En la Sesión Inaugural de la Conferencia, la intervención de la Dra. Rossana Reguillo se centró en la Construcción Social del Miedo; desde una perspectiva que analiza los mecanismos culturales de poder y dominación desde el norte hacia el sur.




I. C.: Me interesa lo que planteaste sobre la construcción social del miedo. ¿Cómo es este trabajo y esta teoría?


R. R.: Mira, en los últimos tres años -casi cuatro ya- en una intuición muy motivada por mi propio trabajo de investigación previo, entendí que había que estudiar cómo se estaban produciendo los nuevos mecanismos de miedo en nuestras sociedades para tratar de entender precisamente algunas formas de socialidad, algunas formas de comunicación y sobre todo tratar de entender la vida cotidiana, el día a día de nuestras sociedades en América Latina. Ahí empecé a plantearme la necesidad de trabajar el miedo como un dispositivo de control político social, bajo la hipótesis o la premisa de : quien logre apropiarse de nuestros miedos será quien logre definir cuál es el proyecto social del siglo XXI, por un conjunto de cuestiones que digamos podría relatar pero no tenemos demasiado tiempo.


A partir de esta premisa lo que me interesó hacer fue tratar de establecer un estudio comparativo. Es decir, un estudio que nos permitiera entender desde diferentes historias, tradiciones culturales diferenciadas en América Latina, cómo la gente se coloca frente a estos nuevos ejes del miedo. Entonces ahí fue que me empecé a plantear la necesidad de trabajar, por supuesto en Colombia, por supuesto en Puerto Rico y por supuesto en Argentina y en México. Bajo una idea muy elemental pero al mismo tiempo muy complicada que es la puesta, porque las formas de presencia del Estado, del Estado Nacional redefinen las formas en que la sociedad asume sus propios miedos.


Entonces, ahí tenemos el Estado autoritario y paternal del caso mexicano, un Estado omnipresente que lo tenemos puesto los mexicanos en la piel a donde vamos esta figura tan fuerte. El Estado colapsado del caso colombiano, un Estado implosionado hacia adentro, un Estado quebrado. Tenemos el Estado autoritario del caso argentino con toda su historia de la dictadura y el Estado ausente del caso puertorriqueño, un Estado que está pero no está en realidad.


A partir de esos elementos empecé a trabajar y he venido encontrando cosas muy interesantes a lo largo y a lo ancho del continente en el sentido de cómo el miedo se convierte en un nuevo articulador de la sociedad. Y estoy en el momento del cierre de la investigación que tendrán estos grandes estudios comparativos y muy convencida de que el tratar de tocar estos miedos me ha permitido entender cuestiones muy profundas de Latinoamérica y entender cuestiones muy profundas del modo de funcionamiento de nuestras sociedades.


I. C.: ¿Son los medios masivos de comunicación los que han transformado estas razones para sentir miedo?


R. R.: Mira, yo creo que los medios de comunicación juegan un papel clave en la construcción del miedo, en la expansión sobre todo de los relatos terribles que nos azotan pero por supuesto que no sólo. Yo tengo una percepción determinista, no creo que la exposición a los medios produzca más o menos cosas, pero sí creo realmente que los medios en este momento se han convertido en dispositivos fundamentales de producción de visibilidad de ciertos aspectos sociales que son claves y estos aspectos pasan por hacer visible el deterioro, el caos, los problemas.


Lo que yo trataba de hacer visible era de qué manera los medios de comunicación destacan, resaltan, nos proveen de la retórica, del ejemplo, del discurso perfecto para tener una percepción deteriorada de lo que son los latinoamericanos como identidades políticas.


I. C.: Esto erosiona la percepción que otros tienen sobre Latinoamérica. ¿De qué manera?


R. R.: Mira, yo creo que esto es muy claro y me voy a permitir referirlo al caso colombiano. Yo creo que Colombia con la crisis acelerada de los últimos años -que por supuesto no es una crisis nueva- es muy impresionante, a mí nunca me ha dejado de sorprender que Colombia sea el único país de América Latina que tiene un largo período de historia conocido como La Violencia con mayúscula; esto es muy fuerte.


Pero más allá de las cuestiones de carácter histórico que hay que mantener en el análisis con mucho cuidado, me parece que Colombia se ha convertido a través de los medios de comunicación en el ejemplo del peor horror. Se expande de manera muy rápida por todo el globo que Colombia es fundamentalmente un exportador de violencia, de caos. Una violencia incorporada en sus propios habitantes, de tal suerte que los medios de comunicación en metáforas simplificadoras y estigmatizantes utilizan desde hace varios años ya la metáfora de colombianización.


Y esta metáfora de colombianización no significa otra cosa que el riesgo de que los demás países nos contaminemos con todas las cosas terribles que les suceden a los colombianos, esto es muy grave. Y esto es muy grave porque entonces los colombianos, las personas concretas de carne y hueso van incorporando estas lecturas globales sobre ellos mismos, se van posicionando así en el espacio público de tal suerte que se sienten obligados a decir: sí, soy colombiano pero no soy narcotraficante o: sí, soy colombiano pero no soy guerrillero, ni asesino, ni terrorista.


Entonces esto va minando el piso de los procesos en los que nos reconocemos a nosotros mismos y va ablandando un imaginario global donde nos leen de esta manera. Por supuesto Colombia es el ejemplo paradigmático pero no es el único.


Una cuestión muy fuerte es hace un mes -esto es a manera de relato- en el periódico El Mundo español, cuando en el contexto de la Cumbre Europea se juntaron los jefes de gobierno en Sevilla me tocó hacer un seguimiento de prensa muy cuidadoso, yo estaba en Málaga en ese momento y me sorprendió muchísimo el reporte que la prensa hacía de un asesinato de una pareja colombiana en el mero centro de Madrid.


Y este periódico El Mundo reportaba o cabeceaba su nota con aquello de : Peligro: riesgo de colombianización en algunos barrios españoles. De tal manera que en una operación que podríamos llamar lingüísticamente de sinécdoque -la parte por el todo-, es la nación entera la que representa el horror.


Pero mi punto fundamental es que aquí hay un sistema de asimetrías en la construcción de la representación porque la prensa no habla de españolizaciónpara señalar cómo está creciendo la política de hostigamiento y de endurecimiento contra los inmigrantes, ni habla de holandización o de francización para señalar el crecimiento de la derecha radical. Entonces, de qué manera los latinoamericanos nos hemos convertido para ese imaginario global en exportadores de violencia, en exportadores de caos y en exportadores de peligro.


I. C.: Este mismo mecanismo de construcción de algo negativo podría ser un mecanismo de cambio social. ¿Cómo podría aprovecharse ese potencial de la comunicación y de los medios para esto?


R. R.: Yo creo que esta es una pregunta complicada en la medida en que requeriríamos por un lado tener acceso al espacio público y tener acceso al control de las narrativas que circulan a nivel planetario. Yo en este momento estoy convencida de que una enorme responsabilidad les corresponde a los periodistas, a los periodistas de a pie, a los periodistas del día a día, los que levantan la nota en el barrio, los que levantan la nota policíaca, los que levantan la pequeña crónica de color que alimenta los grandes rotativos internacionales. Pero sobre todo los periodistas de la televisión, en el sentido de que estoy convencida y te lo digo de una manera no digamos voluntarista sino como un trabajo muy cuidadoso, de que la única alternativa es colocar en nuestros grandes medios el contra-relato.


Es decir, hacer visible otras partes de la identidad colombiana, hacer visible otros rasgos de la identidad mexicana, hacer visibles otros rasgos que no es la crisis económica de Argentina y trabajar con mucho cuidado en la construcción de representaciones de la otredad, de ese otro que hoy se ha convertido a partir del 11 de septiembre del 2001 en representación de lo más terrible que nos puede pasar. Creo que ahí el horror, creo que ahí hay una riqueza importante pero que por supuesto es un trabajo muy cuesta arriba en la medida en que son representaciones tan incorporadas en nuestro propio cuerpo, en nuestros propios sueños, en nuestra propia mentalidad que luchar contra eso es realmente difícil.


I. C.: Ahora yo quisiera ampliar un poquito qué otras partes de tu trabajo tienen pertinencia y por qué llegas a querer trabajar sobre el miedo.


R. R.: Mira, fundamentalmente es una historia sumamente larga. Yo me dedico desde hace varios años a la investigación de lo que yo llamo de manera provisoria..provisional la antropología del acontecimiento. Lo que a mí me interesa es ver la sociedad en el momento en que se está haciendo, seguir el acontecimiento, seguir el modo en que las sociedades debaten cosas muy profundas y muy históricas en el momento en que hay coyunturas muy claves. Y por supuesto el miedo para mí no es el fin de mi investigación, para mí el miedo es un analizador.


Es un analizador de la identidad, es un analizador de la política, es un analizador de la cultura y algo muy importante que a mí me ha permitido aprender mi acercamiento a estos temas tiene que ver con lo que yo podría decir la reconfiguración de lo público, una reconfiguración del espacio público que cada vez -y lo digo a veces muy preocupada- nos va dejando con menos alternativas para generar, para construir una sociedad democrática, para construir una sociedad donde los Derechos Humanos sean un principio fundamental y sobre todo una sociedad equilibrada, equitativa, más feliz.


En este sentido por ejemplo a través del miedo he podido tocar por ejemplo el papel tan fuerte que hoy ocupan las neo-religiones, esta idea de las atmósferas de sanación, las atmósferas terapéuticas, que junto con otras fuerzas como el narcotráfico o como los propios medios de comunicación lo que van haciendo es producir un vaciamiento de lo público y un fortalecimiento de la cultura de la individualidad. Y si esta idea de que el individuo es el epicentro de lo real y triunfa esta idea de que de lo que se trata es de salvarse uno mismo y a su propia comunidad de referencia, vamos a estar en severos problemas. Porque entonces la sociedad del siglo XXI será una sociedad de nueva cuenta binaria de los buenos contra los malos, donde los más malos somos la mayoría y los buenos unos cuantos que son los que tienen el poder político, el poder económico y fundamentalmente el poder de representación.


I. C.: En este contexto, ¿cómo analizas las posiciones globales o locales de estudiar la realidad?


R. R.: Mira, yo creo que hoy día cualquier analista que se asuma a sí mismo seriamente debe trabajar en lo que podríamos llamar la interfase de lo global y lo local. Creo que es muy peligroso pensar que la globalización es un destino fatal e inevitable en su sentido económico, pero creo que es de igual forma peligroso asumir una perspectiva localista que no local. Una perspectiva en la que lo fundamental es salvar lo pequeño, es salvar la pequeña comunidad.


Pero nuestro desafío es movernos en dos grandes planos: lo que sería el análisis de la estructura, es decir el análisis de los grandes relatos, el análisis estadístico -la estadística hoy día es un elemento fundamental para entender las configuraciones del mundo-. Pero ojo, no basta. No basta la economía política de la comunicación para entender lo que nos está pasando o la economía política de la cultura, es también importante hacer la etnografía de la vida cotidiana, el relato. Entonces mi posición epistemológica y mi posición metodológica es: ni relato sin estructura ni estructura sin relato.


Entonces estamos cada vez más obligados a ser analistas muy completos capaces de movernos en los grandes planos de las estructuras globales. Pero también ser capaces de hablar con doña Ximena o doña Francisca en el pequeño barrio, entender los discursos del "chamo" como dicen los venezolanos a los jóvenes, del barrio del Petare perdido en el cañaveral de la violencia venezolana. Así como importante es entender a esos jóvenes darkies o góticos que desde el México profundo coquetean con la muerte cotidianamente, construyen sus referentes no sólo alimentados por un imaginario local sino profundamente conectados con lo global. Yo creo que eso es sustantivo, es muy importante y nos obliga a ser muy rigurosos académicamente, científicamente hablando, pero no rígidos y Bourdieu, que ya murió y en paz descanse, nos enseñó que nunca hay que confundir rigor con rigidez.

Resumen: 

Rossana Reguillo es maestra en investigación en el Departamento de Estudios Socioculturales del Instituto de Estudios Superiores de Occidente (ITESO); Guadalajara, México. Actualmente trabaja sobre juventud, culturas urbanas, comunicación y medios masivos; con especial interés en la realción cultural entre la comunicación y los derechos humanos.