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Transnacionalismo y nuevas perspectivas de integración

Transnacionalismo y nuevas perspectivas de integración



Por: Cristián Doña Reveco

Consultor misión en Chile–OIM


Introducción

El fin de la guerra fría modificó sustancialmente el ámbito de estudio de las relaciones internacionales. Hasta ese momento, esta disciplina se preocupaba principalmente de estudiar de manera científica una situación de conflicto entre dos superpotencias. El descalabro teórico y la incapacidad de los analistas de las relaciones internacionales de predecir el fin de una de las superpotencias. Ha esto siguió un proceso de reconceptualización y de búsqueda de una forma de explicar el nuevo orden que se iba generando. Esta reconceptualización ha estado unida al surgimiento de un nuevo proceso, que actualmente es por todos conocido: la globalización (Ortíz, 2000: 156). Este proceso se entiende como "una amplia percepción según la cual el mundo está siendo moldeado por fuerzas económicas y tecnológicas rápidamente en un espacio social común, y que el desarrollo en una región del mundo puede tener profundas consecuencias en la vida de comunidades o individuos ubicados en el otro extremo del mundo"1 (Held, et. al., 1999:1).


En esta etapa de reformulación de los ámbitos de estudio de la disciplina aparecieron nuevos temas que hasta ese momento había sido dejados de lado como son los relacionados con el medio ambiente y los temas de población. Dentro de estos últimos, la migración internacional, carecía aún más de atención y cuando era tomada en cuenta lo era de manera muy diferente a la actual. Morgenthau (1986: 161), por ejemplo, consideraba a la migración internacional como un factor muy relevante en la posición internacional de los Estados Unidos. Según este autor, si bien éste país tenía los elementos para constituirse en un actor principal en el sistema internacional, no habiendo existido los flujos migratorios que han contribuido a formar su población actual —numéricamente— sólo sería equivalente, por ejemplo, a Australia o Canadá y nunca "habría podido llegar a ser la nación más poderosa de la tierra"; debido a que "el tamaño de la población es uno de los factores de poder sobre el que se apoya el poder nacional…"


Sin embargo, ya hacia finales de la década de los cincuenta y principios de la década de los sesenta, dos clásicos internacionalistas —Wolfers y Aron— reconocían la existencia de actores diferentes al Estado en el sistema internacional. Estos actores se relacionaban transnacionalmente, es decir por fuera de los límites del Estado – Nación. Aron, específicamente, reconoció la existencia de una "sociedad transnacional"; ésta "se manifiesta por los intercambios comerciales, las migraciones de individuos, las creencias comunes, las organizaciones que trascienden más allá de las fronteras" (Wilhemy, 1988: 199). Estas ideas fueron recogidas por Keohane y Nye, en su obra Transnational Relations and World Politics, de 1971, en la cual demuestran que en la medida en que se aceleran los intercambios de todo tipo, el Estado pierde su papel como el actor más relevante del sistema y a éste se le agregan un sinnúmero de relaciones intersocietales, las cuales tienen una gran importancia política (Keohane y Nye, 1971: x). En resumen, y de acuerdo a Del Arenal (1984: 274), "la concepción transnacional se caracteriza principalmente por la afirmación de la necesidad de cambiar el clásico paradigma del Estado como centro de la teoría internacional, incapaz de aprehender hoy día la realidad internacional, por un paradigma más comprensivo, como es el paradigma de la política mundial o política transnacional".


Por otra parte, y cerca de veinte años después, en el proceso de teorización que se sucedió al fin de la guerra fría, las Relaciones Internacionales volvieron a encontrarse con la migración internacional; principalmente debido a un replanteo en las hipótesis de esta disciplina, las cuales "se orientarían a la cooperación, en lugar del conflicto característico del mundo bipolar" (Mármora, 1997: 37). Como si fuera una forma de compensar que haya sido dejada de lado, esta forma de movilidad poblacional es hoy en día considerada una fuerza inexorable, que no toma en cuenta ni los deseos ni las políticas de la soberanía de los estados. Al mismo tiempo, los migrantes son vistos como un determinante crítico de la seguridad nacional y como un instrumento de la política exterior (Miller, 1998). Esto se ha acentuado después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 a los Estados Unidos. En este caso, algunos actores —como también algunos periodistas— han relacionado directamente a inmigrante con terrorista, debido a que quienes perpetraron los atentados eran extranjeros residiendo en los Estados Unidos. Esto les ha llevado a solicitar a sus autoridades la posibilidad del cierre de fronteras y la expulsión de nacionales de países relacionados con los terroristas, así como el control y la identificación por medio de tarjetas especiales de todos los extranjeros residentes. Si bien esto no se llevó a cabo, hay antecedentes históricos, como lo es el encierro en campos de concentración de los Estados Unidos, aplicado a los inmigrantes japoneses y sus descendientes —algunos de los cuales llevaban más de dos generaciones en el país— luego del ataque a Pearl Harbour y que dio inicio a la participación estadounidense en la II Guerra Mundial (Zolberg, 2001).


Así, para algunos teóricos y actores, la migración es la causa de los problemas de seguridad en que se han visto envueltos los países occidentales; mientras que para otros, la migración internacional no es un problema en sí, sino, más bien un aporte al país de acogida (Zolberg, 2001). Esto debido a su contribución en la configuración de sociedades multiculturales y al desarrollo económico y político de éstas. Pareciera, de acuerdo a la forma como se ha expuesto el tema en los últimos trece años, que la migración es un fenómeno nuevo y que ésta no existía durante la guerra fría. No toman en consideración que los países occidentales incentivaron la migración desde los países de la órbita soviética, como medio de desestabilizar a sus gobiernos. Esto queda claro en el papel que le cupo al gobierno de los Estados Unidos, por ejemplo, en la promoción de la emigración desde la Cuba Castrista desde la década de los cincuenta, y su posterior ayuda en la fallida invasión de Bahía Cochinos.


En cuanto a su importancia numérica, la migración internacional se ha duplicado desde comienzos de siglo; sin embargo, la población mundial se ha cuadruplicado en el mismo período. Desde otra perspectiva, desde la década de los sesenta hasta la actualidad, los migrantes representan la misma fracción de la población mundial total, esto es sólo algo más del 2% (Mármora, 1997; Zlotnik, 1998). Al mismo tiempo, y como ha observado Zlotnik (1998) en los datos hasta 1990, la mayor cantidad de flujos migratorios se da entre países en desarrollo y no hacia los países desarrollados si bien, y debido a su menor población, el porcentaje de migrantes en estos países ha aumentado.


Por qué, entonces, la mayor preocupación de los países desarrollados en el tema. Esto se puede explicar por varias razones. En primer lugar, y como se observará, el proceso de globalización ha traído consigo cambios en la composición de los flujos migratorios, principalmente a través de una diversificación de su origen, de la temporalidad de la migración y por la feminización del flujo migratorio. Estos cambios en la estructura de la movilidad internacional han sido relacionados tanto con el proceso de globalización como con el fin de la guerra fría, ya que, por una parte —en lo que se ha convertido un lugar común en los países receptores de inmigrantes—, el aumento en la velocidad de los desplazamientos y las comunicaciones han facilitado la migración. Por otra parte, aquellos migrantes que antes eran percibidos como refugiados ahora son considerados trabajadores migrantes, generando la oposición de las organizaciones laborales, llegando en algunos casos a situaciones de ataques xenófobos en los países de acogida.


En segundo lugar, la creciente preocupación de los países desarrollados estaría en la dependencia de mano de obra extranjera. En este sentido, los migrantes estarían siendo atraídos a estos países más por interés de estos que por el de los propios migrantes (Portes, 1997a). La baja en la natalidad en los países de Europa Occidental, sobre todo, llevaría a estos a demandar trabajadores que llevaran a cabo labores no deseadas por los nacionales, los migrantes, a su vez estarían solucionando el problema que acarrea el elevado costo en las pensiones de los nacionales. La diferencia entre la tasa de fecundidad de los países de acogida y de los inmigrantes ha sido considerada por aquellos contrarios a la migración como un factor de seguridad. De esta forma, medios de comunicación —principalmente en Europa Occidental— cercanos a esta propuesta, proponen que la inmigración como forma de reemplazo de la población en edad laboral tendrá como consecuencia la desaparición de las culturas originarias de sus países, por lo que la creciente falta de trabajadores debería ser enfrentada por medio de políticas que incentivaran alzas en la fecundidad de los nacionales.


Finalmente, la configuración de redes migratorias, de espacios sociales transnacionales y las nuevas modalidades de integración a las sociedades receptoras estaría limitando el poder de las políticas migratorias de los países receptores, afectando aspectos que los estados consideran de su competencia soberana.


Si la consideramos una disciplina, la migración internacional, es de reciente "fundación", es más, sólo algunos teóricos la considera una disciplina, mientras que la mayoría la considera todavía sólo como un fenómeno de estudio (Domenach, 1998). Respecto a su estatus epistemológico, aún carece de marcos teóricos propios, siendo estos originarios de otras ciencias sociales, como la economía y la sociología. Al tiempo que su metodología también proviene de estos. En este sentido cabe la pregunta si para analizar la relación entre migración internacional y transnacionalismo se deben tomar como dos fenómenos explicables sólo a partir de las relaciones internacionales o si se deben comparar dos teorías de dos disciplinas distintas e independientes. Se pretende responder esta pregunta desde ambas perspectivas. Por una parte se intentará relacionar la teoría migratoria del transnacionalismo y de la construcción de espacios sociales transnacionales con la propuesta sobre transnacionalismo surgida en las relaciones internacionales.


Por otra parte, se discutirá si la migración, en tanto movimiento transnacional se ha configurado como un nuevo actor internacional. A partir de este objetivo se establece que la hipótesis nula es que efectivamente, y debido principalmente al proceso de globalización, los movimientos transnacionales —y más específicamente los transmigrantes— se han constituido en un nuevo actor internacional, merced de la creación de espacios sociales transnacionales que unen a lugares de origen y de destino, estableciendo redes de cooperación y comercio, entre otras.Para dar cuenta de los objetivos establecidos se realizó una investigación teórica exploratoria, mediante el uso de fuentes bibliográficas; la cual se dividió en dos partes. En primer lugar se analizan algunas de las teorías de la movilidad poblacional más en boga en los estudios migratorios. En segundo lugar, se analiza la configuración de espacios sociales transnacionales a la luz de las teorías sobre transnacionalismo surgidas en la década de los setenta en la disciplina de las Relaciones Internacionales. Se concluye discutiendo la validez de la hipótesis nula planteada más arriba.


El contexto internacional en que se investigó está marcado por la nueva configuración mundial producto del fin de la guerra fría. Como ya se mencionó, este mundo ha estado marcado por los cambios en la manera de interrelacionarse entre los distintos actores del sistema internacional. Estos cambios han sido producto principalmente del proceso de globalización el cual "encarna una incorporación en la forma de organización espacial de las relaciones y transacciones sociales —referidas en términos de su extensión, intensidad, velocidad e impacto— las cuales generan flujos transcontinentales o intrarregionales, así como redes de actividad, interacción…" (Held, et. al., 1999: 16). Al definir así el contexto se está refiriendo no sólo a la interdependencia que se ha producido entre los países, producto del aumento de los movimientos de capital, sino también a aquella más amplia que es lo que se entiende como la globalización cultural.


Tres Generaciones en el estudio de la Migración Internacional

Las tradicionales teorías que se basan en los factores de atracción y repulsión —llamadas por Faist (2000) "Teorías de primera generación— han logrado, para algunos autores, explicar las razones de los flujos migratorios, para otros, el que se hayan basado, principalmente, en "narraciones obvias de las causas post hoc, les ha hecho imposible predecir las dos principales diferencias en el origen de la migración" (Portes y Borozc, 1989: 607 y sig.). Para estos autores, estas diferencias se refieren a las existentes en el tamaño y direccionalidad de los flujos migratorios entre las distintas colectividades y las diferencias entre la propensión migratoria de los distintos individuos de una misma región o país. Una segunda crítica hacia las teorías de los factores de atracción y repulsión, es que en la mayoría de los casos no consideran tampoco la existencia de dos niveles de análisis; a saber, un nivel macro y un nivel micro (Portes y Borocz, ibídem).


Como respuesta a estas críticas surgió una segunda generación en el estudio migratorio (Faist 2000); ésta tiene relación con dos grandes visiones; por una parte, las teorías referidas a la irrupción del capitalismo y la globalización en las zonas menos desarrolladas; destacándose la teoría de los sistemas mundiales, aproximación construida a partir de los trabajos de Wallerstein. Esta teoría enfatiza que el sistema capitalista ha tendido desde siglos a producir un mercado mundial para el los bienes y el capital. El desarrollo de los vínculos económicos y culturales a través de esta globalización de mercados fomenta también el desarrollo de un mercado global para la mano de obra, dando así lugar a más migraciones internacionales. La penetración de los bienes, el capital y la ideología y cultura de los países del centro en los de la periferia provoca cambios que llevan a un número cada vez más elevado de persona a emigrar. Así la emigración puede verse como una reacción al impacto desestabilizador que produce el contacto con el centro. La importancia de esta idea de polarización de centro y periferia como el eje principal de la historia hace muy difícil ver algo positivo en la migración Sur – Norte.


La segunda visión se relaciona, principalmente, con las explicaciones que se dan a la perpetuación de los movimientos migratorios. Según estas teorías, los sistemas mundiales sólo explicarían el inicio de los movimientos migratorios; su perpetuación, por otro lado estaría determinada por la existencia de relaciones entre los países de envío y los de recepción a través de, un sistema migratorio; el que pretende describir las razones por las que se da un intercambio relativamente intenso de bienes, capital y personas entre determinados países y un menor intercambio con otros. Un sistema migratorio, generalmente incluye un área central de recepción, la que puede ser un país o un grupo de países y un conjunto específico de países unidos por un activo intercambio en el que se incluye a la inmigración. Esta unión puede estar caracterizada por relaciones entre los estados, conexiones culturales y redes sociales y familiares. Las redes sociales y familiares mencionadas son muy importantes en la perpetuación de los flujos migratorios, ya que son respuestas culturales dinámicas que están en la base de la formación de comunidades étnicas y en la mantención de uniones, que sobrepasan las fronteras nacionales. Se caracterizan por ser conjuntos de lazos interpersonales que conectan a los inmigrantes, antiguos migrantes y no migrantes en las áreas de origen y destino, mediante lazos de parentesco, amistad y/o origen común. También surgen a partir de la participación de los individuos en prácticas comunitarias, como lo son los festivales costumbristas, y asociaciones de inmigrantes. Estas redes, que pueden ser formales o informales e incrementan la posibilidad de los flujos; ya que disminuyen los costos y los riesgos de la migración al mismo tiempo que incrementan los retornos esperados de la migración. En su funcionamiento son importantes la información y el capital social con que cuentan los migrantes, para así facilitar el conseguir, por ejemplo; trabajo, vivienda y la adaptación al nuevo medio cultural (Gurak & Caces, 1989; Fergany, 1989).


De acuerdo a Massey et. al. (op. cit.), la conceptualización de la migración como un proceso que se sustenta a sí mismo, es decir mediante la configuración de una red migratoria, tiene implicaciones y corolarios que son diferentes a los otros modelos utilizados para estudiar la migración; dentro de estos se destacan la auto perpetuación de la migración, la baja de costos y riesgo en la migración producto de un mayor conocimiento de, lo que implica una mayor representatividad de la comunidad de origen de los migrantes y un difícil control de los flujos migratorios. La formación de enclaves migratorios, asociado a las redes migratorias ayudan a comprender la dinámica del surgimiento de los movimientos transnacionales (Portes, 1995).A partir de las investigaciones, así como de la aplicación de las teorías sobre la migración internacional al análisis empírico, una tercera generación se estaría conceptualizando, muy relacionada con el momento histórico, es decir el proceso de globalización. Más allá de las meras uniones que conectan las regiones de emigración y de inmigración, surge el concepto de los espacios sociales transnacionales, que busca reconocer las prácticas que conectan los mundos de los migrantes y de los que permanecen en el país de origen, así como las instituciones que los conectan. En estos espacios se construyen lazos que cruzan las fronteras políticas al mantener múltiples relaciones políticas, familiares, económicas sociales, religiosas y culturales. Al mismo tiempo, estas permiten el movimiento de bienes, ideas e información (Faist, 2000).


Transnacionalismo y Migración Internacional

De acuerdo a Held et. al. (1999: 27), el proceso de globalización, en el que se enmarca el transnacionalismo, debe entenderse como un conjunto de procesos, no como una condición única. Este proceso refleja la emergencia de redes interregionales y sistema de interacción e intercambio. Así, el alcance y densidad de su interconectividad global y transnacional construye complejas redes de relaciones entre comunidades, estados, instituciones internacionales, organizaciones no gubernamentales y corporaciones multinacionales que constituyen el orden mundial.


Esta interconectividad corta a través de las fronteras políticas de los estados, por lo que se le ha asociado a cambios en la composición territorial de los espacios socioeconómicos y políticos. Reformando las concepciones de lo local, lo nacional, incluso de lo continental. De esta forma se pueden considerar cuatro tipos de interacciones en el ámbito global. Estas son las relacionadas con la comunicación, los transportes, los flujos financieros y el movimiento de las personas (Keohane y Nye, 1971: xii).


Las interacciones mencionadas por Keohane y Nye, son sólo una parte de la teoría sobre los actores transnacionales de estos autores. Estas "interacciones globales" se refieren a "movimientos de información, dinero, objetos físicos, personas u otros elementos tangibles e intangibles a través de las fronteras estatales" (Wilhemly, 1988: 198). La otra parte es la que ellos "relaciones transnacionales", entendidas como "contactos, coaliciones e interacciones a través de fronteras estatales que no son controladas por los organismos centrales de política exterior gubernamentales (Keohane y Nye, 1971: xi).


La propuesta de estos autores parte de la necesidad de reformar los paradigmas que consideran al Estado como el único actor relevante en la política interestatal. El "encongimiento" del mundo (Wilhemly, 1988: 215) ha llevado a que las relaciones entre los estados se acercan cada vez más a la interdependencia entre estos, lo que se caracteriza por situaciones complejas que tienen efectos recíprocos entre los países, o entre estos y los distintos actores internacionales (Keohane y Nye, 1987). De esta forma, se estarían produciendo cambios en el sistema internacional que "socavan profundamente la idea del estado ‘impermeable' del modelo tradicional" de la política (Wilhemly, 1988: 215).


De acuerdo a Keohane y Nye, citados por Wilhemly (1988: 215), las relaciones transnacionales tiene cinco efectos en la política interestatal. En primer lugar, las políticas exteriores de los estados son afectadas por diferentes actores y grupos sociales y el conocimiento ganado por ellos mediante el acceso a redes de información globales. En segundo lugar, las mencionadas relaciones han fomentado el pluralismo internacional que han desarrollado los actores al relacionarse con otros similares a ellos. El tercer efecto se relaciona con la creación de dependencia e interdependencia. En otro sentido, como cuarto factor, los estados estarían adquiriendo nuevos instrumentos de influencia que afectan el desarrollo de las posiciones relativas de los estados en el sistema internacional. Finalmente, los actores no estatales estarían adquiriendo un dinamismo propio, lo que los autores definirían como interdependencia compleja.


En resumen, el mundo puede conceptualizarse como un campo global de interacciones sociales estructuradas por procesos demográficos, culturales, económicos y políticos que ocurren dentro y entre las sociedades. Cada uno de estos procesos simultáneamente contribuye a formarse a sí mismos y, a su vez, a auto – condicionarse. Estas interacciones han configurado los actuales movimientos poblacionales de tal forma que en la actualidad se puede hablar de una época migratoria (Mitchell, 1989: 703; Castles y Miller, 1993).


En este escenario se puede reafirmar la idea que los movimientos migratorios han cambiado. Si bien, como se mencionó, la participación de individuos migrantes en el total de la población mundial no ha variado, actualmente se ha demostrado que son sólo una pequeña cantidad de países los que desempeñan un papel preponderante en el sistema migratorio internacional; de igual manera, producto del proceso mencionado, las características de los movimientos migratorios se han modificado (Tapinos y Delaunay, 2002).


Las interacciones mencionadas han generado una nueva tendencia en la migración internacional, llamada movimientos transnacionales, la que surge de manera paralela a los cambios que se dan en la lógica misma del capitalismo, y su análisis como fenómeno transnacional; así como de la globalización y de la revolución tecnológica asociada a ésta (Portes, 1997a; IOM/NU, 2000; Pries, 1999). Estos movimientos pueden definirse como "el proceso por el cual los inmigrantes crean y sostienen relaciones que unen a sus sociedades de origen con las de llegada. Se les llama a estos procesos transnacionalismo para enfatizar que muchos migrantes construyen campos sociales que cruzan fronteras geográficas, culturales y políticas… Un elemento esencial es la multiplicidad de relaciones que los transmigrantes sostienen en ambas sociedades" (Portes, 1997b: 812 – 813; 1998: 4 y Pries, 1999: 62).


Estas relaciones se sostienen mediante el traslado físico continuo de los individuos entre sus áreas de origen y de destino; sin embargo, no todos los inmigrantes son transmigrantes; sólo lo son aquellos inmigrantes que llevan una vida doble: comparten dos culturas, tiene hogares en dos países y construye su vida por medio de intercambios continuos a través de fronteras nacionales. Las actividades en los espacios transnacionales comprenden una enorme gama de iniciativas políticas económicas y culturales, que van desde negocios informales de exportación e importación, hasta campañas realizadas por políticos o movimientos sociales de la comunidad de origen para lograr apoyo entre los residentes en el país de acogida (Pries, 1999; Portes 2001). La configuración de enclaves migratorios ha sido muy importante para el surgimiento de movimientos y comunidades transnacionales; ya que son los primeros en participar del intercambio de bienes desde y hacia sus sociedades de origen.


Las comunidades transnacionales que se forman a partir de los movimientos transnacionales se caracterizan por ser una situación, en la cual los migrantes, aquellos que se quedan en el país de origen y los nacionales de los países anfitriones están conectados por lazos sociales y simbólicos densos y fuertes, los que a través del tiempo y del espacio configuran redes y circuitos en los países de origen y de destino, teniendo como base la solidaridad (Faist, 1999: 10). De esta manera, al vivir "a través" de las fronteras, los transmigrantes forman parte de los procesos de construcción societal de dos o más naciones. Se da así una confrontación entre los migrantes y las características hegemónicas —como raza y etnicidad— de la sociedad de acogida, las cuales son intrínsecas a ésta y forman parte de los mencionados procesos de construcción societal (Gledhill, 1998). Esto convierte a los transmigrantes en actores relevantes en todos los cambios por los que pasan desde las comunidades al Estado – Nación. La configuración de los transmigrantes en un actor del sistema internacional parte de las propuestas teóricas presentadas más arriba. Ahora bien, de qué forma este actor sobrepasa las relaciones entre los estados y se constituye en un actor en sí. Se ha mencionado que es condición necesaria su participación "en varios lugares a la vez". En la literatura especializada los casos estudiados empíricamente abundan. Como se observa en el cuadro siguiente tres son los ejemplos típicos de transmigrantes y que se forman a través de la configuración de espacios sociales transnacionales. El primer caso, que se puede analizar a partir de la migración mexicana a los Estados Unidos (Canales y Zloniski, 2001: 239 y ss.), tiene como principio la formación de "clubes" de nacionales. Estos surgen con el fin de mantener a sus asociados en un ambiente de comunidad. Con el paso del tiempo, las remesas enviadas a los lugares de origen dejan de ser utilizadas para el consumo privado solamente, ya que al ayudar estas remesas a solucionar problemas de vulnerabilidad económica, han logrado una mejora en el nivel socioeconómico de sus familias. El paso siguiente es el envío de ayuda económica con fines filantrópicos para solucionar problemas estructurales en las comunidades de origen. Estos se relacionan generalmente con la ayuda en la construcción de obras públicas como plazas, iglesias y escuelas. También puede otorgarse para ayudar a aquellos grupos más vulnerables —en todo sentido— como lo son jóvenes en riesgo social —drogas, delincuencia, entre otras—, o para el cuidado de ancianos. Como resultado anexo, fortalece los nexos intra comunidad de transmigrantes y acrecienta su poder político, la realizar uniones entre gremios particulares y la ciudad o poblado de origen.


En segundo ejemplo de espacio social transnacional (Portes, 1995; Faist, 2000) se relaciona con el surgimiento de economías de migrantes. Casos de estudio han sido los dominicanos en Nueva York o los asiáticos en la Costa Este de los Estados Unidos. Estos entrepeneurs mantienen una ‘representación' en su país de origen, lo que facilita el envío de mercaderías y remesas que le permiten mantener su negocio. Al mismo tiempo, en muchos casos actúan como el nexo de unión entre las comunidades y el país de origen, al tiempo que ayudan a la integración de los recién llegados.


Finalmente, las diásporas son la forma más antigua de construcción de espacios sociales transnacionales. Las Comunidades Judías alrededor del mundo, por ejemplo, participaron activamente de la creación del Estado de Israel. No hay que olvidar que el movimiento Sionista nació fuera de Israel. Otro grupo relevante son los Kurdos (Faist, 2000) quienes desde Alemania envían ayuda a sus comunidades de origen e intentan y promueven políticamente ante las autoridades locales la creación de un estado Kurdo.


Tres tipo de espacios sociales transnacionales que surgen de la migración internacional (Fuente: Faist, 2000: 203).

  • Grupos transnacionales de parentesco, cuyo recurso primario de las uniones es: la Reciprocidad, que esta caracterizada principalmente por la premisa "Lo que una parte recibe de otra requiere algún tipo de retorno", y tiene como objetivo el mantenimiento de las normas sociales; control sobre los miembros de los grupos pequeños. Ejemplo: Remesas desde el hogar o de los miembros de la familia desde el país de inmigración al país de emigración (trabajadores migrantes).
  • Circuitos transnacionales: cuyo recurso primario de las uniones es el Intercambio, cuya premisa "Obligaciones mutuas y expectativas de los actores; resultados en forma de actividad instrumental", caracterizada principalmente por la utilización de las ventajas del que está adentro como el idioma, redes sociales fuertes y débiles entre cercanos, etc. Ejemplo: Redes de comercio (Personas de negocios del Líbano, China e India)
  • Comunidades transnacionales cuyo recurso primario de las uniones es la Solidaridad, caracterizada por ideas compartidas, creencias, evaluaciones y símbolos; expresados como forma de una identidad compartida que moviliza representaciones colectivas en forma de uniones simbólicas. Ejemplo: Religión, nacionalidad, etnicidad, Diásporas. (. Judíos, Armenios, Palestinos, Kurdos).



Conclusión

En los temas transnacionales, es del interés de todos los estados mantener buenas relaciones internacionales y colaborar en los temas de movilidad poblacional. Como la migración internacional es un tema altamente político y básicamente todos los estados son afectados por ésta de una forma u otra, su comprensión es un objetivo altamente desafiante que debe ser de una elevada preocupación para los estados.


Las teorías de primera generación relacionan el tema migratorio con todos los grandes flujos que, a partir de la globalización, han acelerado sus movimientos en el sistema internacional. Así, a la aceleración de la libre movilidad de bienes y servicios debería sumarse la aceleración de la libre movilidad de las personas, y sobre todo de los trabajadores. Sin embargo, sin bien en las concepciones libremercadistas estos movimientos vienen por añadidura, los estados han implementado políticas de manera de restringir los flujos migratorios. Pero no todos ellos. La libre movilidad del trabajo existe o es facilitada en algunos contextos específicos, como es el Acuerdo de Schengen, o para inversionistas y "migrantes de cuello blanco". Por el contrario, se ha restringido cada vez más la movilidad de los trabajadores con baja calificación.


Las diferenciales entre los niveles de desarrollo de los países creadas por el actual orden económico interdependiente incentivan la migración y ponen en jaque a los diseñadores de políticas de los países de recepción y envío. Esto se puede enfrentar a través de una mayor cooperación internacional, ya que, según Castles y Miller (1993), el aumento de la ayuda económica a los países en desarrollo, con el fin de mejorar su situación de subdesarrollo, es una de las formas de disminuir la presión migratoria. Esto puede lograrse también a través de la integración de los mercados. Sin embargo, y como lo demuestran las teorías del comercio internacional, esto no es algo que pueda suceder en el corto plazo, sino que depende de la profundidad de estos acuerdos.


El transnacionalismo no es sólo dependiente de las grandes empresas que desintegran verticalmente su producción. Es un fenómeno que acerca los lugares de envió y de destino, transformando la cultura de ambos lugares y potenciando la supranacionalidad de las relaciones políticas y religiosas. Es a partir de esta idea —y de todo lo expuesto más arriba— que la transmigración (o movimientos sociales transnacionales) se convierten en un actor internacional.


El papel que juegan uniendo los lugares de origen y de destino, la ayuda a sus ‘orígenes' la realizan pasando por encima de las instituciones destinadas para este efecto. Por otra parte, su participación en política contingente, especialmente referida a su lugar de origen ha generado reacciones casi independentistas de efectivamente influyen sobre la vida política y social del estado anfitrión.De esta forma, las teorías que actualmente se ocupan de explicar la migración internacional afectan las relacionas entre los estados. Su campo de aplicación ha ido creciendo desde la relación entre dos estados —uno enviante y uno receptor— hasta constituirse en un ámbito transnacional. Esto ha sido demostrado por la preocupación de los Estados Unidos por detener los flujos migratorios desde lugares considerados peligrosos. Sin embargo, las actuales investigaciones relacionadas con este caso no han demostrado que los migrantes sean, por sus propias características, culpables de delitos terroristas, sino que sobre todo han dado un nuevo auge a políticas restrictivas o controlistas hacia ciertos grupos. Esto ha servido de chivo expiatorio para quienes creen que "muerto el perro se acaba la rabia".


Más allá de las políticas, la migración internacional es un fenómeno en proceso de constitución de una disciplina, que ha sido explicado desde diversas perspectivas. En este sentido deben ampliarse los estudios que relacionen las Relaciones Internacionales y este nuevo campo de estudio; sobre todo por ser un fenómeno que, muy probablemente, no tenderá a decaer en el corto plazo y que afecta directamente a las relaciones de los estados en un mundo interdependiente.


Referencias Bibliográficas

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Fuente

Documento presentado en el Primer Coloquio Internacional "Migración y Desarrollo: transnacionalismo y nuevas perspectivas de integración" realizado los días 23, 24 y 25 de octubre del 2003 en Zacatecas, México.


Comments

NO BIEN LO QUE BUSCO

me parece que es unaexcelente opción de consulta para estudientes y personas interesadas en los temas que maneja

no tiene una respuesta clara

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