con una noción efímera del pasado y del presente?
N.G.:Existe esta línea que convierte a los movimientos sociales en públicos de consumidores atomizados, pero también en algunos países latinoamericanos uno encuentra movimientos por los derechos humanos, por los derechos de las mujeres, por la despe-nalización del aborto, por la igualdad en el trabajo, por la rehabilitación de espacios urbanos, los cuales no existían hace dos décadas. Al mismo tiempo que el fundamentalismo moral religioso se reactiva en algunos lugares, crece un movimiento feminista que en este caso no es sólo de élites de mujeres concientizadas. Surgen así también movimientos de jóvenes, de consumidores, de televidentes que reclaman derechos que estaban poco dispuestos a reconocer en el pasado. Tenemos también las crisis de los partidos, los sindicatos y las formas de representación tradicional.
R.F.:¿Y por qué no hay crisis de credibilidad en los medios?
N.G.:Por supuesto que la hay. En estudios sobre consumo cultural en México y otros países latinoamericanos encuentro que se ha modificado la relación de los ciudadanos con los medios. Tradicionalmente había más confianza en la prensa, un poco menos en la radio y casi nada en la televisión. Especialistas han dicho que el pacto principal de los receptores con la televisión era de entretenimiento y no de información. En los últimos años esto sigue sucediendo en parte, pero en países como México y Brasil, donde grandes corporaciones televisivas impusieron una mercantilización extrema, ha habido una reflexión sobre el papel de la televisión y algunos medios han mejorado su capacidad informativa, al darse cuenta de que no podían seguir engañando a la población.
Juegan otros elementos. No sólo ha habido pérdida de credibilidad en algunos medios sino en los partidos, en los políticos. Casos de trampas como las de Fujimori en Perú, fenómenos erráticos como el de Chávez en Venezuela, aunque en un primer momento puedan suscitar entusiasmo, a los pocos años generan incredibilidad, por lo menos en un sector importante de quienes los habían apoyado. De manera que no estamos únicamente ante una crisis de los medios, sino ante una crisis de todas las formas de representación social.
R.F.:¿Qué hemos ganado con la visibilidad de la vida social que da la televisión? ¿Más espectáculo, más entretenimiento o una suerte nueva de conocimiento de la sociedad?
N.G.:Hemos ganado y hemos perdido. Hemos ganado en comunicación entre los sectores de cada sociedad y también con otros países. La televisión por cable en Latinoamérica da la posibilidad de que sectores considerables de la población, que pueden superar el 50%, tengan la opción de relacionarse a diario con la televisión de su país y con la de otros. Es cierto que casi todas esas televisoras de los distintos países están sometidas rudamente a las reglas del marketing, pero también se deslizan posibilidades informativas nuevas; entonces encontramos que hay una visibilidad mayor, un horizonte más amplio de recursos, de repertorios informativos y de entretenimiento. Pero, al tiempo, esta mercantilización obsesiva y voraz, esta disputa por las clientelas, han llevado a espectacularizar diversas áreas de lo privado o a jugar con lo público de un modo irresponsable. Programas como Gran hermano en varios países europeos y los talk shows propician varias cosas a las vez: la ridiculización de los sectores populares y la utilización de los aspectos más grotescos de la disputa familiar o vecinal.
R.F.:En Colombia El show de Cristina estimuló una serie de programas que ridiculizan la vida privada de los sectores populares, ¿cómo se ha llegado a esto?
N.G.:No hay que perder de vista que estos programas tienen, entre otras motivaciones, la producción barata, le pagan muy poco a esos actores populares. Y hay que decirlo, en la mayor parte de los casos no representan conflictos verdaderos sino simulados, escritos por guionistas y que le cuestan a la productora mucho menos que si le pagaran a actores profesionales. Todo esto va junto al abaratamiento de la producción, la competencia por los aspectos más frívolos, el espionaje de la vida privada y la simulación de que se está informando, representando y atendiendo problemas afectivos de la cotidianidad, cuando en realidad se están exasperando contradicciones, tratándolas de un modo irresponsable. Por supuesto no faltan sicólogos que jueguen también a simular esta tensión de la vida privada. Sin duda esto no es un fenómeno de los medios. Debemos decir que si la televisión se ha convertido en una ventanilla para atender problemas populares y necesidades colectivas es porque las ventanillas que debieron atenderlas en el Estado y en otros espacios públicos no están cumpliendo su función.
R.F.:En Colombia, cuando empezamos a hablar de lo urbano en la novela, en la estética, en la vida, entró un cierto optimismo estético y conceptual, pero, ¿no hay aquí, acaso, otro enmascaramiento, que llama urbano a lo que en el fondo es una mezcla de culturas campesinas y premodernidad?
N.G.:Nuestras ciudades son esa mezcla, están repletas de campesinos recién llegados, aunque haya sido hace 20 años. Nuestras ciudades contienen, cada vez en un porcentaje más alto, mercados informales, formas de lumpenización, desconocimiento de los derechos básicos de los trabajadores, las mujeres, los niños. Encontramos que lo que atrajo a tantos campesinos o migrantes a los grandes centros urbanos ha cambiado de sentido, porque la supervivencia puede ser más difícil en la ciudad. Algunos sectores, y no sólo de las élites, buscan trasladarse a las periferias huyendo de la degradación de los centros históricos y buscando nuevas formas de seguridad, o se refugian en los barrios cerrados, que es el otro invento reciente de los noventa en América Latina.
R.F.:Maestro, ha sido estimulante sostener esta conversación. Para nosotros hay aquí, a pesar de las incertidumbres que nos rodean, unos hilos de certeza en estas reflexiones sobre las culturas populares, o híbridas, como usted las llama, pero ¿cuáles son las certezas que podríamos hallar en este escenario de sucesiones efímeras y de incertidumbres?
N.G.:Muy pocas. Pero algunas de las certezas tienen que ver con que haya gente que haga estas preguntas, radios y medios de comunicación que se ocupen de estos temas y junto con las universidades que tratan de restaurar lo público, de hacerlo presente en la vida social, y con algunos pocos políticos que todavía tratan de representar lo público, nos ayuden a no perder el sentido histórico de lo social y de lo colectivo y a encontrar la manera de ser individuos más libres en comunidad.
(1) Néstor García Canclini, Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, Ed. Grijalbo, México, 1990.
Nestor García Canclini. Galería de los Pioneros.
Entrevista con Néstor García Canclini - I
Néstor García Canclini dirige el Programa de Estudios sobre Cultura Urbana en la Universidad Autónoma Metropolitana (México), Unidad Iztapalapa. Ha sido profesor de las Universidades de Stanford, Austin, Barcelona, Buenos Aires y São Paulo. Posee el título de Doctor en Filosofía recibido en la Universidad Nacional de La Plata, 1975; y de Doctor en Filosofía recibido en la Universidad de París, 1978. Ha recibido numerosos premios, dentro de los que se pueden destacar el Premio de Ensayo otorgado por la Casa de las Américas, 1982 y el Premio otorgado por la Latinamerican Studies Association a "Culturas Híbridas" como mejor libro en español sobre América Latina, 1992. Dentro de los trabajos publicados por este autor cabe resaltar "Cortázar, una antropología poética" – 1968, "Las culturas populares en el capitalismo" - Nueva Imagen, México, 1982, "Culturas híbridas" Editorial Sudamericana y "Consumidores y ciudadanos" - 1995.
Entrevista realizada por el profesor Rubén Darío Flórez de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia. Publicada en UN periodico, noviembre de 2000.
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esta super buena......muy informativa....unas de las paginas mas ricas de informacion sobre lo que yo quiero.....gracias.....
hasta donde puede ser cierto, que la cultura es la lucha por el derecho a la idenditad de las minorias, en una sociedad mediatica.
excelente. Más sobre cultura latinoamericana y posmodernismo!!!
MUCHAS GRACIAS PUES ME AYUDA MUCHO PARA ESTUDIA PARA MI EXAMEN
donde se puede leer su ensayo tengo q leerlo y no lo rncuentro
que gonorrea de pagina
miy güena la pagina, pero en realida voto por que estoy al pedo, en realida ni la leÃ, pero en realida son groso sigan asi y no cambien nunca.
PD:repeti 3 veces "en realidad" por que queria. Ahora ya son 4.
Excelente este tipo de información
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