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Autor: 

Aníbal Therán Tom

Correo electrónico: 
País: 
Colombia
Experiencia periodistica: 
14
Breve CV: 
Es una historia humana, que muestra la vida de los ribereños y su esperanza.
Subtítulo: 
Lo que deja la creciente
Tema: 
Inundaciones en el Sur de Bolívar, especialmente en Achí (municipio bañado por el Río Cauca)
Género periodístico: 
Crónica
Sección donde se publicó: 
Bolívar
Fecha de Publicación: 
01/06/2008
Sinopsis: 
La crónica que pongo a consideración de los jurados del premio de periodismo muestra las vicisitudes que enfrentan los ribereños con las inundaciones. Reflejan el modo de vida de aquellos, cuyas casas y fincas se inundaron por la creciente súbita del Río Cauca. La vida de Otilia Genes Palencia, una anciana, que fue invadida por la locura porque su mente no soportó ver como perdió todo de un momento a otro. La crónica muestra los rostros de otras personas, que no tienen más que perder y que viven peleando con el hambre.
Copie aquí texto completo: 

LO QUE DEJA LA CRECIENTE

 

Los rostros del Río Cauca

 

ANÍBAL THERÁN TOM EL UNIVERSAL - ACHÍ

 

A Otilia Genes Palencia, una señora de 88 años que ha pasado su vida en las orillas del Río Cauca, el desvarío no solo se le nota en sus ojos, sino en sus acciones. Cuando mira hacia su casa anegada, llora, pero a veces también ríe.

 

“La pobre”, dicen sus hijos, “ha ido perdiendo la razón desde hace una semana cuando el agua se le metió súbitamente en su casita pequeñita de madera. Ella intentó huir, pero sus fuerzas se agotaron cuando el nivel subió más de un metro y la corriente se volvía más fuerte. Se salvó porque José Joaquín, su "bordón" (el hijo menor), la cargó y la llevó hasta el jarillón, donde permanece desde entonces.

 

Ese medio día, la creciente devoradora del Río Cauca se llevó la olla del sancocho de cabeza de bagre, dieta de los ribereños; el caldero del arroz nuevo, que ella misma había preparado con manteca de cerdo y asiento de chicharrón; y les mojó los enseres, la ropa y, quizás, hasta el alma.

 

José Joaquín y Ana, su compañera, lograron poner a salvo a tres niños menores, sus nietos, junto a ella. Otilia se quedó sin habla por varias horas, pero nadie le prestó atención porque estaban ocupados tratando de recoger algunos corotos porque el agua seguía subiendo.

 

Como a las seis de la tarde, cuando un ejército de mosquitos comenzó a atacarlos, el hijo advirtió que su madre no había asimilado el golpe de la naturaleza y que algo grave estaba pasando.

 

Las cavilaciones de José Joaquín tenían asidero por la mirada perdida de su progenitora y una tembladera que se adueñó de su cuerpo cada vez que intentaba decir algo. El menor de los 8 hijos que le sobreviven a Otilia le echó las culpas al hambre que los mantenía intranquilos y, sin pensarlo, se tiró al agua a buscar un poco de arroz donde un vecino para cocinarlo en la olla del tinto, uno de los pocos trastos que pudieron quitarle a la creciente.

 

A las 8 de la noche, mientras su mujer cocinaba con una leña húmeda, él trataba de armar un cambuche con un plástico viejo que había guardado de la última creciente y unos sacos del mismo material, que había comprado para empacar el arroz que le diera la tierra. Logró armar la cama grande y una hora después comieron "arroz con arroz". No hubo para más.

 

Otilia comenzó a hablar dormida como nunca antes y decía groserías contra el río que la había visto nacer. ¿Por qué te metes con nosotros los pobres? ¿Quién te mandó? Balbuceaba frases ininteligbles y seguidamente, reía y luego callaba. Hasta renegó de Dios, pero el canto de un gallo la volvió a la realidad y entonces lloró. No soportaba pensar qué pasaría con sus 42 nietos, si todos sus hijos habían perdido la cosecha: el hambre los maltrataría de nuevo.

 

***

 

JOSÉ JOAQUÍN LE DIJO A SU MUJER, ENTRE SOLLOZOS: “MAMÁ ESTÁ LOCA”.

 

Otilia recordó ayer cuando era niña y el Cauca se crecía. Contó el gusto de vivir metida en el agua y del poco daño que causaba a la gente. Por un momento se quedó callada y entonces volvió a sonreír de una manera rara. Reía sin parar, mostró dos dientes de oro, y su cuerpo comenzó a temblar de nuevo, como poseída.

 

Otilia y su prole han pasado 8 días malviviendo en su cambuche a merced de las culebras y los insectos, lamentado dos hectáreas de arroz, una de yuca y media de maíz, todas hundidas. Nadie está conforme, pero todos esperan.

 

***

 

EN LA CASA DE ESAU OLIVARES LA TRISTEZA SE NOTA DESDE AFUERA

 

Después de la arremetida del Cauca en Playa Alta, construyó un piso de madera a metro y medio del suelo y junto a su joven esposa, Tomasa Anaya, permanece esperando que el agua baje. En la región conocida como Payandé, jurisdicción de Achí, hay más de 50 familias afectadas por la inundación y todas tienen la misma historia. Y todos perdieron todo.

 

En la creciente del año pasado, además de perder sus cultivos, el Río Cauca les arrebató la ilusión de ser padres. Por eso Esau, a sus 22 años, no oculta su tristeza.

 

Tomasa había salido a Achí a los controles de embarazo y precisamente el tres de junio del año pasado le habían dado la noticia: es varón. La joven llegó a darle la buena nueva a su marido, pero encontró su casa llena de agua porque el río reventó un jarillón. Esau logró asegurar los pocos chécheres que habían podido adquirir en un año y todo estaba seco. La mujer, desesperada, buscó a Esau en el cuarto, pero no estaba. Se quedó allí, lela, montada en la troja de madera contemplando la devastación a su alrededor, cuando vio una culebra gruesa a escasos 30 centímetros de distancia, que amenazaba con morderla. Es un montuno, pensó en silencio, y trató de agarrar algo para defenderse. No pudo y la serpiente la atacó. No sabe qué ocurrió hasta que dos días después despertó en un cuarto frío en el Hospital de Achí, con unos cables en el brazo. Sintió mareos y ganas de vomitar. Vio a Esau a su lado, y le oyó reír con desesperanza. Se tocó la barriga de seis meses. Antes de preguntar algo, notó los ojos llorosos de su marido: "Tomasa, perdimos al bebe". Esa ha sido la frase más dura que ha escuchado en sus 19 años.

 

Tomasa y Esau no han podido concebir después del ataque de la serpiente. Ellos confían en la gracia de Dios y esperan que los sueños de tener un varón se hagan realidad. Por el momento, contemplan el agua que los rodea y se alimentan de mangos y de cualquier cosa. Así es y será porque nadie puede trabajar. Todo es agua.

 

***

 

Yarid Cañas sale a pescar, mientras María Aguas, su esposa, desconcha el arroz de uno de los 15 bultos que lograron cosechar en abril pasado. Sus 8 hijos se dispersan por la zona de La Ceiba a buscar leña, que deben dejar expuesta al sol en el camellón, único sitio seco en 10 kilómetros a la redonda.

 

Hasta las 12 del día, María cocina rodeada de agua. Debe esperar a que su marido traiga algunos peces para acompañar el arroz en lo que será su única comida del día. Su prole lo acepta con resignación, aunque sus estómagos de niños los torturan.

 

La familia Cañas Aguas es feliz o está resignada su suerte porque a pesar de la tragedia, viven aparentemente felices porque siempre están riendo. Debe ser que se acostumbraron a vivir en medio del agua. De día todos se la pasan en el camellón y en la noche matando mosquitos en su casa anegada, durmiendo apiñados sobre la troja de madera que sirve de piso y colchón.

 

En el jarillón se mantienen como esperando a que la Defensa Civil les lleve la leche y algún alimento. Así ocurrió ayer. Por un momento los niños cambiaron la cara de pesar por la de alegría, cuando recibieron una ración de alimentos que envío la Alcaldesa de ese municipio, entregada por Lineth Cerpa, directora de la Defensa Civil de Achí. Devoraron unas galletas y las cajitas de leche que les regalaron y, aún con las bocas llenas, dieron las gracias. María también se las dio desde su cocina hundida en el agua del Cauca. Levantó una mano en señal de agradecimiento.

 

Siguió allí cocinando, mientras comenzó a llover a torrentes. ¿Cree usted que esto es justo?, preguntó María e voz alta. Todos callaron.

Comentarios: 

La crónica fue publicada en un periódico regional con una circulación que pasa de los 30.000 ejemplares y, además, en la edición virtual.

Nombre del medio: 
El Universal
Tipo de medio: 
Prensa
Dirección del medio de publicación: 
Calle 30. No. 27-36, Cartagena de Indias
Ciudad: 
Cartagena de Imdias
País: 
Colombia
Teléfono: 
6501050, ext 237
Nombre del Editor: 
Ledis Caro
Correo electrónico del Editor: 

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