Un niño de borrachera en borrachera El consumo de alcohol entre los jóvenes va en aumento. Y como para la mayorÃa de los colombianos es un hábito aceptado, la sociedad se pone de espaldas frente a las graves complicaciones médicas que genera el alcoholismo, incluso desde edades tempranas. En los estratos altos, un niño o adolescente que sufre esta enfermedad, raramente recibe ayuda en medio del temor de sus padres a que se descubra el problema. Por ELIZABETH REYES LE PALISCOT VANGUARDIA LIBERAL Julian* tiene dos horas libres antes de la siguiente clase en la universidad. Llega sudando pero decidido a contar la historia de su problema de alcoholismo. Luego de ocho años de andar de borrachera en borrachera, hace mes y medio los resultados de un encefalograma le cambiaron la vida. Desde ese dÃa no se toma ni un solo trago. Poco a poco ha disminuido esa tristeza que lo invadÃa, se han borrado su
s enormes ojeras y ha empezado a subir de peso. Empecé a tomar desde los once años,porque en las reuniones familiares mis tÃos siempre me decÃan: usted es mi sobrino, todo un varón. Me ofrecÃan cervezas y yo me las tomaba. Siempre lo hacÃa con mis tÃos y luego, cuando cumplà los 13, empecé a hacerlo con mis amigos del colegio. Nos emborrachábamos con nada. Mi primera borrachera fue a los doce años. Estaba en el club con unos amigos y cada uno se tomó cinco cervezas. Nos reÃamos por todo, eso es lo único que recuerdo. Al otro dÃa, mis papás simplemente me dijeron: El niño tiene guayabo, ya está creciendo. Yo sentà como si me lo hubieran celebrado. Mi papá también tomaba pero le tocó dejar el alcohol porque se enfermó de la vesÃcula. En cambio, mis tÃosÂ… ellos sà que eran alcohólicos. Mi hermano mayor, que me lleva cuatro años, también empezó a tomar por esa época. Lo veÃa grande y yo también querÃa ser grande, querÃa tomar como él. Mi pap
á iba seguido a Venezuela y traÃa petacos de cerveza que yo poco a poco iba desocupando. Nunca se daban cuenta porque como era el niño de la casa, estaba protegido contra cualquier acusación. Ahora que lo pienso, asà fue como empecé a robar. Recuerdo mucho el grado de colegio de mi hermano. Ese dÃa sobraron muchas botellas de whisky que yo fui cogiendo poco a poco. Era tanta la ansiedad que tenÃa de tomar, que no me importaba robármelas. Después me to-có empezar a empeñar cadenas y relojes porque no me alcanzaba la plata que me daban para tomar todo lo que querÃa. Mis amigos y yo éramos niños bien y fue muy duro decidir meternos al centro a empeñar una cadena. Como no tenÃamos cédula, buscábamos a un adulto para que nos hiciera el favor de empeñar las cadenas y de comprar el trago en Sanandresito. Por trago vendimos la ropa y hasta los libros del colegio. Las lagunas Con mis amigos empezamos a jugar en casinos donde nos regalaban cerveza. Las hora
s se nos iban echándole monedas a las máquinas. También robábamos para poder jugar. Entonces empecé a tener muchas lagunas: me emborrachaba, peleaba, insultaba a todo el mundo y llegaba a mi casa a romper vidrios y espejos. Cuando me levantaba estaba cortado y ensangrentado y no sabÃa porqué. A veces llegaba en bóxer a la casa y ni siquiera me acordaba de si me habÃan robado o si era que yo mismo habÃa empeñado las cosas para tomar más licor. Hasta me echaron del colegio por un robo que hice. Me tocó meterme en un colegio donde los jóvenes eran de otro ambiente y me la montaban de ‘gomeloÂ’ porque llegaba en carro. Allá me pegaron y se burlaron de mÃ, pero aprendà mucho porque empecé a valorar las cosas que tenÃa. Cambie un poco, pero luego terminé en otro colegio de ‘gomelosÂ’ y ahà si fue la tapa. Robaba a mis propios amigos. Me quedaba en sus casas y mientras ellos se iban a bañar, yo miraba qué me podÃa sacar. Ya no respetaba condición. Estaba
perdido en el alcohol y cuando entré a la universidad la cosa se complicó mucho más. Empecé a juntarme con guajiros que me invitaban a ‘mamarÂ’ ron. Tomé todos los dÃas durante seis meses, perdà el semestre, a mi novia y la confianza de mis papás. Tomaba lo que fuera y mezclaba lo que fuera. El más aguantador Vino una época en que tomaba tanto que no me emborracha con nada. Me alcanzaba a tomar un litro de whisky yo solo y no me emborrachaba. Entonces me sentÃa invencible y querÃa tomar más y más. El guayabo ya no era el tÃpico dolor de cabeza, luego se convirtió en una sensación de tristeza, en sentimiento de culpa por haberla embarrado y encima de todo, de no acor-darme de nada. Me sentaba frente al computador, llenaba un vaso con alcohol y hasta desayunaba con los ‘cunchosÂ’ que me quedaban de la noche anterior. Mis papás me miraban con desilusión. Entonces lo que yo hacÃa era irme de la casa desde temprano y ponerme a tomar. A mà ya no me i
mportaba nada. Mi cara empezó a parecerse a la de un viejo y bajé 16 kilos. En la calle, borracho, me agarraba a pelear por robarle el trago a la misma gente que estaba conmigo. Los provocaba, empezaba ha cogerle la cola a las novias de mis amigos y le pegaba correazos al que se me atravesara. Hasta con la PolicÃa me metÃ: les rompÃa los radioteléfonos, amanecÃa en cualquier CAI y hasta ter-miné apuñalado. Mis amigos empezaron a alejarse, me decÃan que los estaba ‘curtiendoÂ’. Sin importarme me fui a otros barrios a buscar amigos que fueran como yo. SentÃa que sin el alcohol no era nadie. Y es que en las fiestas yo no recuerdo cómo era bailar bueno y sano; siempre lo hacÃa borracho. Me volvà tÃmido, me sentÃa como chiquito y apenado por todo. Enfrentar el problema Llegó el momento en que mis papás decidieron que me iban a internar para desintoxicarme. La fecha era el 24 de diciembre pasado. Mi mamá me propuso que si era capaz de controlarme durant
e las fiestas, ella intercedÃa para que no me fuera. Yo me controlé delante de ellos, pero por detrás me tomaba mis tragos. Y como creÃa que ya no me iba, decidà celebrar el 3 de enero. Fue tanta la borrachera que llamaron a mi mamá porque yo andaba como un loco gritando por las calles. Un médico nos sugirió que me hiciera un encefalograma, porque mis comportamientos no eran normales. Incluso en una ocasión tuve un intento de epilepsia, pero no le pusimos cuidado. Yo me sentÃa con corazón de hierro y por eso acepté. Los resultados decÃan que tenÃa disritmia cerebral (alteración eléctrica que puede provocar convulsiones), causada por el alcohol. El médico me dijo que no era el fin del mundo, pero que por ningún motivo podÃa volver a tomarme un solo trago en toda mi vida. Usted se puede morir, me decÃa el médico mientras se me aguaban los ojos. Asà que era yo o yo el que tenÃa que salir del hueco. Julián toma una droga que lo ayuda con la disritmia cere
bral. No ha vuelto a sus andanzas. Ahora cuando mira a sus amigos borrachos, se siente ridÃculo de sólo pensar en cómo se comportaba. Los monta en un taxi y los manda para la casa. Antes pensaba que no valÃa ni un peso, ahora ha descubierto que voluntad es lo que le sobra. *Nombre cambiado por petición del protagonista. Aumenta el consumo * Según el Fondo Nacional de Prevención Vial, en un informe que presentó este mes bajo la asesorÃa de la Corporación Nuevos Rumbos: El 82% de los jóvenes universitarios y el 56% de los alumnos de colegio, se han emborrachado alguna vez. Los jóvenes toman 7.5 tragos en promedio y la cerveza es el licor que más consumen los jóvenes. Le siguen el aguardiente y el ron. * Según un análisis del Centro de Investigación y Gestión del Riesgo, CINGER, que realizó bajo el auspicio del Fondo Nacional de Estupefacientes en el 2005: 46 de cada 100 estudiantes de la capital santandereana ha probado el alcohol. Los jóvenes de Bu
caramanga, Barrancabermeja y San Gil, comienzan a consumir alcohol entre los 10 y los 14 años. * La SecretarÃa de Salud de Bucaramanga, según un estudio de Consumo de Sustancias Psicoactivas en la población escolar, estableció que en el último año, la población rural tuvo una prevalencia del consumo de alcohol en un 15.91%, frente al 11.33% de los estudiantes urbanos. Pasos del alcohólico El psiquiatra Germán Duarte Hernández, explica en fases, el duro camino que recorre el alcohólico. 1. Fase prealcohólica: La persona afirma con orgullo que se volvió fuerte para beber porque no se em-briaga fácilmente, a pesar de que toma en exceso. Esto se debe al fenómeno de tolerancia que desarrolla hacia la bebida. 2. Fase sicosomática: Aparecen las lagunas alcohólicas. La persona no recuerda nada de lo que ha hecho cuando está embriagada. 3. Fase crÃtica: La persona es incapaz de dejar de beber, aunque quiera hacerlo. Pierde el control sobre el licor. 4. Fas
e crónica: El alcohólico ingiere alcohol desde la mañana y durante todo el dÃa. Permanece embriagado varios dÃas, semanas, meses y a veces años. Se deteriora fÃsica, psÃquica, económica y socialmente.